Hay una metáfora del escritor ruso Antón Chejov que detalla la idea que nos interesa describir: si en el primer acto de una obra se expone un arma de fuego en la pared de una escenografía, resultará inevitable su utilización posterior.

Por Lic. Alejandro Marcó Del Pont (@eltabanoeconomi)

Algunas veces los pronósticos son intencionalmente sesgados, lo que los conduce a resultados reiterativamente erróneos, como deja expresado Alfredo Zaiat en su artículo “Otro año de errores groseros de economistas de la city”.

Exhibir los continuos desaciertos y presagios de los economistas del establishment para el año pasado y augurar sus futuros fracasos ya es un clásico de la ocurrencia y del ingenio del primer mes del año para el periódico Página 12. Y como bien dice el autor, año tras año los “denominados gurúes de la economía volvieron a confundir deseos con realidad”.

Lo que si deberíamos advertir es que en algunas ocasiones, y sobre todo en estos tiempos, los deseos pueden confundir a la realidad o están intencionalmente dirigidos a extraviarla. Por ejemplo, no ha valido hasta hoy una digna sepultura, y menos aún una lápida con su nombre, dado el anonimato, el contratista americano supuestamente asesinado en Kirkuk –ciudad petrolera kurda de Iraq– por misiles chiítas, que desencadenó las represalias de Estados Unidos y desembocó en el asesinato del general Qasem Soleimani en el aeropuerto de Irak.

Nadie se preguntó mínimamente su nombre, ni siquiera The New York Times, que dio la noticia, algo que pasó desapercibido como los tendenciosos pronósticos de los economistas de la city. Lógicamente, para las predicciones de este escrito, los valores del petróleo que suponíamos tenderían a la baja durante el 2020, y complicarían aún más a los países exportadores, modificaron su tendencia con posterioridad al ataque estadounidense.

Aplicar el método científico y hacer predicciones en las ciencias sociales es claramente mucho más difícil porque los sujetos que se estudian son los seres humanos. El método científico está lleno de trampas: errores humanos; datos inadecuados; supuestos poco realistas; conclusiones inconsistentes, como dice Michael Robert, y también la presencia de muchos Donald Trump que modifican la escenografía, pero siempre dejan el arma de fuego en la pared.

Aun así, es interesante imaginar los futuros movimientos económicos mundiales y latinoamericano para fantasear el tablero en el cual tendrá que moverse el nuevo y agobiado gobierno argentino.

En 2019 las economías de América Latina y el Caribe crecieron a una tasa promedio del 0,1%. Las proyecciones de crecimiento para 2020 por parte de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) no son muy prometedoras; el crecimiento estimado de los países será de un 1,3% en promedio. De proseguir este escenario, los siete años entre 2014 y 2020 serían los de menor crecimiento económico en la región en los últimos 40 años.

Durante 2019 el mundo creció solo un 2,5% —la menor tasa de expansión desde la crisis financiera y económica mundial—, con desaceleración generalizada tanto de las economías desarrolladas como de las emergentes. En el 2020 la mayoría de las predicciones llevan el PBI mundial con suerte a los mismos raquíticos niveles del 2019, con una China creciendo por debajo del 6%, la menor tasa desde 1990, un Estados Unidos por debajo del 2% y, en lo que respecta a Brasil, el mayor socio de interés, la mayoría de los pronósticos lo ubican en torno al 2% o 2.3%.

a) Las cifras 2019-2020 son proyecciones

Sin entrar en explicaciones pormenorizadas, el año anterior estuvo rodeado de incertidumbre básicamente por los desacuerdos entre EE.UU. y China y por el Brexit; ambas disputas arrastraron consecuencias comerciales, de crecimiento y de inversión. América Latina, que había asimilado a la baja estas disputas, centró la atención de los mercados en los últimos meses de 2019 por el notable aumento de la inestabilidad política y social, que abre un interrogante para el 2020 en cuanto a las elecciones bolivianas, la nueva constitución chilena, la liberación de Lula en Brasil, los traspiés de Ecuador y la negociación de la deuda Argentina.

Una parte de las disputas podría dar señales de disipar la incertidumbre con la tregua de la guerra comercial, aunque sujeta con alfileres. El Brexit y el triunfo de Boris Johnson con una amplia mayoría despeja dudas en torno a la salida el 31 de enero de GB de la Unión Europea. No obstante queda cerrar los acuerdos, monitorear los daños de la economía, lidiar con los independentistas escoceses y su nuevo pedido de referéndum, así como el back stop de la frontera irlandesa y la pelea de una Irlanda única después del triunfo unionista.

