Grecia, la voz del inconsciente

Por: Lic. Alejandro Marcó del Pont (@eltabanoeconomi)

En los últimos cuatro años Syriza ha dado sobradas muestras de inoperancia, engaño y desolación al pueblo griego. Presentado, distinguido y, en última instancia, convocado para oponerse a las políticas de la troika (BCE, FMI, CE) que aplicaba a los griegos medidas de infinita austeridad para salvar a la banca extranjera, terminó negociando el certificado de defunción helena y, como se esperaba, perdiendo el gobierno.

El 7 de julio del corriente año, el corrupto partido de la Nueva Democracia, que había sido derrotado en las elecciones del 2015 por el progresista Syriza, volvió al poder con casi el 40% de los votos en unas elecciones en donde la participación rozó el 58%, la más baja desde la finalización del golpe del estado en 1974, lo que sugiere la desilusión popular sobre el sistema político. 

La sumatoria del voto conservador alcanzó el 50% aproximadamente, la izquierda un 40%, si sumáramos al partido comunista y el MéRA25 (Frente Europeo de Desobediencia Realista) de Yanis Varoufaquis, ex ministro de economía de Alexis Tsipras, quien emigró del gabinete antes que su país fuera detonado, consiguiendo entrar al congreso con nueve bancas. Las únicas buenas noticias, aparte de MeRA25, es que la izquierda no quedó tan mal parada a pesar de la desilusión administrativa y que Amanecer Dorado, el partido ultraderechista, no consiguió ninguna banca.

Argentina tiene un camino parecido al griego en el caso que la formula Fernández- Fernández arriben a la presidencia. Un país destrozado de cuyos diagnósticos estamos todos al corriente, extenuados, hasta saturados. Empero, hay ciertas cuestiones importantes que no se logran revelar con claridad y rondan la idea que aún con un panorama económico totalmente adverso, el voto no estaría enseñando las dimensiones del desencanto con la política oficial.

Es cierto que el mundo ha cambiado, que los números, aunque números, no aterran a nadie. Ni los propios griegos parecerían asombrarse por los datos económicos, en algunos casos mayores a indicadores de entre guerras, considerados fuera de toda lógica en la Unión Europea actual. También en la Argentina los indicadores del macrismo han sido tan disimulados, que nadie piensa en la severidad que arrojan en un solo mandato, conteniendo cifran que en algunos casos no alcanzan a los peores momentos económicos del país.

Estamos hablando de tarifas públicas que aumentaron más que en el Rodrigazo, con una devaluación del 317% del tipo de cambio, caída del producto a magnitudes de la guerra de Malvinas, o del fin del menemismo, niveles de desocupación de mediados de los noventa, así como absurdos discursos de déficit cero de las última etapa de Domingo Caballo. Algo parecido sucede en Grecia, pero con un tiempo de anticipación, lo que nos permite vislumbrar algunas de las consecuencias no deseadas del incumplimiento de un futuro mejor. Todo lo que hizo Grecia, es exactamente lo que no hay que repetir.

La gran disputa interna en los albores del gobierno de Syriza era si el cumplimiento de las medidas de austeridad impuestas por la Troika podría permitir un respiro fiscal, un espacio que consintiera regresar a los mercados para obtener préstamos con tasa y plazos acordes a lo normal. Pero no era tan sencillo, Grecia no sólo tenía al FMI y al Banco Central Europeo en frente, sino a Alemania y Francia.

Cuando las negociaciones con la Comisión Europea no cuajaban, el ejecutivo griego llamó a un referéndum con una sola pregunta: ¿Debe ser aceptado el proyecto de acuerdo presentado a Grecia por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional en el Eurogrupo del 25 de junio de 2015?”.

El resultado está a la vista y en el cuadro, más de un 60% votó por el no, apuntaló dejar atrás la estrechez y las penurias. Este fue el último intento con apoyo popular de gobierno. De ahí en más el ejecutivo ha intentado durante cuatro largos años implementar cada una de las demandas de la Troika, y los resultado, como veremos, fueron infames.

El gran interrogante en temas de deuda es siempre el mismo ¿para qué? Los planes de austeridad son para afrontar los compromisos contraídos que, dadas las cifras vigentes, resultan inaccesibles. Según los organismos internacionales, con una política de mesura y ahorro se los puede afrontar y volver a los niveles anteriores al declive.

Deuda pública / PBI en %

Pero transcurrido el tiempo, la realidad es otra. La economía se hunde rápidamente bajo el mar Egeo, los sueldos y las prestaciones sociales se reducen, el desempleo se incrementa y la deuda aumenta, como muestra el cuadro. El sacrificio solicitado no da frutos, las políticas de austeridad atentan contra la salud de la economía y se vuelve a pedir deuda, para afrontar una cada vez mayor.

Por primera vez desde el 2005, el PBI creció por encima del 2%, y tanto el colapso de la producción como el desempleo de personas con edades de entre 15-29 años, no tiene precedente en los anales de la Europa moderna y solo rivaliza con la Gran Depresión de los Estados Unidos o en los peores momentos de la crisis de 1932-1933 de Alemania (44%) (E. Hobsbawn, 1998. Historia del Siglo XX. Planeta, p. 100), más de 600 mil griegos en edad de trabajar abandonaron el país y la formación bruta de capital no alcanza a la mitad de la crisis.

Según las proyecciones plausibles de crecimiento, tasas de interés y desempeño fiscal, la deuda del gobierno es insostenible, como lo han reconocido efectivamente sus acreedores oficiales.  “A pesar de la” austeridad “interminable en la forma de excedentes presupuestarios anuales, el nivel de deuda no se ha sido perturbado” (https://bit.ly/2LESmvo)

Tasa de crecimiento del PBI en %

La realidad es que, dado que es poco probable que la economía griega crezca sostenidamente más del 2% al año, la carga financiera de la deuda sea del 15% del PIB cada año y aumentando, no hay forma de que el capitalismo griego pueda escaparse del espectro de la prisión de los deudores.

Lo cierto es que Grecia le propuso a la Troika tener un superávit del 3.5% del PBI hasta el 2032/38, simulación poco realista para el FMI, que propone una quita de la deuda que el anterior gobierno griego niega. Si el PBI mantiene el crecimiento del 2%, pero los superávit son menores, puede que la relación deuda/PBI en el 2060 sea del 300%, caso contrario podría arribar al 195%, con una carga del orden del 13% del PBI hasta ese mismo año. Todo esto se daría si se extienden los vencimientos de 32.5 años por encima del 2080 (https://bit.ly/2FjTcdI).

En el 2015, Grecia tenía una deuda de € 311.729 millones, pagó desde el 2015-2019 € 41.600 millones y hoy, en 2019, adeuda € 334.573 millones. La composición y los titulares de la deuda puede verse en el enlace de The Wall Street Journal, https://bit.ly/1z7wPci. Lo extraño es que pagó un 13% de la deuda y se le incrementó un 8%. Si ven los datos del periódico se agenciarán a quién le deben, y después de la privatización, y de la destrucción de la economía griega, quedan ‘prendados’ al menos otros 61 años, con alemanes emborrachándose en sus playas y en alguna de sus islas, si es que les quedan.

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