Municipios chilenos, el error que camina en círculos

O si usted prefiere un dicho popular para explicar todo esto, podríamos usar aquel que reza: “y vuelve la burra al trigo”.

Por Arturo Alejandro Muñoz (@artamumu)

José Alfredo Jiménez fue un extraordinario compositor y cantante mexicano cuya obra musical se encuentra al mismo nivel de aquella que legaron Juan Gabriel y Agustín Lara.

Nada me han enseñado los años,

Siempre caigo en los mismos errores.

Otra vez a brindar con extraños

Y a llorar por los mismos dolores.

El último trago – Juan Agustín Lara (fragmento)

La letra de esa canción podría representar perfectamente al mundo municipal, donde  el próximo año 2020 podríamos caernos al tropezar por enésima vez con la misma piedra eligiendo a aquellos que los parlamentarios de la zona nos imponen como candidatos, o a quienes reelegiremos aún sabiendo que no merecen nuestra confianza ni nuestro sufragio. Cada día la situación empeora y es más delicada en la mayoría de los 345 municipios existentes en el país, y de manera muy especial en aquellos que administran comunas pequeñas y/o rurales.

¿En qué momento de nuestro proceso de desarrollo se produjo el lamentable cambio que llevó a ignorantes y vivarachos a postular al cargo de jefe comunal? No sólo postular, también triunfar en las elecciones, lo que constituyó y sigue constituyendo una ofensa a la inteligencia de aquellos chilenos que se han esforzado por superar sus destinos, estudiando, aprendiendo, trabajando honestamente. La pregunta, quizá, debería tener otro formato, ¿cuál fue la coyuntura histórica que impulsó a las tiendas políticas a menoscabar a los gobiernos comunales, amparando y proponiendo como candidatos ‘del partido’ a guarapos de dudosa catadura?

No olvidemos que hasta hace pocos años la exigencia legal académica para ocupar un sillón alcaldicio, o un puesto en el cuerpo colegiado del Concejo Municipal, señalaba  solamente “leer y escribir”.  ¡¡Exigencias inconcebibles por lo mínimas!! Al menos, hoy los alcaldes deben contar con 4º Medio aprobado…lo que tampoco es una gran exigencia ya que algunos ediles se han esforzado en conseguir –fraudulentamente (como tanto les gusta a muchos politicastros)- la licencia media a través de favores partidistas otorgados por ‘colegas’ en otros municipios.

Algunos parlamentarios se permiten imponer a sus protegidos, a sus ‘ayudistas’ y tontos útiles, como candidatos a alcaldes o concejales en las comunas de su distrito…exactamente en aquellas donde el elector muestra pusilanimidad y desinformación…o también en esas otras donde la mayoría de los militantes del partido del parlamentario pertenecen al seleccionado nacional de los ‘giles’, quienes, sabedores de la incapacidad y pésimo historial del ‘elegido’ votan finalmente por él ya que “es del partido y el partido lo nominó”…como si “ser del partido” significara pertenecer al gabinete divino de Dios, o de Alá, y lo facultara además para realizar las tropelías y malabares que se le antojen.

Ejemplos sobran, y usted, amigo lector, lo sabe y lo sufre en carne propia. Dele una mirada a su querida pero maltratada comuna, y podrá comprobar que en ella también hay uno o más –tal vez varios- de estos deleznables ejemplares. Por cierto, la desidia de las instituciones “que funcionan”, como la Contraloría General de la República y sus órganos regionales, permite que algunos alcaldes y concejos municipales hagan y deshagan a su entero amaño todo aquello que se les frunza, saltándose y amañando a su antojo el Estatuto Administrativo, e interpretando según sus conveniencias particulares la Ley Nº 18.695 Orgánica Constitucional de Municipalidades.

¿Por qué los partidos políticos –con sus cuarteles generales situados en las capitales de las regiones- hacen la vista gorda y permiten (e incluso propician) que el desarrollo y la dignidad sean eventos vedados para las comunas pequeñas? ¿Alguien podrá desmentir esta  aseveración respecto a que el mayor porcentaje de candidatos a un puesto en el concejo municipal de comunas alejadas de las metrópolis está interesado, principal o  únicamente, en el pago de $600.000 o $700.000 pesos mensuales por asistir a dos o tres reuniones de ese cuerpo colegiado cada treinta días y que difícilmente superan las cuatro horas de duración? Es una alternativa ‘dulce y viable’ para muchos frescolines, ya que, además, la ley señala como exigencias únicamente no estar condenado por delito que amerite pena aflictiva (condena igual o superior a tres años y un día), ser mayor de 18 años y “saber leer y escribir” (cuestión esta última que la legislación vigente ni siquiera obliga a comprobar)-

Hoy, tal cual reza la letra del histórico tango de Santos Discépolo, “cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón”, y ello parece ser mérito suficiente para que aliancistas y concertacionistas hayan prohijado –en comunas pequeñas y rurales- a variopintos personajillos cuya única característica destacable es la de ser ‘patudos, egocéntricos, mentirosos  y frescos de cutis’, lo que parece constituir requisito suficiente para formar parte de la élite politicastra regional, donde existe un caldo cuya olla hierve en corruptelas y familisterios amparados por la miopía del ejecutivo y del legislativo, tanto como cobijada por la ceguera de las directivas de todas y cada una de las tiendas políticas que conforman los dos bloques o coaliciones principales. Hay excepciones, por cierto, pero son las mínimas.

Más que lamentable, es decepcionante. Pero, mientras la mayoría del pueblo chileno no sepa leer de corrido ni entender lo poco que lee, el país seguirá asistiendo al encumbramiento de patanes, dictadorzuelos, antidemócratas, ladrones e ignorantes que fungen como autoridades por la gracia del analfabetismo cívico de nuestros hermanos…tanto como del carácter feudal y corrupto de aquellas tiendas partidistas que han logrado convertir a muchos municipios en lo que hoy son: una organización de primera, dirigida por gente de tercera.

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