Que la televisión lo dijo, que lo leí en la prensa escrita, que el periodista del noticiero central lo expuso, que los editores hacen la pega sucia y los pobres periodistas sólo cumplen su trabajo, así podríamos llenar varias páginas de justificaciones pueriles y bastante lejanas a la realidad.

Por Manuel Martínez Opazo (@capitancianuro)

El periodista es ese ser que se juega por develar la verdad, entregar la información lo más ajustada a la realidad, no especula, no mezcla su ideología con el enfrentar la noticia, aunque esto le pueda traer hasta complicaciones en su espacio laboral, el verdadero periodista es ese que sabe de ética y valores frente a esa profesión que abrazó.

Hace unos días atrás escuché en la calle en medio de una manifestación cómo insultaban a quienes portaban una cámara y micrófono de medios tradicionales, y les preguntaban para qué estaban ahí si luego en las noticias de la televisión todo lo amoldaban y hacían una edición de los hechos; fue una fuerte protesta donde no faltó ese otro periodista que conminó a que fueran a decirle eso a los dueños de los medios, que dejaran a estos pobres periodistas hacer su trabajo; puede que ese tenga razón, pero si tú como reportero serás solo ese que recogen información y no eres capaz de golpear la mesa a la hora que debes dar la noticia o simplemente otro te pone condiciones de cómo debes tratar la noticia, estamos entonces en manos de un grupo de profesionales de muy mala monta. Si tuvieses valores y fueras realmente comprometido con tu vocación que transformaste en profesión, estarías creando tu propio medio, saliéndote de la burbuja de ese mundo paralelo en el cual nos han deseado llevar los medios “oficiales” que están vendidos al mejor postor. Se entiende que el Premio Pulitzer es un reconocimiento al que está donde las papas queman y sabe exponer con detalle y objetivamente el «qué pasó» para que la opinión pública se cree una real juicio y sea informada para tomar determinaciones propias, de lo contrario estamos en un juego de manejar, manipular y desinformar, que a la larga es mucho más peligroso que mantenerse en manos de los que han comprado el medio.

Cuando veo televisión, cada día trato de no hacerlo, justamente para no desinformarme o leo alguna prensa escrita, que por lo general está lejos de mi alcance, siento que estos dos medios han cruzado ese límite del real sentido de hablar de lo real, creando posverdad, recreando lo que sucede y haciendo focos en lo morboso, burdo y delirante que es buscar esa nota amarilla que da sentido a la crónica roja.

Somos receptores y tenemos el derecho de exigir a los periodistas que hagan su trabajo en forma profesional y transparente. Nunca olviden que son parte del cuarto poder y desde ahí pueden generan cambios, para bien en muchos caso o para mal en otros muchos. Miren al propio El Mercurio que por décadas estuvo en la conspiración, prestándose para joder gobiernos, derrocar gobiernos, armar intrigas, hurguetear en la mentira y ser una herramienta poderosa en manos de los que han mantenido a este país secuestrado, claramente no es solo culpa de los editores o de los que hacen de vehículos comunicantes sino también de los que juegan con esas cartas y se siente hasta bien cuando aparecen es sus páginas sociales o siendo considerados para armar una opinión discrepante a lo oficial de la línea editorial, son los útiles que nunca se dieron cuenta que eso hace que el monstruo siga vivo y con privilegios, el rito de estar en este medio , ya sea de la casta política como ese que necesita llegar ahí, hacen que seamos también parte del show banal de la prensa que se dice seria y, la verdad, lo menos que tienen es seriedad para darle tratamiento a la noticia.

Por otro lado están esa suerte de gurú que deambulan por los medios, ya sean escritos como radiales y televisivos, esos que se siente dueños de la verdad, que no aceptan una corrección en su equivoco, esos que el ego les pegó tan fuerte que uno no sabe que si lo que hacen o escriben o señalan es para quedar bien con los muchos o lo hacen por principios y convicciones de una real profesión como es este hermoso y gran oficio. Narcisistas que están bien evaluados, muy bien pagados, pero adaptados al sistema, discrepantes pero no directos frente a quienes deben serlo y mucho menos capaces de cuestionar al medio, si éste los está frenando o generando una suerte de freno al enfrentar la cámara. Dar nombres estaría de más, pero cuando veo a esos que dan noticias o crean programas de debate político, que pena dan, en verdad, ¿para esos estudiaron?.

Cuando veo además a otros muchos sujetando un micrófono, sin ser capaces de enfrentar con una pregunta concreta y certera al entrevistado, me pregunto ¿tendrán miedo de hacer su trabajo? ¿Para qué llevan el cartel de periodistas si no son capaces de armar una buena pregunta? Preocuparse de quién y porqué van a entrevistar tal o cuál autoridad o personaje público, si desconocen que hizo, hace o pretende hacer. ¿Cuántas veces uno aplaude una buena pregunta? Muy pocas, ¿y saben por qué?, porque muy pocos saben hacer preguntas, la educación es la respuesta a estos porqué, si desde la facultad le están preparando para ser un acomodador de micrófonos o quieren que seas el tonto útil del medio en el cual vas a trabajar, es claro que algo está muy mal en la malla curricular y en esos muchos que hacen de profesores, formando a estos, deben replantearse como mejorar la profesión, teoría de la comunicación puede ser un muy buen ramo, pero si eso no lo sacamos de la teoría y le damos contexto en la práctica, poco sirve teorizar.

Hace unos años atrás, cuando actuaba de columnista en el diario la Nación, vi cómo el mal periodismo hasta en un lugar que no se requiere estar en la descarnada competencia de los medios era patente. Tocaba entrevistar a dos rostros de la TV que empezarían un programa y uno de los periodistas que estaba a cargo de la nota le dijo al que sería el entrevistador que le preguntaran, más allá del contenido del programa, sobre la muerte de su nieto en la piscina, les pregunté y se los expuse, cuál era la finalidad, por qué el morbo, para qué llegar a hurguetear en el dolor, servía eso a alguien, respuesta, sí, eso es lo que vende… o sea buscar vender una noticia es la finalidad del periodismo pedorro, puede ser, pero el verdadero periodista no entra en esa línea tan sensible y fina que les hace parte de lo vulgar.

Ojalá en este despertar de Chile, en esta toma de conciencia, los que son parte de la prensa, despierten también desde los mismos medios, las conductas mal aprendidas cuesta mucho erradicarlas, más si esto es un habito casi cultural, pero siempre se puede, por eso cuando veo medios alternativos, cuando veo que todos tenemos un reportero dentro, armando nuestra propia revista diaria en cada una de nuestras rrss creo que si podemos exigir a los que lo hacen no como pasatiempo, sino como profesión, que lo hagan en serio, que tomen con esa seriedad su trabajo y se dejen de armar un país paralelo, donde les resulta más ventajoso darle la razón al dueño del medio, que no es propiamente tal un interesado en el bien común, que justamente velar por el ciudadano que les está viendo a diario, de ustedes también depende que esta nación que entra en esta nueva década sea un país más justo y verdadero y no ese que creamos lleno de mentiras y trampas y lo quisimos mostrar como normal, como ejemplo a seguir.

Bien por la prensa alternativa, pero cuidado con pensar que son mejores que los otros, miren que si se los come ese tipo de pensamientos, dejan de ser objetivos y terminan haciéndose parte de lo que detestan, o sea ser parte de la mala prensa.

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