El miedo en la historia de Chile (VII). Temor, polarización política y violencia durante la Unidad Popular:

Rayado amenazante contra la Unidad Popular (fotografía obtenida de Chile: Libro Negro, 1974).

Hacia fines de 1971 nuestro país comenzó a mostrar signos de crisis económica y política, generada por factores como la reducción en la inversión externa, el bloqueo económico estadounidense, la larga visita de Fidel Castro y las diferencias entre la UP y la DC, que comenzaba a alinearse con la derecha tradicional. Fue por ello que el miedo y odio hacia el Otro comenzaron a manifestarse de manera más violenta, a través de la prensa, medios informales de comunicación (rumores) y actos concretos, como la formación de grupos de autodefensa en el barrio alto de la capital (el ejemplo más conocido es PROTECO: Protección a la Comunidad), conformados por vecinos y oficiales retirados y con instrucciones precisas para repeler hipotéticos ataques extremistas, que incluían la provisión de alimentos y útiles de primeros auxilios, llamar a carabineros (nunca a Investigaciones) en caso de ataque, etc. La izquierda también llevó a cabo preparativos semejantes, ante los ataques de que era objeto, y aún Allende creó al Grupo de Amigos del Presidente (GAP) compuesto por militantes que cumplían las funciones de guardaespaldas; la oposición le achacó exageradamente a esta agrupación varios delitos, como el asesinato del edecán naval Arturo Araya (crimen cometido en realidad por integrantes de Patria y Libertad). Desgraciadamente también se cometieron varios actos terroristas por parte de los grupos más extremos, en especial por la ultra derecha que contó con el apoyo de algunos militares y los jerarcas de Colonia Dignidad: a modo de ejemplo, durante el Paro de Octubre de 1972 (cuyos partícipes, fundamentalmente camioneros molestos con las medidas del gobierno, recibieron varios millones de dólares de la CIA) se realizaron 95 atentados en diferentes partes de Chile, contra aquellos negocios que no se plegaron al paro y oficinas estatales. Posteriormente el 7 de agosto de 1973, un comando de Patria y Libertad destruyó un oleoducto en las cercanías de Curicó, provocando la muerte de dos campesinos e hiriendo a otras nueve personas, todo ello como parte de una nueva ofensiva opositora para derrocar al gobierno por la fuerza.
En cuanto a la prensa y otros medios de comunicación formales, ambos polos políticos se destacaron por su grosería y descalificación del otro, llegando a niveles nunca vistos. También se convirtieron en canales de difusión de muchas noticias tendenciosas y parciales: por ejemplo el atentado de Curicó ya mencionado fue atribuido a elementos de extrema izquierda, si bien ahora sabemos que fueron otros los responsables (Roberto Thieme, ex líder de Patria y Libertad, ha reconocido la responsabilidad de su grupo en éste y otros atentados ocurridos en la época); también se propagó la noticia del supuesto hallazgo de un “campamento guerrillero del MIR” en Nehuentué, en la costa de Cautín a finales de agosto de 1973. Empero se trató de un brutal e ilegal allanamiento militar (efectuado por fuerzas combinadas del Ejército y la FACH) a un asentamiento mapuche del lugar, que tuvo como saldo un muerto y varias personas heridas y torturadas; además habría servido como una cortina de humo para ocultar el retorno clandestino de algunos dirigentes de Patria y Libertad. Además algunos medios escritos pasaron a manifestar una abierta postura golpista, como la revista de derecha SEPA que, durante los últimos meses del gobierno de la UP, tenía impresas las siguientes frases en cada página: “Creo en un Chile libre y soberano, sin marxistas, ladrones ni tiranos…” y “El gobierno de Salvador Allende es ilegítimo, luchar contra él es legítimo”. No sólo tales frases fueron generadas por el miedo y odio hacia aquellos considerados como una “amenaza” para la vida, ideas y propiedad de una comunidad, sino que también alimentaron aquellos sentimientos, de allí que este círculo vicioso generara más violencia verbal y material en nuestra sociedad.

Tampoco es de extrañar que en este ambiente enrarecido abundaran toda clase de rumores, como que la leche entregada por el gobierno a los niños de escasos recursos estaba envenenada, al igual que las merluzas congeladas obtenidas por pesqueros soviéticos y vendidas para consumo popular en 1972, como medida para paliar la escasez de carne roja (en este caso se rumoreó que las merluzas contenían drogas para “lavar el cerebro” a los consumidores); también los medios de derecha difundieron muchas noticias no verificadas sobre el supuesto mal estado de salud del presidente Allende (tendencia que data de la “campaña del terror” de 1964, como mencionamos hace unas semanas), e inclusive el plan de sabotaje de Patria y Libertad, de abril de 1973 titulado “operación SACO” (Sistema de Acción Cívica Organizada) sugería “‘hacer campañas permanentes para intensificar las intimidaciones sicológicas, entre otras cosas distribuir bolas (rumores) diferentes e historias teatrales para las madres simpatizantes de la Unidad Popular’”, entre otras medidas como no vender productos a partidarios del gobierno, tener a mano listas con los nombres de aquellos y, en el caso de los industriales, esconder al menos el 20% de sus mercaderías. En especial el ambiente se tensionó a finales del gobierno por los constantes rumores de golpes y autogolpes de estado, siendo estos últimos la base para el infame Plan Z (del cual hablaremos la próxima semana); la propia Beatriz Allende afirmó que el mes anterior al Golpe su familia estuvo en permanente estado de alerta ya que “apenas pasaba un día sin que surgieran rumores de alzamientos militares y de golpes de estado”. Los rayados que comenzaron a aparecer por diferentes partes de Santiago ya desde marzo de 1972, que decían “Ya viene Djakarta” (como el que ilustra la presente columna) o “Jakarta va!”, y que hacían referencia a la matanza de entre 500 mil y tres millones de personas acusadas de ser comunistas, ocurrida en la capital indonesia a partir de octubre de 1965, reflejaban por un lado el ánimo revanchista y violento de una parte de la población contra el Otro (el gobierno de Allende y sus partidarios), y por otro lado también contribuyó a la sensación de miedo y alarma que cundió entre la izquierda local, que ya veía venir un golpe de estado hacia principios de septiembre de 1973. Empero los preparativos de autodefensa de los partidos de izquierda, con las pocas armas que tenían, y la ingenuidad de Allende y sus seguidores al creer que habría generales leales a la Constitución, chocaron con la brutal realidad esa mañana nublada del 11 de septiembre, día que se grabó a sangre y fuego en nuestra historia y memoria. Ese fue el día en que llegó Djakarta, para quedarse por diecisiete años.

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