El miedo en la historia de Chile: Temor, odio y muerte a principios de los años setenta (Parte VI)

Por Felipe Pezoa Dittus

Panfleto contrario a Allende, del grupo de derecha Acción Mujeres de Chile (1970).

En 1970, al finalizar el gobierno de Frei Montalva y con el inicio de una nueva campaña presidencial, se volvieron a manifestar el miedo y odio hacia el Otro en el ámbito político, en especial contra Salvador Allende, abanderado del conglomerado de izquierda de la Unidad Popular; en esta ocasión sus rivales fueron el ex presidente Jorge Alessandri (candidato de derecha) y Radomiro Tomic (democratacristiano). Asimismo las superpotencias de la época volvieron a intervenir, si bien EEUU se “superó” a sí mismo no sólo por la cantidad de dinero invertida en la propaganda antimarxista, sino también por otras acciones realizadas durante ese convulsionado año.
Debido a la amenaza que representaba la izquierda para una parte de la población chilena (y de la elite), no se escatimaron esfuerzos para asimilar a Allende y a sus partidarios con toda clase de elementos negativos: destrucción de la familia (como lo muestra el panfleto que ilustra la presente columna), violaciones a los DDHH, totalitarismo, fin de la Patria, la democracia y la libertad, etc. También se habló de una crisis financiera, si bien ella se inició inmediatamente tras el triunfo parcial de Allende el 4 de septiembre, pues mucha gente retiró sus fondos bancarios ante el miedo provocado a las propuestas del candidato; a ello contribuyó también el alarmista discurso del entonces ministro de Hacienda Andrés Zaldívar, al indicar en cadena de radio y televisión que el proceso económico se había visto afectado por los resultados electorales. Tal fue el grado de temor que provocaba Allende en una parte de la población que empresarios como Agustín Edwards y el propio candidato Jorge Alessandri no dudaron en pedir ayuda económica al gobierno norteamericano: en el primer caso, entre marzo y septiembre de 1970 se entregaron $ 7 millones y medio de dólares actuales a El Mercurio, financiando así la campaña del terror contra la izquierda; en cuanto a Alessandri, documentos desclasificados el 2007 muestran que el abanderado de derecha (y gerente general de la Papelera) pidió a la compañía cuprífera Anaconda Copper (dueña del yacimiento de Chuquicamata) que presionara al gobierno de Nixon, a fin de obtener dinero suficiente para derrotar a sus rivales. También aportó con dinero la multinacional de comunicaciones ITT, como es sabido tras la publicación de sus comunicados en 1972.

            Después del 4 de septiembre, el terror y odio contra el Otro se desataron de manera violenta: se efectuaron varios atentados con explosivos en diversos puntos de Santiago, incluyendo un intento fallido por destruir los depósitos de combustible del por entonces recién creado aeropuerto de Pudahuel. Estos actos terroristas fueron achacados a una supuesta organización de extrema izquierda llamada BOC (Brigada Obrero Campesina), aunque luego se descubrió que sus autores fueron jóvenes derechistas, que buscaban generar un clima de odio hacia Allende y la izquierda. La CIA por su parte pensó en dos caminos para impedir el ascenso de la UP al poder: el primero (Track I) implicaba una compleja maniobra política para que Frei volviera a la presidencia, mientras que Track II consistía en provocar un golpe de estado. Para ello se debía sacar del camino al general René Schneider, comandante en jefe del Ejército y conocido por su postura constitucionalista (respeto a la Constitución de 1925, no inmiscuirse en asuntos políticos, obedecer al Presidente de la República independiente de su postura ideológica); los norteamericanos financiaron y entregaron armas al comando encargado de secuestrar al general, pero el operativo terminó en su asesinato, lo que generó el repudio generalizado ante tal maniobra y la captura y condena de los involucrados (jóvenes de derecha, comerciantes y ex oficiales militares). Dos días después, el 24 de octubre, el Congreso ratificó a Allende como nuevo mandatario.

            Tal fue el miedo provocado por el ascenso de la UP al poder que muchas personas decidieron vender sus posesiones y huir del país, mientras que otra parte de la oposición se quedó para hacer frente al “enemigo marxista”. Entre sus “armas” utilizaron la descalificación del Otro, mostrando por ejemplo a Allende como un borracho, y a sus seguidores como delincuentes comunes, llegando al extremo de considerar al cardenal Silva Henríquez (conocido por su postura reformista y conciliatoria) como un marxista encubierto e involucrado en actos de corrupción. La izquierda por su parte también cayó en la descalificación, acusando a sus rivales de ser agentes de la CIA (lo que no estuvo muy lejos de la verdad, a juzgar por los miles de documentos desclasificados) e insultando a los opositores, sobre todo a través de sus periódicos como Puro Chile. Asimismo los grupos de extrema izquierda, con sus actos violentos, también contribuyeron a la polarización; entre estos se destaca la Vanguardia Organizada del Pueblo (VOP), que postulaba que sólo los delincuentes comunes (lumpen proletariado) podían hacer la revolución. Se caracterizó por sus ataques armados contra carabineros y en especial por el mortal atentado contra el ex ministro del Interior DC Edmundo Pérez Zujovic, responsabilizado por la masacre de Pampa Irigoin en 1969. Este acto llevó al término del acercamiento entre la DC y el gobierno, y al consiguiente incremento de la polarización política.  

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