Piñera, a usted me dirijo

Me dirijo al personaje público que cargará en su legado el haber transformado a Chile en una ruleta rusa, y usted, como el ludópata incurable que insiste en lanzar la ficha a la misma apuesta para ver si la suerte logra sacarlo del apuro que significa solucionar un movimiento ciudadano pacífico, libre y solidario.

Por Daniel Romo Vega (@dromovega1)

Piñera, a usted me dirijo. Y le debo confesar que este texto lo retrasé porque mi ánimo mas no mi conciencia– le dio una oportunidad más. Será la primera y última vez que lo haga, porque como ciudadano he escogido mirar los procesos sociales de un pueblo que no teme a sus métodos tiránicos; no dedicaré mis esfuerzos en observar los últimos estertores de una Constitución opresora, que perpetúa y profundiza la desigualdad de las personas, desde su nacimiento hasta la muerte. Y en el final de tan funesta carta magna, se lleve a usted y a sus lacayos con ella.

A la luz de la evidencia que entrega su discurso entregado ayer, lo cual no es más que una oferta descremada y miserable, logro ver lo demencial de su proceder. Es digno de un análisis psiquiátrico “pedir perdón” al pueblo, mientras una manifestación pacífica es disuelta a punta de balazos por parte de militares y sobrevuelan los helicópteros sobre la capital. En este punto, encuentro más consenso en su psicopatía que en su voluntad política de resolver esta encrucijada.

Me deja claro que más que soluciones, usted ha buscado lealtades a su gestión. A través de reuniones con los otros poderes del Estado, su imagen se ha intentado mostrar como imponente. Lamento decirle que no lo es y jamás lo ha sido: la opinión pública mundial habla más del mandatario que apaga “fuegos con bencina” que el supuesto líder que en el Palacio de La Moneda sugirieron ensalzar con malísimos resultados.

En este momento, se habla de detenciones ilegales, represión incontenible en protestas pasivas, inexistencia de Fuerzas de Orden y Seguridad en zonas donde está la ciudadanía en las noches con chalecos amarillos resguardando su propia seguridad (un ejemplo palpable de lo que la sicosis derramada a raudales por los medio de comunicación adictos a la propaganda de la coalición ha contribuido a generar) y hemos sido testigos a través de las Redes Sociales de montajes, disparos de militares y carabineros hacia la gente que ejerce la libertad de protestar. Eso, en mi opinión, lo convierte a usted en un infame dictador: de aquellos escalofriantes, enquistados e insufribles tiranos que no titubean en oprimir a la ciudadanía, detener masivamente e incluso justificar muertes.

Piñera, a usted me dirijo. E insisto en recordarle que el pueblo de Chile tenemos un ADN donde confluyen la dignidad y el valor en momentos que tomamos conciencia de la injusticia social y el quebrantamiento de nuestros derechos. Y ha sido evidente que su mandato, logrado mediante ocultamientos, engaños y ardides montados durante sus cuatro años de campaña (iniciados apenas asumió el segundo mandato Michelle Bachelet) y que coronó con la alianza suya con el fascismo pinochetista para alcanzar los votos que allanaran de nueva llegada al poder, ha llevado a prender la mecha de este estallido social. Chile no está en paz, y no lo estará por mucho tiempo. Porque las genuinas inquietudes de la ciudadanía respecto a su vejez, educación, protección social y salud son pilares desmantelados en casi 50 años, desde la anterior dictadura en la cual usted participó. Le recuerdo que el pueblo aún se reserva el deber de sacudirse de su Tiranía y recurrir a la verdadera acción de autodefensa. Dicha acción, consagrada a todo el mundo a través de los Derechos Humanos Internacionales, será su responsabilidad política y social ante los atropellos que usted y su ministro de Interior han propiciado desde casi el comienzo.

Ese siniestro personaje, que además es familiar suyo –Andrés Chadwick Piñera–, ha iniciado la escalada de desafío e insolencia de un grupo ministerial nefasto. Le recuerdo que el alma de Camilo Catrillanca aún clama por justicia, a la cual su primo debe rendir cuentas. La evidencia me permite decirle que la criminalización del estallido social ha salido de la mentalidad criminal de Chadwick, con la anuencia suya y el apoyo de una Constitución perversa que pone en contra de la gente a las Fuerzas Armadas que juraron “defender a Chile si fuera necesario”.

La actitud de su familiar-ministro ha permitido incubar una serie de comentarios, afirmaciones y expresiones insufribles. ¿Usted, Piñera, se indigna ante los hechos de violencia? Permítame recordarle que un ministro que llama a comprar flores porque están más baratas, otro ministro que manda a madrugar para evitar el alza del transporte, otro ministro que no hace más que el soberano ridículo en los medios de comunicación, intentando socavar un proyecto de ley que beneficiará a millones de chilenos y, por qué no recordarlo, una ministra que recuerda una derrota electoral cuando usted nombra a su discursista personal (Mauricio Rojas) como ministro de Cultura, aun sabiendo que es un negacionista de las violaciones a los derechos humanos. Todos ellos son los arquetipos de la violencia de un sistema que no tiene ningún miramiento a la hora de abusar de la gente. Me parece muy importante hacer notar esto, ya que ninguno ha asumido la responsabilidad de sus dichos y se esconden detrás de su supuesto “liderazgo”.

Si es que piensa que puede sentirse a salvo por su coalición política en el Congreso Nacional, tengo malas noticias para usted: hasta ahora (salvo honrosas excepciones) no veo ninguna agenda social válida y real por parte de los miembros de Chile Vamos, que se han dedicado al obstruccionismo de leyes de corte social y han propiciado la incorporación de leyes más adeptas a sus verdaderos clientes: los grandes empresarios y transnacionales que buscan tener el control económico sin contrapeso en nuestro país.

Piñera, a usted me dirijo. No como a un presidente, porque en este momento la encrucijada en la que vive nuestro país requiere a los grandes políticos, de esos con los que no encontramos en usted ni en sus ministros, como tampoco en el Congreso. Me dirijo al personaje público que cargará en su legado el haber transformado a Chile en una ruleta rusa, y usted, como el ludópata incurable que insiste en lanzar la ficha a la misma apuesta para ver si la suerte logra sacarlo del apuro que significa solucionar un movimiento ciudadano pacífico, libre y solidario. Esa apuesta ha sido el discurso de anoche, en donde subrepticiamente ha intentado beneficiar a sus colegas empresarios a costa del Estado, el cual dejará a las futuras generaciones la deuda que el costo de sus medidas de parche pudiera formar.

Me resulta inconcebible que no se haya percatado jamás que la desigualdad en Chile es escalofriante. Y también, que hemos perdido tiempo valioso teniéndolo usted en el sillón de O’Higgins. ¿De verdad creía usted que subir el metro o la luz, formar zonas de sacrificio como la de Quintero, pagar altas sumas por la educación o la salud NO eran una preocupación para el país? Lo lamento, pero no puedo tomarlo por ingenuo: los hechos del Banco de Talca, sus empresas zombies y el montaje de su propaganda para la candidatura presidencial no me evocan lo mismo.

Un movimiento que ha logrado unir a sus detractores -e incluso a sus partidarios- en una misma consigna: NO MÁS ABUSOS. Busca reemplazar el sistema previsional de cuajo, así como garantizar un acceso garantizado al sistema de salud para todos los habitantes de esta tierra. Se deben engranar los mecanismos necesarios para que el país pueda generar los empleos dignos para todos los trabajadores de Chile. En resumen, lograr el nuevo acuerdo social que implica necesariamente reformar nuestra Constitución. Es desconcertante percatarnos que aún después de todos estos días angustiantes y repletos de ira social, a ningún parlamentario se le haya ocurrido reformar el último bastión del pinochetismo, esa ideología a la que usted mismo rindió tributo cuando Pinochet estuvo detenido en Londres.

Piñera, a usted me dirijo. Y es que no apelo a su creatividad sino a su sentido común. Por eso, le sugiero encarecidamente que dé un paso al costado, usted y su gabinete completo. Se lo digo con el sentimiento republicano y el convencimiento tranquilos. Porque no hay nada en su discurso, en su acción o en su supuesto compromiso que augure éxito en esta tarea. Los 42 caídos en esta asonada autogolpista fallida nos llaman a la tristeza, pero también al sentido común. Ese mismo que me muestra su imagen como un nefasto presidente, un líder deficiente y un infame dictador. No permitiremos que su verdadero enemigo -la paranoia- conduzca a Chile al caos permanente. El pueblo ha ejercido su libertad de protestar y es momento que usted, de una buena vez, lo escuche.

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