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Uno en la resistencia, el otro en la represión

Por Manuel Martínez Opazo (@capitancianuro)

Carlos Ibáñez del Campo pasó a la historia, aparte de ser un dictador-golpista, como el creador de Carabineros de Chile, una policía para esos tiempos, moderna y con valores y principios según así se puede señalar en su historia, con finalidades concretas, resguardar el orden y la seguridad pública, acompañar a la ciudadanía y protegerla del bandolero como lo señala una de sus frases de su himno institucional, dormir tranquilos sin miedo a la noche, así esta institución cumplió por años con alguno de estos objetivos, hasta que aprendieron que eran los garantes del orden y la seguridad y en vez de hacerlo como se debe, se convirtieron en los que sabían como se podía usar esta misión para sus fine spersonales. Luego con la dictadura, se convirtieron en cualquier cosa, ya en esos momentos se fue todo al carajo. Fueron no sólo parte activa de la represión, sino además, su Director rastrero, como lo identificará Salvador Allende desde La Moneda en su último discurso,  se hizo miembro de la Junta Militar golpista. Recordar a Mendoza que después del secuestro y posterior degollamiento de los tres profesionales asesinados, dijo que si uno de sus carabineros estuviese implicado él renunciaría, lo tuvo que hacer, ya que no era uno, sino todos los que actuaron en tan deleznable hecho que conformaban una cédula de  terrorismo de Estado como fue DICOMCAR, hoy disuelta. En esos años era amigo de Mario Alberto Rozas Córdoba. Sí, el actual Director General de carabineros, nos conocimos a la edad de 9 años aproximadamente, un tipo brillante en sus estudios, hijo de una humilde mujer oriunda de Linares, con un padre carabinero raso, sin mayores estudios, que termina siendo chofer de una patrulla en la ciudad de Constitución. Mario Alberto no es un hijo común, es el mayor de 4 hermanos,aunque el mayor muere en un accidente cuando Mario tenía menos de 10 años. Susana su madre, le sobre protege, le da mejor trato que a sus hermanos, lo trata como hijo único, y se entiende, hay una suerte de trauma por un hijo que muere en una situación desafortunada. Mario Alberto crece, hace ejercicios vocacionales, sí, deseaba ser cura o al menos eso demostraba asistiendo a diferentes retiros y trabajos de discernimiento, cosa que cambia  cuando determina ingresar a la escuela de Carabineros, azuzado de alguna medida por ese padre carabinero, que ve en su hijo una proyección. No se si a Mario eso le influyó, pero si tengo claro que el nació para querer estar en la cima, y no ser uno más del montón. Fue primera antigüedad de su promoción, asistí a la entrega de espadín a la escuela de carabineros en Antonio Varas, en la primavera de 1987, luego nos distanciamos, me volví a encontrar con él en Isla de Rapa Nui, cuando estaba cumpliendo servicio en ese pedazo aislado de territorio. Conocí a  su mujer, que también es parte de la institución. Supe posteriormente de sus estudios de periodismo en la universidad el Desarrollo, luego en una ocasión nos tomamos un café en el Departamento de Comunicaciones de Carabineros, ya había estado en España, conversamos de muchas cosas,  él ya estaba en su línea de ascenso lo cual me alegró, pensé y lo planteé a más de un amigo en común que Mario llegaría a convertirse en lo que hoy es. Con mi querido y recordado amigo periodista Fidel Oyarzo, lo conversamos cuando Hermes Soto se le pidió la salida por el caso Huracán y la muerte del comunero Camilo Catrillanca,  le expuse como Mario Rozas ya había sido nombrado por Soto general, al salir este se llevaba consigo a un número no menor del generalato, Mario quedaba entre los más probables por entrar a la terna, además si sumamos que fue en el gobierno anterior  de Piñera su edecán de Carabineros, se podía dar la lógica  y así fue. En el 2011 rompimos todo tipo de relaciones de amistad, no por mi, sino por hacerle ver  la brutal represión que ejercía Carabineros ante los estudiantes, me acuerdo un pin pin de recriminaciones que le comenzaron a molestar y no halló mejor forma  de censurarme y terminar la discusión con bloquearme de todas las RRSS  que teníamos en común. No nos vimos más, sólo me lo encontré una vez en una peatonal del centro de Santiago, con sus guardias de seguridad, y se limitó a hacerme un ademán, eso fue en el 2014. Creció el General Rozas, como me dijo un amigo “mal momento eligió para convertirse en el Director General de Carabineros” y si que tiene razón este amigo, pero claro uno puede ser mejor o peor, eso va en que es lo que persigue. En este caso, si un gobierno es malo, con ineptos en las direcciones de las plataformas del interior, poco se puede esperar de los que están bajo esta línea de mando, en el caso de un oficial además que no tienen calle o muy escasa calle peor es la combinación, el provocador y obsesivo mal manejo de éste Desgobierno y su enferma estrategia de manipular, han colocado a  Carabineros  en contra de la ciudadanía, que exige y reclama sus Derechos, su director general solo justifica lo injustificable y se hace parte cómplice de un estado criminal.Hoy veo que este director general terminará como una de las figuras más deleznables de Carabineros de Chile y en alguna medida al igual que Ibáñez del Campo, es probable que quede en la historia, uno como el creador de la policía de Carabineros de Chile y éste como el que sepulto a esta institución.

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