La Moneda, ANI, Congreso y Fuerzas Armadas, ¿hay alguien allí que realmente piense?

¿Hay alguien  en la Moneda, en el Congreso  y en las fuerzas armadas que realmente ‘piense’? ¿Alguien –con poder– que tenga claro por qué y debido a qué y por responsabilidad de quiénes se ha producido la actual situación?

Por Arturo Alejandro Muñoz (@artamumu)

Estamos en una especie de interregno, o paréntesis de ignota duración. Al escribir estas líneas ha terminado el día número cincuenta de movilizaciones y protestas, de palizas policiales y mentiras oficiales. Está más que clara la decisión popular: seguir movilizados hasta que la dignidad se haga costumbre. El gobierno continúa prestando oídos sordos a las demandas y cree poder difuminarlas mediante una decena de proyectillos que en absoluto apuntan al meollo de la crisis.

¿Qué están esperando, realmente, los moradores de la Moneda? ¿Cuál es su lectura de los acontecimientos? ¿Dimensionan el nivel de hastío, odiosidad, molestia y rabia que embadurna a la mayoría de la sociedad civil debido  a la desigualdad, la brecha económica, la emporcada justicia, las pensiones indignas, los sueldos de hambre, el endeudamiento imparable, la pérdida de patrimonio fiscal, amén de la vergonzosa y casi delictual actuación de la mayoría de los parlamentarios?

Es válido preguntarse si en la casa de gobierno y en la alta oficialidad de las fuerzas armadas habrá al menos una o dos personas que tengan conciencia de lo que ha pasado en Chile durante los últimos veinte años. El ciudadano común, aquel que paga religiosamente sus impuestos y aporta con su trabajo y su arte y su ciencia y su tecnología al desarrollo del país,  lo menos que puede esperar es tener la certeza de la existencia de algunas autoridades  que no se dejen arrastrar por las pasiones de una dependencia ideológica, del aroma del dinero fresco y fácil, o de la falsa pretensión de formar parte de una clase social que se siente superior al resto de la población creyendo tener derechos y privilegios específicos y perennes.  ¿Existirán esas autoridades, civiles o militares hoy, ahora, en nuestro país?

Nuestro escuálido sistema de justicia, pobre y mínimo, ha logrado detectar un robo superior a los treinta mil millones de pesos efectuados por oficiales y suboficiales de la policía uniformada. Es el llamado ‘Pacogate’. Junto a ello, los tribunales han constatado también otro robo similar, efectuado por personal del ejército, superando la suma de seis mil millones de pesos. Es el ‘Milicogate’.

Agreguemos a lo anterior la vergonzosa acción llevada a cabo por muchos parlamentarios y ciertas mega empresas, entre las cuales destacan SQM.y algunas pesqueras, efectuando un intercambio de dinero por votos legislativos. Impresentable, indigno, propio de antiguos países bananeros. Pero, ¡ahí siguen operando a buen recaudo  quienes vendieron su falsamente pretendida imparcialidad en beneficio del ostracismo de la verdad y la justicia! Un centenar de leyes paridas por el Congreso Nacional, en beneficio exclusivo de esas empresas, y por cierto, en detrimento abierto del pueblo de Chile, y de Chile mismo.

Inaceptable resulta escuchar a generales como el de Carabineros, Rozas, asegurando que no someterá a investigaciones, sumarios ni sanciones de ningún tipo  a aquellos policías que sean acusados de montajes, barbaridades, exceso de fuerza, agresiones sexuales a los detenidos, etc.  Y más impresentable resulta ser la actitud del gobierno y de sus soportes en el Legislativo aceptando que la institución policial se mande a sí misma, descolgándose de la obediencia a las autoridades políticas refrendadas por el sufragio ciudadano, y estableciendo sus propias normas y reglamentaciones, generalmente en beneficio personal y en indudable desmedro, de la sociedad civil. . .

Como impresentable es también que el mando superior del ejército termine un sumario –exigido por la Contraloría General de la República en orden a determinar responsables en el desfalco al fisco– declarando que ‘no hay culpables’…vale decir, que nadie robó ni malgastó  miles de millones de pesos recibidos por la vía fiscal.  

Es de esperar que exista al menos un general, o un almirante, un senador o un diputado, un editor de prensa o un director de noticieros centrales de la televisión, que desmenuce objetivamente lo que ocurre en el país desde hace tres o más décadas, lo aquilate en su real dimensión  y lo haga ver al resto de sus pares.

La actual administración, con Sebastián Piñera al mando de ella, insiste en apostar al desgaste y cansancio de las movilizaciones populares, basando su esperanza en el apoyo irrestricto de las fuerzas policiales y militares, así como también en el aporte del mega empresariado al que este gobierno –y los anteriores, aquellos de la Concertación y la Nueva Mayoría– han dado carta blanca para explotar a los  recursos humanos y naturales a plena voluntad y antojo.

El país se encuentra en una situación más que incómoda, delicada, grave. Sin embargo, gobierno, parlamento y alto mandos de las fuerzas armadas siguen eludiendo peligrosamente el asunto de fondo, aquel  que millones de chilenos han demandado.

Deben saber, los que mandan y obligan a través de sus aparatos de inteligencia, que posiblemente las movilizaciones vayan reduciendo su masividad (mas, no su ira), pero junto a ello podrían producirse atentados violentos, infames, sangrientos, dirigidos a objetivos y personajes específicos. Todos tenemos la debida información que ello es parte del libreto conocido respecto de estos asuntos, no sólo en Chile, sino también en el resto de los países del planeta. Se sabe que así será.

Si el establishment insiste en no atender las justas demandas populares, ¿querrá que Sebastián Pìñera, el ahora deprimido especulador financiero herido en su ego con un sable sin remache, gobierne con esa realidad a cuestas los  próximos dos años?  Si es así, ¡pobre país nuestro!, pues hay muchos chilenos que no sólo son opositores a Piñera, sino que en verdad lo odian. Nadie es merecedor de ello, pero convengamos que Tatán ha hecho todo lo posible por ser ‘odiado’ en amplios círculos de los electores, de la juventud, de los trabajadores, de los pobladores. Su definición en la Historia no será buena, y lo sabe, pero no ceja en su tozuda aspiración de beneficiar al máximo a ciertos megaempresarios transnacionales que han llegado a convertirse en obesos mórbidos económicamente hablando. Al menos en Chile  así ha sido..

¿Lo sabrá la ANI, lo sabrán los servicios de inteligencia de las fuerzas armadas? Esperemos que sí, porque millones de ciudadanos comunes y corrientes ya lo saben.

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