Astronomía y cosmología de los pueblos originarios en Chile (I).

Saywa o columna astronómica en Lasana (II Región), indicando la salida del sol en el solsticio de invierno. Fuente fotografía: https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-68942017000200133

El viernes 21 del presente mes de junio, junto con empezar oficialmente el invierno, ocurrirá el solsticio de esta fría y lluviosa estación en el hemisferio sur, iniciándose así el proceso natural de alargamiento de los días y de una consiguiente disminución en la duración de las horas nocturnas, lo que a su vez perdurará hasta el solsticio de verano, en diciembre. Por ello es natural que los pueblos originarios de Sudamérica y Oceanía hayan considerado esta fecha como el inicio de un nuevo año, el punto de partida de un nuevo ciclo de vida en la naturaleza; asimismo sería una de las razones por la que le han dado una gran relevancia a la observación de los cuerpos celestes, y éste es precisamente el tema que abordaremos en las columnas de este mes.
Comencemos nuestro viaje por el norte, en especial por la zona altiplánica y los alrededores del Salar de Atacama: si bien entre los pueblos quechua y aymará se ha celebrado el Inti Raymi (o “Fiesta del Sol” en runa simi, la lengua quechua) y el Machaq Mara (“Año Nuevo” en aymará) para festejar el renacimiento del Tata Inti o Padre Sol, las estrellas en general también han tenido un rol de importancia entre los habitantes andinos. Esto lo muestra el mito de la Yakana, la Llama Celeste, que amamanta a su cría y orbita dentro de la Vía Láctea (o Mayu, el Río), y que posee dos ojos brillantes (las estrellas Alfa y Beta Centauri); la Llama y su cría conforman una “constelación oscura”, es decir una agrupación de polvo y gas interestelar que, en comparación con las estrellas circundantes, se ve como una mancha negra. En el mundo andino se le ha dado mucha importancia a estas constelaciones, a diferencia de las civilizaciones clásicas enfocadas más bien en las estrellas y otros objetos brillantes; de hecho otras constelaciones oscuras también poseen nombres de animales (como la Perdiz, el Zorro, el Sapo y la Serpiente), y han sido vistos como los “dobles” de sus versiones terrestres. Continuando con la Yakana, según los relatos de los pobladores de los Andes esta llama celestial es la creadora y multiplicadora del ganado auquénido, y baja en las noches a beber en los manantiales; si algún pastor estaba destinado a la riqueza, Yakana caía sobre él, quedando oprimido por su gran cantidad de lana, mientras otra persona se la arrancaba. Al día siguiente el pastor descubría una gran cantidad de lana multicolor, la vendía y adoraba a la Llama Celeste en el lugar de aparición, además de comprar una pareja de camélidos, de la cual el pastor llegaba a tener un rebaño de miles de animales. En suma, Yakana estaba también asociada con la riqueza y la abundancia. Esta creencia no sólo ha llegado hasta nosotros de manera oral o escrita, sino también de forma visual: en las pinturas rupestres del Alero Taira (ubicado en el valle del Alto Loa, en la cordillera de la II Región), que se caracteriza por la gran cantidad de pictografías que representan a camélidos y otros animales de la zona, y que habrían sido realizadas entre el 800 y el 400 a.C., también estaría representada la Yakana con su cría, así como un grupo de personas que parecieran simbolizar el descenso a la tierra de la Llama Celeste y de su riqueza en lana; además durante el solsticio de verano en diciembre, época en que las llamas comienzan a parir, y en que la constelación de la Yakana y su llamito empieza a aparecer en el cielo, el sol ilumina sucesivamente casi todos los paneles pintados, simbolizando así la “fecundación” de los camélidos representados por parte del astro rey, siendo el único momento del año en que se manifiesta tal fenómeno. Por otro lado es durante el solsticio de invierno cuando se pueden observar, por la noche, las constelaciones oscuras de la Llama y la Perdiz. Todo lo anterior muestra un fascinante juego de contrastes entre la oscuridad y la luz, la noche y el día, que revela un avanzado conocimiento astronómico y una minuciosa observación de los fenómenos celestes, por parte de los antiguos habitantes de la precordillera atacameña, antepasados del actual pueblo likan antai. Sin embargo otros grupos andinos posteriores también le dieron un rol importante a la observación de los astros, como fue el caso de los quechuas y su imperio, el Tawantinsuyo o imperio inca, como es conocido vulgarmente.    

            En efecto, los incas solían erigir columnas demarcatorias llamadas saywas, que cumplían diversas funciones, tales como deslindar territorios, marcar distancias a orillas del Qhapac Ñan (“Camino del Rey”, conocido comúnmente como Camino del Inca), y también para indicar fenómenos astronómicos relevantes para su cultura (solsticios y equinoccios), así como para medir el tiempo según su calendario de trece meses. En algunos sectores del Desierto de Atacama se han conservado afortunadamente algunas de estas saywas, y decimos “afortunadamente” pues los españoles destruyeron aquellas ubicadas en la capital imperial del Cuzco, al ser consideradas como objetos de idolatría. Según algunas investigaciones recientes, como la de la investigadora Cecilia Sanhueza Tohá del 2017, en el sector de Lasana (al noreste de Calama) se encuentran cinco saywas que bordean un trecho del Qhapac Ñan, y cuya función habría sido señalar la salida del sol en el solsticio de invierno (como lo demuestra la fotografía que corona este artículo); otras saywas que también habrían cumplido una finalidad astronómica estarían ubicadas cerca del Salar de Punta Negra, en la III región. También los incas tuvieron otros dispositivos astronómicos, como el ushnu, una especie de plataforma con una columna, que indicaba la posición de los astros y en especial del sol. La gran importancia dada a este cuerpo celeste por el Tawantinsuyo no sólo se debía a su rol de generador de luz y vida, sino también porque el Inca era considerado como el “hijo del sol”; por ende, la astronomía durante la existencia del imperio incaico también tenía un propósito político importante, pues ayudaba a reflejar y fortalecer el poder del Inca frente a sus súbditos.

Continuando nuestra travesía hasta la zona centro-sur de Chile, el sol, la luna y demás cuerpos estelares también han tenido una presencia importante dentro de la cultura mapuche, hasta la actualidad. Al igual que en las culturas andinas, el pueblo mapuche celebra el solsticio de invierno, llamado We Tripantu (“Año Nuevo” en mapudungún) o “Wüñol Tripantu” (“Cambio de Ciclo”), y lo consideran un día sagrado, pues los días comienzan a alargarse (se dice que el sol avanza un paso de gallo sobre los cerros): lo celebran esperando el amanecer alrededor del fogón, conversando, comiendo y recordando con alegría por el inicio de un nuevo año. Después se bañan en los ríos al amanecer, para así fortalecerse con nuevas energías, y realizan rogativas para agradecer y pedir por el fortalecimiento de las personas y la tierra. Antiguamente el pueblo mapuche, al no tener calendario, esperaba el nuevo año observando el cielo nocturno, y cuando la constelación de las Pléyades (o “Ngaw Poñü”, Montón de Papas o Papas Amontonadas, como las conocen) comenzaba a brillar con mayor intensidad, era señal de que pronto se reiniciaría el ciclo natural de la vida. Los principales cuerpos celestes también han sido importantes para el pueblo mapuche, pues el sol y la luna (conocidos respectivamente como Antü y Küyen, términos que derivarían de las palabras Inti y Killa, de la lengua andina puquina, hablada en Tiwanaku y actualmente extinta) han sido utilizados para indicar y medir el paso del tiempo, ya que el sol ha servido para referirse a los días, mientras que con la luna se señalan los meses; también han sido relevantes para organizar trabajos cotidianos (por ejemplo el mejor momento para sembrar es la luna llena, o el día anterior a ella), y además poseen un fuerte sentido espiritual y religioso, ya que Antü es reverenciado al generar luz, calor y vida, mientras que Küyen es asociada con la procreación y fertilidad de las plantas, animales y seres humanos. Asimismo, y al igual que en el mundo andino (y otras culturas alrededor del mundo, como la grecolatina), el sol es relacionado con lo masculino, teniendo los roles de esposo y padre, mientras que su pálida contraparte es enlazada con lo femenino, siendo esposa y madre. Otra semejanza al respecto de la cultura mapuche con otras del mundo, es el temor que han generado los eclipses (en especial cuando son totales), pues han sido vistos como señales de mal augurio, provocando tristeza y preocupación entre las comunidades; frente a este fenómeno se reacciona organizando rogativas, para pedir a la luna o al sol que vuelvan a brillar y vivir.

