El obstáculo es el Presidente

Mentir, dilatar, prometer, embaucar, enredar… son los verbos que acostumbra utilizar cada vez que requiere decir ‘no’ sin necesidad de expresarlo directamente. Parece que todavía no es consciente de cuán peligrosa está la situación.

Por Arturo Alejandro Muñoz (@artamumu)

La opinión mayoritaria en las cofradías políticas, organizaciones sociales, gremiales, sindicales y estudiantiles, apunta a la elaboración de una nueva carta magna que, esta vez al menos, cuente con la participación de los ciudadanos  a través de mecanismos que no sean los que actualmente existen, ya que hacia estos se dirigen también las críticas de millones de chilenos que continúan movilizados manifestándose en las calles de ciudades y pueblos del país.

De manera groseramente ostensible, el gobierno ha apostado a la teoría del ’desgaste’ de las movilizaciones, y con la ayuda de un repudiable inmovilismo del poder legislativo bien podría acertar esta vez, ya que las marchas y protestas (pacíficas o no) cuando se reiteran casi diariamente tienden a derivar en rutinas, con lo cual todo resulta de antemano conocido respecto de lo que ocurrirá en cada manifestación.

Si prontamente no aparece un liderazgo consensuado que aglutine y dirija a las organizaciones sociales, progresivamente el movimiento irá perdiendo adhesión. Exactamente a ello apuestan en La Moneda, cuyos moradores desean que la actual situación de caos e ingobernabilidad pueda resolverse de una sola forma: “dialogando, acordando, ‘cocinando’…”, con las tiendas partidistas que conforman los dos principales bloques políticos,  cuyos dirigentes llevan demasiadas velas en este entierro, pues también son responsables de la depredación y expoliación del país.

A estas alturas de la situación de protestas y caos, de saqueos y de violencia desmedida (donde las fuerzas policiales se han esmerado en ganar el concurso de brutalidad), cuando existe una mayoritaria opinión respecto de los pasos que deberían darse para poner coto a una larga saga de desigualdades, injusticias y explotación, el presidente de la república –único personaje de esta historia que tiene el poder para hacerlo– se obstina en continuar al interior de una burbuja que confunde con la realidad. Es la comodidad del nido que aquí está representado por la banca y las finanzas. Gobernar para la comunidad de un país desde el propio nicho (con las leyes e intereses de ese nicho), abrirá siempre los caminos rumbo al fracaso. La Historia lo ha demostrado una y cien veces, sea la izquierda o la derecha quien descanse en el nicho de marras.

Sebastián Piñera se niega a dar crédito e importancia a lo que ha estado acaeciendo en Chile en las últimas cuatro semanas. Continúa actuando como lo que su ego le aconseja. Ser el patrón, el CEO, el amo absoluto de esta nación, y  esa arrogancia –la cual, más que una característica es una enfermedad– la han sufrido incluso algunos de sus asesores, a quienes escucha poco y nada ya que deben hacer lo que él quiere que realicen. Sus ministros tampoco tienen autonomía de vuelo en las diferentes reparticiones que ocupan. Al interior del Poder Ejecutivo existe una especie de dictadura, o tal vez de monarquía absoluta, donde todo debe ser consultado con el presidente, y nada puede hacerse sin su visto bueno…o mejor aún, sin poner en práctica las ideas que el mandatario tiene para cada evento. 

Por ello, los errores y las maquinaciones pro capitalistas del gobierno que cotidianamente conoce la opinión pública, son de exclusiva responsabilidad de don Sebastián. Las engañifas, mentirijillas, trucos burdos y letra chica, también. Si alguien se está esmerando en dilatar las respuestas a las demandas de millones de chilenos, es él, ya que nadie más que él pone todas las fichas en el cuadro del tablero donde se lee la palabra “Desgaste”.

Mentir, dilatar, prometer, embaucar, enredar…son los verbos que acostumbra utilizar cada vez que requiere decir ‘no’ sin necesidad de expresarlo directamente. Desde el nicho instalado en su burbuja, continúa trabajando a toda máquina para beneficiar a quienes considera sus pares y mejores compatriotas. Los empresarios, banqueros y especuladores financieros. Como si fuese un patrón que no siente respeto por sus trabajadores, a quienes considera material desechable y reemplazable, se obstina en exigirles que realicen sin chistar lo que él señala y que, además, le feliciten por ello.

Parece que todavía no es consciente de cuán peligrosa está la situación. Confía en manejarla mediante la entrega de nuevas promesas, de inasibles promesas, y de regalar un dulcecito con el cual cree poner fin a la ira que el pueblo viene acumulando desde hace décadas.

Se equivoca de plano al intentar un mejoramiento de la realidad actual mediante reuniones con dirigentes políticos tan cuestionados como él. Se niega a instalar una mesa de trabajo invitando a quienes dirigen las organizaciones sociales, gremiales y sindicales  que tienen  credibilidad y que representan en gran medida las aspiraciones, dolores e impetraciones de la gente. Con ellas el país podría conseguir la paz, la cordura, la justicia social y la igualdad de oportunidades. No lo hace porque sabe que obligaría a sus poderosos asociados a regalar los relojes para no perder las manos.

Entonces, a las apuradas –como siempre– , acusando a todos los demás de ser los responsables de los acontecimientos que tienen a Chile al borde de un ataque de nervios, no encuentra mejor forma de ‘aplacar las iras populares’ que lanzando (a las apuradas también…y como siempre, otra vez)  proyectos de gran floripondio que en honor a la estricta verdad van en busca de castigar más y más quienes manifiestan descontento. Para ello cita al Cosena (Consejo de Seguridad Nacional) y mantiene en estado de alerta a las fuerzas armadas. Coetáneamente, se permite decir que “ninguna agenda (social) será suficiente para aquellos que no quieren ninguna solución”…soslayando interesadamente que la solución propuesta por él no es sino más de lo mismo, continuar (tal vez maquillado y perfumado) con lo que durante cuatro décadas ahoga al pueblo. Lo dicho, hoy, el mayor obstáculo (y quizás el único) para alcanzar acuerdos que sean beneficiosos para todos y que devuelvan la paz y la tranquilidad a la sociedad civil, se llama Sebastián Piñera Echeñique.

Deja tu Comentario

comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *