Observo a esos parlamentarios hablar de saqueos y quemas, pero jamás alzan la voz por los muertos que suman ya 30 y los más de 350 mutilados, no son números estadísticos para engrosar listas, son HUMANOS, como tú o como yo, personas con deseos de vivir la vida en forma normal, a pesar de que en estos tiempos lo normal nunca se podrá explicar.

Por Manuel Martínez Opazo (@capitancianuro)

Me quedé pensando en la oscuridad de mi habitación, sobre lo qué significa tener ideales, deseos de mejor calidad de vida, querer un país más sano, con menos injusticias y desigualdad, de salir a la calle como miles de compatriotas y exigir lo que no debiese ser materia de discrepancia que es la justicia social. ¿Saben? Esto a varios les significó quedar por siempre marcados, de por vida sin un ojo, pienso en Gustavo Gatica, estudiante universitario de 21 años que se convirtió en el primer manifestante, producto de la brutal represión, en quedar totalmente ciego, producto de perdigones disparados por Carabineros de Chile.

Ese 8 de noviembre, quedará marcado como una fecha de dolor imborrable causado por este gobierno criminal. Gustavo resultó herido mientras tomaba fotos en aquella manifestación, en medio de lo que hemos rebautizado como “Plaza de la Dignidad”. Afecta porque he participado en manifestaciones y protestas en contra de este sistema, me reconozco en Gustavo como un igual a él. Por años hice fotografías de protestas callejeras que se daban en los años de dictadura, pero nunca -a pesar que era una dictadura sin límites y asesina- se puede recordar que en ese entonces no les dio por marcar de esta forma a adversarios y manifestantes; claro, eran más radicales, de buenas a primeras los mataban, pero en una dictadura cualquier cosa se puede esperar. Recuerdo haber sido testigo del baleo a Pachi Santibáñez, en el frontis del Teatro Municipal, por un carabinero del tránsito, tiempos horribles, años que uno desearía que quedaran incrustados por siempre en esa noche oscura, pero hemos vuelto como en un déjà vu

Hoy al pensar en Gustavo Gatica, no puedo sacarme esa sensación de horror, asco, encono, ira de quienes hacen premeditadamente este tipo de acciones, porque si fuese un herido de balín en un ojo, uno podría pensar que es azar, pero no, son más de 350 mutilaciones que se programaron, se ordenaron, se ejecutaron y entre aquellas un joven de 21 años lo dejaron ciego.

Gustavo fue llevado ese día a la urgencia de la Clínica Santa María, ya tenía la pérdida total de uno de sus ojos y claramente el otro corría peligro, tras 17 días el resultado infructuoso fue el que hoy conoce todo el país, quedó ciego, no fue accidente, fueron los criminales que hacen la pega sucia de la represión, ésos que a su vez responden a un aparato que nace desde el ministerio del interior. Hay responsables y deben responder.

Pienso si el día que la acusación constitucional, en contra de Piñera, los diputados evaluaron, sopesaron lo que estaba sucediendo o perciben la situación de terrorismo de estado que se vive. Negaron la acusación constitucional, y acá no sólo responsabilizo a los de la izquierda acomodada, sino a esos que están en el lado del oficialismo, ¿son capaces de ver por la vida humana de otros?, saben que es la empatía, con razón hoy se crean cursos de empatía, si estamos en momentos muy, pero muy distanciados los unos de los otros y jamás nos ponemos en el lugar de ese que sufre de la forma que este joven.

Observo a esos parlamentarios hablar de saqueos y quemas, pero jamás alzan la voz por los muertos que suman ya 30 y los más de 350 mutilados, no son números estadísticos para engrosar listas, son HUMANOS, como tú o como yo, personas con deseos de vivir la vida en forma normal, a pesar de que en estos tiempos lo normal nunca se podrá explicar.

En algún momento han apagado la luz de sus habitaciones y se han preguntado qué se siente, a los 21 años, quedar absolutamente en la oscuridad, caminar en la absoluta tiniebla, más encima con un trauma psicológico de ese ¿por qué a mí?, ¿en qué momento estuve dónde no debía estar?, porque esos simplistas que arman los análisis sin empatizar dicen ¿qué tenía que andar haciendo esa persona ahí?, propia de los discursos que avalan el crimen y el horror.

Muchas preguntas claramente surgirán, pero no hay respuesta cuando los hechos están consumados, sólo se puede hacer que la justicia en alguna mínima medida sea una forma de reparación, por lo mismo existen actos de reparación a las víctimas, pero ¿porqué debiesen existir?, si esto se podría prevenir con una policía que cumpla los protocolos, profesional, no enajenados con un sueldo pagado con nuestros impuestos, para proteger los intereses del capital ajeno cuan perros guardianes, es ahí donde uno debe poder el foco, la intensión, el acento.

Gustavo Gatica no sólo le cegaron, sino le cagaron literalmente su vida, háganse cargo señores parlamentarios, que la historia les recordará como cómplices pasivos y otros no tan pasivo, sobre todo aquellos que fueron incapaces de tomar determinaciones que incluso son materia legales que si se pueden aplicar y que están consagradas en la propia constitución que para algunas cosas detestan, pero para otras utilizan como argumento legal. Es raro ver a un parlamentario de esos que no quiso acusar constitucionalmente apelar a la democracia y su debilitamiento, cuando esta se debilitó hace bastante y nunca fue una democracia plena, sino tutelada.

Quise armar esta columna para hacer una suerte de homenaje a todas las víctimas de la represión que represento en la persona de Gustavo Gatica, uno de los muchos que han sido afectado en forma directa en este comportamiento de violar sistemático los derechos humanos por el gobierno de Piñera desde el día que se inició el estallido social.

Románticamente podremos decir “por nuestros ojos tu seguirás mirando estimado Gustavo”, pero claramente en el objeto de continuar tu vida, todo se apagó y no será nunca más lo mismo, por eso creo que se hace muy justo y urgente exigir que los culpables, tanto materiales como creadores intelectuales de todo este caos, no queden impunes y sean puestos en manos de los tribunales de justicia, entendiendo que como Chile posee un sistema presidencialista, el que debe si o si responder por todo este estado de terror es la persona del presidente de la República, Sebastián Piñera.

Mientras no haya justicia seguiremos en las calles, mientras no haya justicia esa paz, que tanto se empeñan algunos en implantar, será estéril, como la paloma carroñera símbolo que le representa.

Justicia para Gustavo, justicia para todas las víctimas de la represión.

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