Plebiscito 2020: dudas, dudas y más dudas…

Seguramente usted, estimado lector, debe tener otras tantas. Culpemos al apuro, culpemos al trabajo hecho a la birulí bajo presión…¿bajo presión de quién?

Por Arturo Alejandro Muñoz (@artamumu)

Tal vez el apuro extremo en lograr un acuerdo provocó la existencia de tantos intersticios y fisuras en la declaración, como dudas emanadas de ellas. ¿El apuro fue debido a la presión de la gente movilizada en el país, o hubo algo más que todos prefieren callar? Sería sano y oportuno conocer las razones del por qué tanta vertiginosidad en aquel día. “Estamos contra el tiempo… debemos lograr acuerdo antes de 48 horas…” declaraciones de algunos parlamentarios aquella noche de locura. La duda existe.

Ese acuerdo –bandereado por tantos como un gran logro– es hijo de la pacotilla… cuestión típica de la idiosincrasia chilena que deja mucho de su quehacer “para más adelante”. La vieja frase “en el camino se arregla la carga” es  elemento vivo de la esencia de nuestro ser nacional. Y así nos va después. Las cofradías políticas deseaban salvarse a como diese lugar y abandonar la ciénaga en la que aún se encuentran. Y si la consecución de un objetivo no puede ni debe entrabar la consecución de otros objetivos –como reza uno de los postulados básicos de la Praxeología-, la acción de los parlamentarios reunidos esa noche en el ex Congreso fue una demostración cabal de la utilidad de ese método, ya que supieron concretar otro objetivo a partir del que sirvió de enganche para la asociación de intereses. Ofrecer al país una salida honrosa del caos que lo asfixiaba y, a la vez, mantener ellos sus privilegios y mando de riendas mediante la salvación del sistema que los acoge.

Así nació entonces el ’acuerdo de la paz’, que permitió consensuar un propuesta para la redacción de una nueva Constitución Política del Estado mediante la decisión de la gente, la que se expresará en un próximo plebiscito a efectuarse en abril del año 2020. .Pero, hay varios bemoles en esto…muchos colgajos no resueltos que pueden echar a pique las mejores intenciones si no son aclarados debidamente.

Los principales, a mi juicio, aquellos que he optado por llamarlos “dudas”, son los siguientes.

* Ya que todos han manifestado un repentino y férreo amor por la democracia, ¿no creen que les faltó agregar una alternativa en la encuesta del plebiscito? Deberían haber instalado también la siguiente: “Prefiere mantener la Constitución Política actual”. Nobleza obliga…y la democracia también obliga. ¿Por qué no se hizo?; tal vez porque los nostálgicos del pinochetismo no quieren ver un resultado desastroso relativo al rechazo a la Constitución de las Bayonetas..

* ¿Por qué se optó por llamar a este acuerdo Convención Constitucional y no Asamblea Constituyente que es el nombre histórico y holístico de estos asuntos? ¿Para la derecha era una derrota política aceptar el nombre de Asamblea? ¿Le recordaba París 1789, o le sonaba a ‘comunismo triunfante’? Tal vez el enredar los nombres puede a la vez enredar a los sufragistas menos avisados que erradamente votarían por la otra opción, la llamada Convención Mixta. Es la primera duda.

* Los candidatos independientes, en el supuesto que la alternativa ganadora sea la Convención Constituyente, ¿contarían con apoyo financiero estatal para desarrollar sus campañas, o tendrían que rascarse con sus propias uñas?

* ¿Los independientes están obligados a integrar listas de partidos políticos para presentarse como candidatos a la Convención? No hay claridad alguna sobre este punto.

* Una vez electos, los constituyentes (aquellos elegidos por la ciudadanía), ¿trabajarán gratis durante todo el proceso de redacción de la Constitución? Sano es apuntar que tal proceso puede durar un año o más, con varias reuniones semanales y de larga duración.

* ¿Podrán votar los chilenos que viven en el extranjero?

* ¿Se procurará una paridad de género en la conformación de la Convención? Parece más que justo y necesario, pero nada se ha dicho al respecto.

* ¿Los pueblos originarios, tendrán representación? Colombia, el año 1991, dio el ejemplo al determinar un porcentaje de ellos en la asamblea constituyente que redactó su actual Constitución.

* Mucho se ha hablado respecto de quórum calificado o de los 2/3. La duda aquí es enorme. Vea usted. Supongamos que en un artículo esencial para la marcha del país no hay acuerdo y ninguna de las posiciones alcanza los 2/3. ¿Qué ocurre? ¿No se legisla y en ese asunto la “hoja sigue en blanco”? Se dice también que una Comisión Externa –desde fuera del Congreso Nacional- definirá el Proceso Constituyente. ¿La soberanía popular, a la punta del cerro?

* La mitad de la Convención Constitucional estará conformada por parlamentarios. ¿Cómo se elegirán? ¿Prioridad tendrán aquellos que cuentan con experiencia, maestrías y/o doctorados en derecho constitucional, en sociología, en psicología social? ¿O será solamente la habitual repartija de acuerdo a la cantidad de votos que cada partido posee? Si ello es así, los chilenos tenemos el sagrado derecho de manifestar un inalienable desacuerdo, ya que bien podría el azar privilegiar como ‘constituyentes’ a guarapos parlamentarios que conocemos y detestamos por sus carencias de neuronas.

Lo dicho. Plebiscito 2020: dudas, dudas y más dudas. Seguramente usted, estimado lector, debe tener otras tantas. Culpemos al apuro, culpemos al trabajo hecho a la birulí bajo presión…¿bajo presión de quien? He ahí una cuestión de fondo que nadie quiere explicar, ni el ejecutivo, ni el legislativo, ni las fuerzas armadas…en fin, nadie.

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