Ese chiste político llamado Sudamérica (¿los «pueblos del estiércol»?)

No es necesario viajar muy atrás en la Historia de las naciones sudamericanas para constatar cuánto ha sido (si es que lo ha habido) el valor y coraje desplegado ante la voracidad de algunos imperios del hemisferio norte

Por Arturo Alejandro Muñoz (@artamumu)

La frase que usted leyó en el título de esta nota no me pertenece. Jamás habría pensado siquiera llamar ‘pueblos de estiércol’ a quienes conforman las naciones sudamericanas. Menos aún siendo yo parte de ellas. Lo dicho,  la frase no es mía… pertenece nada menos que al líder nazi Adolf Hitler, quien expresó su lapidaria opinión sobre las naciones sudamericanas en uno de los tantos almuerzos efectuados en “la guarida del lobo”, su refugio en Prusia Oriental durante el desarrollo de la Segunda Guerra.

La opinión de Hitler en uno de esos almuerzos fue recogida por un periodista alemán, transcrita luego a una especie de folletín y enviada finalmente a Inglaterra, donde fue transformado en un libro de exitosa venta escrito por Henry Picker:  “Hitler. Anatomía de un Dictador. Conversaciones de sobremesa en el cuartel general del Führer, 1941-1942” (Ediciones Grijalbo S.A., México DF – Barcelona; 1965).

Respecto del punto que interesa a esta nota, dijo Hitler:

Los Estados Unidos consiguen de esos países todo lo que quieren gracias a sobornos grandiosos, los que se explican por la inferioridad racial de la población de los Estados sudamericanos que, además, son hostiles a Alemania. La inferioridad se muestra también en el comportamiento contra los alemanes allí residentes, ya que, por lo visto, es innato en los bajos instintos de toda la vulgaridad de esos pueblos «escupir» a los seres superiores. En realidad, deberíamos desembarcar allí alguna vez para poner nuestro puño bajo las narices de semejantes «pueblos de estiércol»

Adolf Hitler, obra citada

Molesta, indigna incluso, leer un comentario de ese calibre, más aún si lo expresó el peor criminal y genocida  del siglo veinte. Pero, la indignación se transforma en vergüenza, en decepción, cuando la dura realidad avala en parte el comentario del líder nazi. Nuestro controversial historiador Francisco Antonio Encina ya había escrito mucho antes (año 1912) una de sus obras de mayor trascendencia: “Nuestra inferioridad económica”, siendo acusado por sus detractores de tener ideas racistas y plagiar capítulos de la ‘Historia de Chile’, de Diego Barros Arana, tanto como falsificar hechos históricos con amena pluma.  

Todo lo anterior fue escrito y dicho en los años 1912 y 1941. ¿Muy antiguo? Avancemos entonces en los calendarios y fijemos la mirada en los comienzos de la actual centuria en nuestra vapuleada Sudamérica…

Colombia:  ha vivido muchas décadas bajo las leyes de una política predadora impuesta por gobiernos obsecuentes del imperio estadounidense. Ello ha posibilitado, neoliberalismo imperante, la existencia de un poderoso narcoestado y un violentísimo paramilitarismo de ultra derecha permeando el andamiaje social, político y económico de esa república, instituyendo el secuestro de personas y el asesinato de líderes sociales como una forma “normal de gobernabilidad”.

Junto a lo anterior cohabita una guerrilla que pareciera nunca debilitarse y que se hace dueña de amplias zonas del país. Los gobiernos derechistas, en especial los encabezados por Álvaro Uribe (tuvo dos administraciones), abrieron las puertas de Colombia –y con ello las del subcontinente sudamericano- a la instalación de siete bases militares estadounidenses en su territorio (Palanquero, Apiay, Bahía Málaga, Tolemaida, Malambo, Laranda y Cartagena), con el desabrido discurso que la presencia armada de Estados Unidos en ese país pondría atajo y punto final a la guerrilla, al narcotráfico y al paramilitarismo. Los hechos duros y fríos demuestran que ello está absolutamente alejado de la realidad. Hoy, Colombia es uno de los más fieles ‘cachorros’ de Washington.

Venezuela: es uno de los países más ricos en recursos naturales en Sudamérica; petróleo, gas, oro, coltán, bauxita y hierro, además de contar con los espléndidos llanos del Orinoco que le permiten poseer una masa ganadera de enorme volumen. Durante más de un siglo este país fue una especie de propiedad estadounidense, no sólo en lo económico, también en lo político ya que el estado de cosas imperante dificultaba seriamente la presencia de una izquierda parlamentaria. Cuando la gente decidió salir a la calle a protestar, se le reprimió con extrema dureza. El “caracazo” es un ejemplo de ello. En 1989 los venezolanos no aceptaron las reformas económicas del presidente Carlos Andrés Pérez, quien de golpe y porrazo decidió liberalizar completamente la economía del país, siguiendo los dictámenes del FMI y de Washington,  poniendo en práctica una serie de medidas que fueron drásticamente resistidas por la población. Ante la poderosa manifestación popular, Carlos Andrés Pérez ordenó a la Guardia nacional y al ejército salir a las calles y reprimir las manifestaciones. El resultado fue la masacre de mil o más personas.