Por el lado de la tregua comercial el 2020 arranca con un acuerdo mínimos entre EE.UU. y China, atado con alambre y pendiente de la evolución de los sondeos electorales. Del acuerdo se desconocen los detalles, pero parecen recoger la disposición de China de comprar más productos agrarios de EE.UU. a cambio de que la administración Trump dé marcha atrás en algunos aranceles y cancele nuevas subidas. Los únicos perjudicados a la vista son Brasil y Argentina, que habían logrado incrementar sus exportaciones a China en 30.2% y 60.3%, respectivamente, por el desaire asiático a la compra de productos agrícolas a Estados Unidos.

Si estos desacuerdos se desvanecieron en parte y de manera temporal, el asesinato del general Qasem Soleimani en el aeropuerto de Irak volvió a instalar la duda y la inseguridad en el contexto internacional. A esta incertidumbre hay que agregarle las consecuencias de la debilidad de la actividad económica mundial sobre el comercio, las deudas y la rentabilidad de la inversión, todas con su repercusión en el empleo.

Para 2020 se prevé un crecimiento del volumen del comercio mundial del 2,7%, con un considerable sesgo a la baja, si el que el 2.7% tiene algo de real. La dinámica de los precios de las materias primas, un factor relevante para las economías de América Latina y el Caribe, muestra una reducción generalizada de alrededor de un 5,0% en 2019. La tendencia a la baja se mantendrá en 2020 en gran parte de los productos básicos que exportan los países de la región.

b) Incluye, petróleo, gas natural y carbón
CEPAL

Queda claro que la concatenación de sucesos relacionados con el bajo crecimiento desalienta la inversión, reduce el empleo y minimiza el comercio, por lo que las políticas fiscales, más que las monetarias, jugarán un papel importante. El superávit comercial sigue siendo el norte de las economías latinoamericanas aunque con distantes melodías, dependiendo sus exportaciones y su situación interna.

Por un lado, contribuyen a empeorar el superávit comercial regional los países exportadores de hidrocarburos y minerales (Estado Plurinacional de Bolivia, Chile, Colombia, Perú y Venezuela y Brasil, con el desastre de la minera Vale do Rio Doce en la localidad de Brumadinho), en donde se produjo un deterioro del saldo comercial, producto de una caída de las exportaciones. Por otro lado, Argentina debe su saldo positivo a una generalizada caída de las importaciones por el deterioro de su economía interna.

El problema aquí es la caída de los valores de bienes exportables. Como dijimos, quienes sean exportadores de petróleo podrán mejorar sus precios, pero en lo que respecta a minerales, sobre todo cobre, que está íntimamente relacionado con el crecimiento de la producción mundial, se antoja un futuro pesimista. Los principales indicadores chinos relacionados con el precio del cobre van a la baja, por lo que su precio también se verá reducido, afectando a Chile (21% de las exportaciones a China) y Perú, con 21%.

Argentina debe seguir de cerca las exportaciones a sus principales socios comerciales, Mercosur (Brasil), Chile, UE, Nafta y China y con gran interés a Vietnam, Magreb y Egipto. Lo que preocupa es que sigue exportando productos primarios, maíz en granos, soja, aceite de soja, malta, cebada, y ha perdido exportaciones en vehículos, biodiesel, aleaciones de aluminio, minerales de cobre, más relacionados con la industria y la generación de empleo.

En 2019 la debilidad de la actividad económica provocó, a nivel regional, un nuevo deterioro del mercado laboral, que se expresó en el empeoramiento de una serie de variables y fue bastante generalizado entre los países de la zona. La tasa de desocupación nacional se incrementó, en promedio, de un 8,0% a un 8,2%. Aproximadamente un millón de personas engrosaron las filas de desocupados, con lo que el número de quienes buscan un empleo en la región ascendería a 25,2 millones de personas.

Las reformas laborales y la flexibilización no han hecho diferencia en la contratación ante una demanda interna débil y una externa peor. Al respecto, cabe destacar el empeoramiento de la composición del empleo por categoría de ocupación a causa de la debilidad de la generación de empleo asalariado y, sobre todo, de empleo formal, así como el aumento de la subocupación horaria y de la informalidad. La falta de inversión deteriora aún más las expectativas. El Estado emprendedor será el eje del impulso laboral, no los privados, y menos con las perspectivas desalentadoras del 2020.

Liquidez, deuda y superávit serán las estrellas del 2020. Veamos por partes. La contrapartida de bajas en la tasa de interés que generó el incremento de la liquidez mundial dio lugar a una acumulación de deuda que llega a una cifra récord de 251 billones de dólares en el segundo semestre de 2019, lo que representa el 320% del producto interno bruto (PIB) a escala mundial,es decir la deuda crece por encima del PIB y el ingreso.

b) La cobertura corresponde al gobierno general en el caso del Brasil y al Tesoro General de la Nación en el caso del Estado Plurinacional de Bolivia CEPAL

Aquí hay una serie de temas sumamente interesantes, los niveles de deuda y su rentabilidad negativa, por un parte, y el papel que han asumido las instituciones financieras no bancarias (incluidos los fondos mutuos, las compañías de seguros, los fondos de pensiones y los fondos soberanos) en la provisión de crédito, por la otra. Los activos totales estimados de estas instituciones (135 millones de dólares en 2018) han excedido a los del sistema bancario (127 billones de dólares en 2018).

El Banco de Pagos Internacionales (BPI) estimó en septiembre de 2019 que el monto de la deuda global transada con rendimiento negativo equivalía al 20% del PIB mundial, unos 17 billones de dólares, número que se ha casi triplicado desde octubre de 2018. Casi un 90% de esta deuda está nominada en euros y en yenes.

El primer punto, que existan rendimientos negativos, obedece y reafirma, además, la inexistencia de futuro. Los inversores se refugian en el corto plazo o elevan el valor de los bonos, lo que retrae los niveles de rendimiento. Esto sería en el panorama general una buena noticia para Argentina, si diera en su refinanciación tasas positivas y plazos aceptables. Brasil, el segundo en discordia, esta cooptado por los beneficios del sistema financiero en el pago de intereses, de manera que las políticas tienden a primar el superávit fiscal para generar los recursos de pago eliminando derechos sociales mínimos, como jubilaciones, flexibilidad laboral, congelamiento del gasto por 20 años, etc.

El segundo punto, fondos mutuos, las compañías de seguros, los fondos de pensiones y los fondos soberanos sean quienes financian el crédito, es una buena o mala señal, dependiendo de las pretensiones. Hoy los miedos hacen que se refugien en bonos de países solventes, por eso lo negatividad de los rendimientos. ¿Podrán los países periféricos seducirlos para préstamos o inversiones?

Comienza la danza de las políticas macroeconómicas y, sobre todo, en Argentina, donde las políticas monetarias han fracasado de manera estrepitosa por lo que la politica fiscal será la vedete. El resultado primario para Latinoamerica puede que alcance el -0.2% del PBI para el 2019, en comparación con -0.4% del PBI del 2018. Esta caída se debe principalmente al derrumbe del gasto, obviamente excluyendo pago de intereses.

Los ingresos siguen siendo los mismos en función del PBI, el 18.1%, y el problema para el 2020 de las mayores economías de Sudamérica es que los gastos totales van a aumentar por el pago de interés, lo que lleva a un mayor financiamiento si los ingresos bajan, como se supone por la caída de los commodities, lo mismo que las inversiones y la contracción mundial.

Los gastos totales, por su parte, registrarían el tercer año consecutivo de contracción como reflejo de la combinación del recorte del gasto primario y la estabilidad en los pagos de intereses. Se espera entonces un resultado global del -3,1% del PIB, en comparación con el -3,3% del PIB de 2018. La dinámica de los últimos años del neoliberalismo ha sido la retracción del gasto, las políticas de ajuste, la concentración del ingreso y la pérdida de beneficios sociales, pero esta idea parece haberse agotado, como lo indican las manifestaciones y marchas en distintas partes del globo.

Un mundo con crecimiento lento, un comercio en decadencia, necesidades de inversión, trabajo y dólares, plagado de incertidumbre, y con restricciones impositivas notables y necesidades sociales infinitas es el panorama latinoamericano. Atiborrado de deuda y necesidades de financiamiento en un mundo que ya hecho lo suficiente para fracasar. No habrá mas represalias entre EE.UU.-Irán, no al menos que lo poco que falta para que la economía se suicide se termine de poner en marcha.

Argentina dependerá de la negociación de la deuda. Ese es el punto central de cuánta miseria tendrá que administrar, dependiendo lo que quede. Tendrá que esforzarse en imaginar soluciones alternativas, pero el escenario mundial no ayuda en nada. Y tendrá que trabajar muy fuerte en la difusión y comunicación de las políticas, porque hasta ahora la estrategia de prensa ha brillado por su ausencia, y dado el grado de conflictividad de los medios opositores, los horizontes son cada vez más cortos.

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