            Otro cuerpo estelar importante ha sido Wüñellfe (“El que trae el amanecer”), una estrella matutina brillante identificada con los planetas Venus o Júpiter, según el momento del año en que sea observada. También poseía connotaciones horarias, ya que indicaba el mejor momento para viajar, así como para comenzar el trabajo diario. Asimismo ha sido considerado como el “padre” de todas las estrellas, siendo reverenciado y recordado en rogativas y cantos cotidianos. En cuanto al planeta Marte, es llamado Kütralwanglen (“Estrella de Fuego”), y está asociado con la ocurrencia de terremotos, siendo así otra señal celestial de mal agüero entre el pueblo mapuche; por otro lado es asociado con un espíritu llamado Choñoiwe, que lleva al cielo o Wenumapu («Mundo de Arriba») las acciones y peticiones de los habitantes de la tierra. La Vía Láctea, por su parte, es llamada de diversas maneras: Wenulewfü (“Río del Cielo”), Witrako (“Captador de Agua”) o Rüpü (“El Camino”), entre otros nombres; esta última acepción se refiere a que, según los mapuche, las almas de las personas buenas fallecidas, caminan y viven en esa senda estelar. También esta constelación ha sido vista como un indicador climático (cuando una parte de la Vía Láctea se hace más brillante o “blanca”, es señal de que hará mucho frío), y tiene una gran importancia simbólica puesto que, durante el mes de junio, atraviesa el cielo nocturno de este a oeste, mientras que en diciembre lo cruza de norte a sur. De allí que en algunas partes del territorio mapuche se interprete que el Wenulewfü simboliza los cuatro puntos cardinales, y por ello forma parte de los dibujos que se trazan en el kultrun, como lo ilustra la imagen inferior de esta columna.    

            Para terminar, mencionaremos los nombres y significados dados por el pueblo mapuche a algunas constelaciones: las Tres Marías y las Tres Chepas (que forman parte de la constelación de Orión) son denominadas Weluwitraw, nombre de un deporte tradicional mapuche en que dos competidores tiran de una soga que pasa por detrás de sus cuellos; como su aparición señala la llegada de la noche, antiguamente poseía una función horaria. La Cruz del Sur es llamada Namunchoike o Pünonchoike (Pata o Huella de Ñandú), y cuando tiene un brillo blanco es señal de que no pasará nada en los campos, mas cuando posee otro color genera preocupación entre las comunidades, pues indica que lloverá mucho y que en consecuencia no habrá alimentos suficientes. Las estrellas Cástor y Pólux de la constelación de Géminis son conocidas como Trarinmansun (“Bueyes Enyugados”), y su aparición en septiembre marca el momento más adecuado para viajar a las veranadas en la cordillera, así como a los pueblos precordilleranos. Otro conjunto estelar que ayuda a organizar las faenas cotidianas y los viajes, es denominado Luwan (“Guanaco”), y está conformado por algunas estrellas de Escorpión y Sagitario. Como conclusión podemos apreciar que, a diferencia del mundo occidental, que ha denominado a los planetas y constelaciones según los seres de la mitología griega, los nombres dados por el pueblo mapuche se basan en objetos o sucesos cotidianos, presentes en la naturaleza y en su vida social.  

Ilustración de la Vía Láctea, llamada Wenulewfü o Witrako en mapudungún, marcando los puntos cardinales a lo largo del año. Fuente imagen: https://www.ficwallmapu.cl/noticias_int.php?cod=165

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