Años más tarde, el ex coronel Hugo Chávez Frías resultaría electo presidente de la república, e iniciaría el largo proceso de lo que se conoce como “la revolución socialista y bolivariana”, misma que hoy enfrenta una grave crisis económica y política debido al cerco comercial impuesto a Venezuela por los gobiernos de EEUU. (Obama y Trump), agregándole a ello el pésimo manejo administrativo y político efectuado por el actual presidente, Nicolás Maduro. Venezuela, que ha sido un sempiterno cachorro del imperio, hoy sufre las consecuencias por intentar no serlo.

Brasil: el gigante sudamericano es un aliado tan estrecho de EEUU que en ocasiones se transforma –al igual que Colombia- en lacayo más que en cachorro. Atendiendo a una ‘recomendación’ de Washington y Londres, fue el único país sudamericano que se plegó al conjunto de los aliados en la Segunda Guerra  enviando tropas y mecanizados a ese conflicto global. Fue también el primer país en obedecer sin remilgos las recomendaciones que Washington quería que se aplicaran en su ‘patio trasero’. El año 1964 los militares impusieron la deleznable “Política de Seguridad Nacional”, cínica forma de justificar la dictadura y las violaciones a los derechos humanos.

Hubo luego un período extraño. Fernando Collor de Melo (quizás el más relevante payaso político de esa época), Itamar Franco y Fernando Henrique Cardoso fueron imponiendo la idea de privatizarlo todo, respondiendo de gran forma a las sugerencias del FMI… hasta que llegaron Lula da Silva  y Dilma Rousseff quienes pudieron provocar algunos ajustes a la economía neoliberal en beneficio de los trabajadores y pobladores del país. Entonces, el sistema manejado por el imperio del norte volvió a actuar, aprovechando esta vez la innegable actitud corrupta de los políticos brasileños, especialmente de algunos parlamentarios y de varios dirigentes partidistas en el noreste del territorio. Apareció el ‘Lava Jato’ y los detentores del neoliberalismo salvaje se hicieron de la conducción del país. Primero fue Michel Temer (hoy enjuiciado y detenido por corrupción), y luego llegó Jair Bolsonaro, un ex oficial de ejército devenido en diputado, reconocido proto fascista y contumaz admirador y cipayo de EEUU (en especial de Donald Trump)- Ambos, Temer y Bolsonaro, han regresado el país a las doctrinas estadounidenses, aquellas que claramente son separatistas (del resto de Latinoamérica), de contundente anti izquierdismo y de abierta acción predadora de recursos naturales.

En Perú, a su vez, muchos de aquellos que han sido presidentes en las últimas décadas se encuentran detenidos, procesados e incluso encarcelados. Vea usted lo siguiente: Alan García, Alberto Fujimori ,”el cholo” Toledo, el nacionalista Humala y el socialdemócrata PPK, han caído sometidos por la justicia…por corruptos, e incluso por asesinos (Fujimori). Todos ellos, sin excepción, han sido cachorros del imperio cumpliendo a rajatabla y sin chistar las instrucciones emanadas desde Washington.

Lo mismo sucede hoy en Argentina, donde los edictos estadounidenses y del FMI constituyen verdaderas leyes para el gobierno del empresario Mauricio Macri, quien ha logrado devolverle la pobreza a más del 30% de los argentinos al poner en acción las ideas y consejos del Banco Mundial, de la Casa Blanca y de los predadores empresarios transnacionales.

Y de Chile, esta ‘perla del subcontinente’ según los saurios de las finanzas mundiales, ¿será necesario escribir lo que ya todos sabemos? Es el único país del orbe donde las aguas son privadas (¿las nubes tienen dueños?), la previsión social es un robo en descampado cometido contra los trabajadores, y cuenta con el visto bueno de las cofradías políticas que maman de la teta que les pasa el mega empresariado; el sindicalismo es asfixiado oficialmente; la solidaridad fue convertida en un elemento inútil y de trasto viejo; el consumismo enfermizo provoca un endeudamiento feroz en más del 60% de la población activa; esta es una nación en la que nada le pertenece a Chile como país ‘soberano’, pues todo, absolutamente todo, se encuentra en manos privadas, lo cual satisface al imperio dado que son sus capitalistas quienes en mayor número se han apropiado ‘legalmente’ de los recursos del país andino.

Podríamos gastar páginas y páginas hablando de este tema al desmenuzar la dependencia soez de las naciones sudamericanas y su dependencia del imperio del norte. En verdad habría que escribir una obra completa para dejar constancia del profundo nivel de servilismo que nuestros países sudamericanos han tenido y siguen teniendo respecto de los Estados Unidos de América del Norte. Y muy en especial, constatar que los dirigentes de esas naciones han sido y siguen siendo elementos corruptos, traidores, mentirosos, y en algunos casos, ladrones, delincuentes.

En fin, como naciones somos un verdadero ‘chiste’,  pues es doloroso comprobar que en esta parte del continente americano nada ha cambiado en lo sustancial desde la década de 1940. Por ello, resulta aún más lamentable y humillante confirmar que sobran los motivos para dar crédito a aquello de ‘pueblos de estiércol’, que tan horrible suena en labios de un genocida y racista como Adolf Hitler, pues cuando una opinión como esa, que proviene de quien es nuestro peor y más encarnizado enemigo, la constatamos como cierta… ¡cuánto nos duele…cómo nos asfixia y de qué manera nos apabulla y avergüenza!

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