Su propina es mi sueldo (el escándalo de las AFP, Parte 1)

Por Daniel Romo Vega

Este es el comienzo de una saga dolorosa y punzante de columnas, a pedido de muchas personas que se han ido comunicando con el redactor que les escribe. Nos sumergiremos en uno de los más delicados temas sociales que ha estallado en el último tiempo.

Dejaré de lado las cifras macroeconómicas, las explicaciones difíciles y los gráficos diseñados para explicar series inentendibles, porque al final no resulta más que el escudo donde se han defendido los miembros de una élite que se ha beneficiado permanentemente de las ganancias y previsiones financieras de los trabajadores de Chile. Los ritos de poder en los que la actual clase política se ha sostenido con el tiempo, han sido financiados por estos mismos ingresos.

Y será la defensa y reposición de estos fondos la bandera de lucha de los trabajadores de Chile, más temprano que tarde. Cualquiera sea su condición, cargo, especialización o etnia. Porque las AFP es uno de los sistemas previsionales más atroces y brutales que alberga el mundo. Injusto, desagradecido y fuera de toda justicia social conocida.

Pongámonos en contexto. Una persona cualquiera que ha trabajado 40 años de su vida, ganando $500.000.- mensuales, termina percibiendo una jubilación de $123.623.- Y eso ni siquiera corresponde a los fondos que aporta el trabajador, es una Pensión Mínima Garantizada por el Estado (PMG). Porque si sólo consideras los fondos de dicho trabajador, lograría una pensión de tan sólo $100.000.-

De modo que tenemos una fábrica de pobres, una máquina que exprime hasta la última gota sus beneficios laborales incluso más allá del tiempo en que trabaje. En otra sesión incluiremos detalles sobre lo que se ha planteado en el último tiempo para poder paliar esta penosa falta, pero por ahora nos concentraremos en saber adónde van a para los fondos de capitalización individual que tenemos cada uno de los chilenos en nuestra previsión. Resumiendo, ¿adónde va a parar nuestra plata?

En Chile existen 6 AFP: Capital, Cuprum, Habitat, Modelo, Planvital y Provida. Tenemos certeza de los dueños de 5 de ellas, y prácticamente todas pertenecen a sociedades que incluyen bancos, instituciones financieras y cajas de compensación.

Lo peor de todo es que los fondos que aportamos al sistema sirven a las mismas instituciones financieras y bancos para los préstamos a personas, haciendo un negocio redondo malévolo y perverso.

Acá me voy a detener un instante para poder hacer la historia necesaria, que nos permitirá fijar un paralelo entre lo que tenemos ahora y lo que tuvieron nuestros padres, abuelos y antepasados. Aquello que la verdadera lucha de la clase trabajadora fue forjando hasta convertirla en el verdadera fuerza motriz del progreso de Chile. No como ahora que se han destinado estos recursos -y en esto sí que soy intransigente- a generar los ritos de poder necesarios para generar las brechas sociales infranqueables para el común de la gente, a tal punto de prácticamente extinguir la clase media del país.

Hace algún tiempo visité el sector céntrico de Santiago, específicamente Avenida Matta esquina Chiloé. Uno de esos barrios antiguos y medio decadentes que aún quedan inalterables dentro de la ciudad. Mientras caminaba por el sector me llamó la atención un edificio que estaba en toda la esquina, bastante a mal traer dados los años que tenía, ya que fue construido en la década de los 20. Reparé en la inscripción arriba de su año de construcción: una leyenda que rezaba algo parecido a esto: “Construido con fondos de la Caja de Empleados Particulares (EMPART). Año 1925”.

Me sorprendí aún más al descubrir que existen cientos de construcciones de estas características, es decir, construidas con fondos comunes y cooperativas. Y villas completas, urbanizaciones bastante céntricas pero antiguas, heredadas por los nietos de sus propietarios originales. Vastas extensiones de casas y edificios de mediana altura se pueden ver de esa procedencia: en Estación Central, Santiago, Quinta Normal, Independencia, San Bernardo, etc.. Muchas de esos barrios y villas son el legado de esos tiempos, de las antiguas Cajas de Pervisión de los empleados privados, sean del rubro que sean: sindicatos de suplementeros, obreros del cuero y calzado, trabajadores de Ladeco (hay una villa en la comuna de San Joaquín que es conocida como la Villa Ladeco), maestranzas de ferrocarriles, enfermeras, gastronómicos, y un largo etcétera.

Huelga, a estas alturas, concluir sin mayores investigaciones que las Cajas de Empleados previas al Sistema de las AFP cumplían una función social bastante importante, más allá de las propias jubilaciones y préstamos, que era su función principal. Eran las que contribuían al desarrollo de los trabajadores a través del derecho de propiedad más básico e importante como lo es la casa propia. En el fondo, la inversión de estas Cajas era invertir en los trabajadores para ir asegurando su capital. El tema social, a estas alturas, se daba por entendido y se cumplía prefectamente.

Las cajas antiguas abrían una línea de ahorro especial y nominal, para luego descontar por planilla un monto pactado previamente con el trabajador para el ahorro correspondiente a la casa. Y de acuerdo a los montos, se iban construyendo villas a las que los trabajadores iban siendo destinados de acuerdo a la distancia que quedaban de sus trabajos. Vale decir, si una persona debía ir a trabajar a la comuna de San Bernardo, la Caja le asignaba una casa en esa comuna o, a lo sumo, en una comuna cercana como serían San Miguel, La Cisterna o El Bosque.

Realmente fantástico. ¿Hay algo parecido a estas alturas en Chile? Lamentablemente no. A lo sumo edificios donde las posibilidades financieras de obtener un crédito hipotecario la determina el sistema financiero. Así es, los bancos. En casos excepcionales, las cajas de compensación.

Pero eso no sería el problema de fondo. Tal como se ve en el ejemplo anterior, al ser promulgada la Ley 3.500 sobre las Administradoras de Fondos de Pensiones, puesta en vigencia el 31 de Diciembre de 1982, se determina la forma de dichos ahorros con la nueva semántica de la ley, la que determina su nefasto destino. Ahora se habla de la Capitalización Individual que constituye el ahorro del 10% del salario al décimo día del mes.

Esto nos hace ver que las empresas beneficiadas hoy en día por los capitales previsionales son: Cencosud, Endesa, Latam, Enersis, Falabella, Colbún, Copec, Soquimich (sí, la misma de Julio Ponce Lerou, la misma empresa que le presta plata a los políticos que hacen campaña, pero lejos de ser un cohecho o una coima según la justicia chilena), AES Gener, CMPC (¡exacto!, la misma que se coludió con SCA para el caso del papel confort) y 10 bancos.

10 bancos… o sea que las AFP invierten sus dineros en bancos. Obvio, si es así como lo determina la misma ley. Las AFP invierten en depósitos a plazo, con tasas de interés en torno al 4% y 4,5% anual. Sin embargo, si un trabajador va a solicitar un crédito (de consumo, hipotecario, automotriz, etc.) el banco, luego de evaluar meticulosamente su situación financiera, le va a conceder dicho préstamo, con una tasa de retorno de un 25% anual. ¿No le parece a usted perverso? A mí, por supuesto. Y es poco decir.

A todo esto, ¿quién no ha pasado por los grandes sectores empresariales de Las Condes y Vitacura?¿O los de Lo Barnechea? Lleno de edificios que son verdaderas torres de vidrio, gigantescas estructuras de hormigón armado y cristal, en donde funcionan muchas empresas de todos tamaño. ¿Con qué fondos se financian esas construcciones?¿A quiénes les piden dinero? Así es, a las AFP. No nos olvidemos que Horst Paullmann, CEO de Cencosud, recibió más del 80% del financiamiento para su obra emblemática (la Torre Costanera Center) por parte de estas instituciones previsionales.

Los barrios empresariales de Apoquindo, Las Condes, Tobalaba, Manquehue Norte, Los Militares, Alonso de Córdoba… son de edificios construidos con fondos de ese mismo origen. En este punto, cabe preguntarse, ¿cuál es la función social de las AFP, si no han contribuido significativamente en la construcción de ninguna villa o condominio -al menos directamente-, privilegiando a los verdaderos patrones del sistema económico que es este instante impera en Chile? Ninguna, eso es más que claro.

Según el investigador Marcos Kremerman, el 90 de los pensionados de Chile bajo el sistema de las AFP percibe una jubilación inferior a los $144.000.-. Eso es inferior al 64% del sueldo mínimo. Esto reafirma el punto tratado anteriormente: el sistema previsional es una verdadera fábrica de pobres, endeudados y olvidados, que trabajaron toda su vida por una clase social que se beneficia ilimitadamente de sus ganancias, incluso más allá de su vida laboral.

Estamos ad portas de conmemorar un nuevo aniversario del Día del Trabajador. Cada año que pasa, siento que los derechos de los trabajadores están más conculcados que nunca, que el pan que alimenta las bocas de los hijos de ellos están plagados de la calumbre reaccionaria inoculada por los verdaderos beneficiarios de los Capitales de los que los trabajadores disponen. ¿Dónde está la justicia social? En ninguna parte.

No olviden revisar los próximos días las segunda parte de esta zaga de columnas, que incluirá quiénes son los dueños de las AFP. Y, por supuesto, en el collage de imágenes hago un pequeño homenaje a esos barrios obreros construidos con los aportes sindicales y cooperativos de los empleados y trabajadores de Chile, como lo son la Población Arauco, la Villa San Eugenio y el barrio Madrid- Matta.

Sigamos en la Resistencia. Hasta la victoria del pueblo y tengamos CHILE LIBRE

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