El miedo en la historia de Chile (Parte I)

Por Felipe Pezoa Dittus

Iniciar una columna no siempre es fácil, por el sempiterno problema de encontrar un tema adecuado para tratar semanalmente. Sin embargo, en vista del clima político y psicológico que ha afectado a buena parte del mundo desde hace casi veinte años (a partir del inexcusable ataque terrorista a las Torres Gemelas), creo que un buen asunto a tratar es el del miedo y su impacto en la historia local.
Partamos por el período llamado “Conquista”, cuando las huestes españolas llegaron al territorio de nuestros ancestros desde el norte. Ya a partir de esa época se da la relación entre el miedo (y otras pulsiones relacionadas, como el odio) y la represión, pues frente al Otro (otros pueblos, con culturas que no podían comprender del todo) los capitanes hispanos reaccionaron violentamente, ya que afrontaron el miedo a la rebelión y derrota a manos del Otro con abundante violencia y sangre. Una figura emblemática de lo anterior es Francisco de Aguirre, lugarteniente de Valdivia: en 1540 degolló a los principales líderes likan antai en el pukará de Quitor, como respuesta a una revuelta local; desde entonces el lugar fue conocido como el “pueblo de las cabezas” (el vocablo Quitor significa precisamente “cabeza” en lengua kunza, el idioma likan antai); volvió a manifestar su dureza al exterminar casi por completo a los pueblos diaguitas de Coquimbo, en castigo por la destrucción de La Serena en 1549. Es llamativo que la oligarquía chilena haya bautizado varias calles a lo largo del país, con el nombre de este personaje. Un reflejo de la obsesión elitista por el orden y la seguridad a toda costa, sin importar la pérdida de vidas humanas.
También en aquellos años el miedo y odio se manifestaron a través de un antiguo medio de difusión, el rumor: en ocasiones algunos mapuche amigos de las fuerzas hispanocriollas difundieron rumores de supuestos intentos de sublevación, para así maloquear y obtener ganancias de la captura de bienes y personas. Asimismo los rumores de intentos de alzamiento del Wallmapu generaron alarma entre los vecinos del Reyno, como ocurrió en 1779 cuando circuló la noticia de un “inminente” ataque de weichafe contra Santiago. Si bien no pasó de ser un rumor sin fundamento, nos muestra cómo se mantuvo el miedo al pueblo mapuche entre el grupo dirigente de la sociedad chilena.
Ya desde los albores de la República se fue dando un cambio en el objeto de temor de la elite, pues se pasó del miedo a los otros grupos étnicos al miedo a otros grupos sociales, así como a aquellos que no comulgaban con las ideas imperantes. Un ejemplo de esto es el rumor de que la primera Junta de Gobierno en 1810 expropiaría las propiedades de la Iglesia, lo que también resultaría ser una especie infundada. En cuanto al temor al bajo pueblo, se manifestó en la prohibición y censura de sus expresiones festivas. De ello hablaré la próxima semana.

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