Perdóneme, Presidente…pero no le creo

Llamó a una reunión de “diálogo y consenso” a los presidentes de la Cámara de Diputados, del Senado y de la Corte Suprema. Extendió la invitación a los dirigentes de los partidos políticos que conforman los  bloques del duopolio. Es una charada. Todos ellos son parte del problema, y no de la solución.

Por Arturo Alejandro Muñoz (@artamumu)

A veces, tener buena memoria y haber vivido lo suficiente para ponerla a prueba, resulta ser un ejercicio positivo para el esclarecimiento de dudas.

Hace pocos minutos el presidente Piñera terminó su última declaración pública frente a las cámaras de la televisión chilena. No bien se despidió, en mi mente se agolparon a gran velocidad imágenes de situaciones vividas hace más de treinta años, cuando al igual que ahora el pueblo había salido a las calles copando el escenario nacional, exigiendo libertad y retorno a la democracia. Ello ocurrió entre los años 1983 y 1986, siendo actores principalísimos las federaciones sindicales y, muy especialmente, el Comando Nacional de Trabajadores que puso en jaque al dictador Pinochet con las “protestas sociales nacionales” que se esparcieron a lo largo del país, paralizándolo, y remeciendo a la sociedad civil y a los militares con tomas de calles, de plazas, de centros de estudio, barricadas, cortes de luz, caceroleos y  marchas multitudinarias.

En suma, el gobierno dictatorial perdió fuerza y los trabajadores se hicieron dueños de la calle. Pinochet, junto con los Chicago Boys, se negaba a sentarse ante una mesa de diálogo con los dirigentes sindicales (Manuel Bustos, Rodolfo Seguel, Federico Mujica, Hernol Flores, etc.). Les temía porque eran difíciles de embaucar, de ‘comprar’, de asustar. Un pacto social estructurado con ellos habría significado, a no dudar, una realidad muy distinta a la que finalmente acaeció. Entonces apareció la figura del ministro del interior, el ultraderechista Sergio Onofre Jarpa, quien convenció al dictador para que se reuniese con algunos políticos opositores, los cuales, hasta ese momento, se encontraban amordazados y prohibidos. “Con los trabajadores organizados en federaciones y centrales no teníamos ninguna posibilidad de salvar completamente el sistema, con los políticos sí la teníamos”, diría años después Onofre Jarpa en un encuentro de latifundistas en la ciudad de Linares.

Y ahí murió la flor. Los políticos le entregaron en bandeja al dictador las principales demandas populares, cambiándolas por cuestiones que a ellos les interesaban, mandando de paseo al pueblo. En esas reuniones comenzó a estructurarse el duopolio, la traición y la sociedad de intereses mutuos pinochetistas-políticos dizque ‘democráticos’, como Enrique Silva Cimma, Patricio Aylwin, Ramón Silva Ulloa, Gabriel Valdés y Julio Stuardo, quienes conformaban la “Alianza Democrática”, prolegómeno de la inefable Concertación de Partidos por la Democracia. El resto de la historia, usted, querido lector, la conoce tan bien como yo.

Bien pues, lo descrito en las líneas anteriores se vino a mi mente con la velocidad del rayo. Piñera y sus asesores no quieren acordar pacto alguno con los representantes del pueblo que se manifestó masivamente en los últimos días a lo largo de Chile. Además, ¿con quién podría dialogar si ese movimiento (aunque no lo acepten algunos incrédulos sociólogos y psiquiatras) fue espontáneo, carente de orgánica interna y de liderazgo consensuado y reconocido? El ’espontaneísmo’ fue la característica esencial de las manifestaciones populares que procuraban poner de pie todo aquello que durante 30 años el duopolio ha tenido de cabeza… o patas p’arriba.

Tatán llamó a una reunión de “diálogo y consenso”, invitando a los presidentes de la Cámara de Diputados, del Senado y de la Corte Suprema. Ha extendido una nueva invitación a los dirigentes de los partidos políticos que conforman los dos  bloques del duopolio. Es una charada. Todos ellos son parte del problema, y no de la solución. Vea usted, amable lector lo siguiente.

Pocas horas antes de escribir estas líneas, el PDC, el PRSD,  el PS y el PPD consensuaron la siguiente agenda de medidas sociales –con carácter de urgencia– para conformar lo que llamaron “una idea de agenda social” a discutir con el primer mandatario. La agenda es la siguiente:

  • Nueva propuesta tributaria sin reintegro de impuestos al 1% más rico de la población;
  • Reducir dietas parlamentarias y sueldos de altos cargos públicos;
  • Establecer control efectivo de los medicamentos y eliminar el IVA a los mismos, siempre que se trate de medicamentos de mayor impacto social;
  • Aprobación de un reajuste ‘más justo’ a las pensiones solidarias;
  • Otorgar gratuidad a los adultos mayores en el uso del transporte público;
  • Incremento del sueldo mínimo;
  • Regular y contener las alzas en las cuentas de luz, agua, gas y otros suministros; y
  • Reabrir el proceso de debate nacional pro Nueva Constitución y fortalecimiento de la institucionalidad democrática.

Estas ‘medidas urgentes’ propuestas por la dizque oposición al gobierno, fueron conocidas horas antes que Piñera apareciese ofreciendo lo mismo en cadena nacional (aunque don Sebastián –eterno vivaracho aprovechador– las presentó como si él fuese quien las proponía). Sin embargo, en tales propuestas no se ve por lado alguno lo que la gente gritaba a los cuatro vientos en las masivas e históricas movilizaciones, entre otros: renacionalizar los recursos minerales como cobre y litio; ídem con los recursos estratégicos agua, luz y gas; eliminar la actual ley de pesca y recuperar el mar para los chilenos; terminar con   (crédito con aval del estado, la tortura económica para estudiantes universitarios pobres); dar término definitivo al sistema de AFP’s, etc. 

Nada de lo anterior está en la infumable “agenda social” propuesta al primer mandatario por los mismos políticos que durante 30 años han sido parte del problema.  Y el mandatario la recogió asaz y feliz para salir del paso, a sabiendas que esa agenda no soluciona ni apunta al problema de fondo, pero sirve para obnubilar a quienes se movilizaron valiente y decididamente en los días de protestas. Además, en la mentada agenda dada a conocer al público  ni siquiera se establecen cifras, números, pues todo es al voleo, a la ‘birulí’. ¿Incrementara el sueldo mínimo? ¿De cuánto dinero estamos hablando ¿Reajuste más justo de pensiones? ¿Cuánto…en plata, en morlacos?

Presidente, perdóneme, pero no le creo…ni tampoco les creo a quienes se reunirán con usted. Lo acontecido el año 1985 está repitiéndose ahora en el 2019, aunque su primito que oficiaba de ministro del interior, Andrés Chadwick, no le llega ni a los talones al fascista ultraderechista Sergio Onofre Jarpa. En realidad, una vez más las cofradías políticas criollas aplican lo que escribió Lampedussa en su libro “El gatopardo”. <<Todo tiene que cambiar para que todo siga igual>>. Y si estmos hablando de personajes históricos, entonces, Presidente, permítame dirigirle –a usted específicamente- una variación de la frase que Marco Tulio Cicerón dirigió contra Catilina: <<Quosque tandem abutere, Tatán, patientia nostra?>>  (¿Hasta cuándo abusas, Tatán, de nuestra paciencia?).

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