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Vamos por más del 10%

HACE UN tiempo atrás escribí que habían ganado los malos, aunque en muchas ocasiones siento que, en un mundo poblado de villanos, saber quién es malo o menos malo es complejo.

Este pasado miércoles la Cámara de Diputados aprobó en general la idea de legislar sobre un proyecto de ley que permite el retiro del 10% de las AFP por parte de los afiliados; esto generó una histeria colectiva de parte de los administradores y sus protectores: el gobierno, en medio de la determinación de aprobar dicho proyecto y sabiendo que algunos díscolos claramente darían respaldo a la iniciativa, hizo viajar en forma urgente a tres de sus ministros para convencer a las bancadas de no cometer este “imprudente” acto. Es claro que el chancho en engorda se les puede morir y freír la grasa es sinónimo de repartirlo entre quien alimentó por décadas este animal hecho de dinero con el esfuerzo de la mayoría.

Corría el mes de noviembre de 1980 cuando José Piñera (ministro de la dictadura) impulsó un nuevo modelo para darle administración a los fondos de pensiones de los trabajadores, y como se vivía -repito- en una dictadura, la implementación de un sistema, cualquiera este fuera, ya que los que habían secuestrado el poder si lo creían conveniente se aplicaba, así fue como a fines del 82´ y hasta la fecha las mentadas AFP se convirtieron en el único ente administrador de todos los fondos previsionales de los trabajadores, quedando destinados al término y disolución las cajas de pensiones y otros tipos de recaudadores; pero como la dictadura cívico-militar protegía a los suyos, a esos que se hacen llamar “la familia militar”, esta medida no rigió para ellos: así fue como las Fuerzas Armadas y Carabineros mantuvieron sus propias prestaciones de servicio (CAPREDENA Y DIPRECA, respectivamente).

Los ‘80 son los años donde el Estado de Chile acredita a la Banca para que esta no termine en la bancarrota, con un préstamo que recién en el 2019 el Banco de Chile terminó de pagar. Se hace pensar que seguramente las platas prestadas a la banca de ese entonces fueron sin duda un aporte obtenido de los fondos que mantenían las cajas previsionales, así desvistieron un santo para vestir un demonio que, por cierto, varios de los que hacían de accionistas y miembros de directorios de esos bancos acreditados, terminaron luego siendo directivos de las nacientes AFP.

La gallada recibió este tipo de dádiva como una posibilidad de hacer que sus dineros al día de jubilar fuesen creciendo y terminaran recibiendo una jubilación óptima, el Propio José Piñera advertía en el Mercurio de la época que los chilenos  “para el año 2020 la Asociación de AFP asegura que los actuales afiliados al sistema jubilarán con una renta equivalente o superior al 100% de su remuneración promedio durante sus años trabajados”; lo penoso es que nunca pasó y en la medida que transcurrían los años este sistema era un completo fracaso, se plantearon varias posibilidades de alternativas para reemplazar el modelo, pero el sector duro de la derecha, conjuntamente con el empresariado depredador, han torpedeado constantemente esta posibilidad y en su torpeza han creado lo que tanto gusta hacer: difundir el miedo y hablar de populismo cuando ellos sienten que se les podría dejar sin un negocito redondo y a la medida.

En estos días se escucha histéricas en la televisión tanto las senadoras Ena VonBaer o van Rysselberghe como la propia Alcaldesa Evelyn Matthei  o Juan Sutil (presidente de la CPC) sin dejar de lado a Cristián Larroulet que, operando desde las sombras siniestras del segundo piso de La Moneda, tratan que el negocio de sus amigos no se caiga; como es común defienden sin mayores argumentos, pero con la convicción que para los sostenedores del sistema esto sería injusto y, por ende, un error a la hora de hacer los retiros, aunque entendamos que la plata no es de las AFP, sino de los contribuyentes y también que si este dinero de propiedad de cada afiliado genera valor en el mercado financiero, ¿por qué no sería justo que eso fuera puesto a disposición de cada uno? Es irracional la hipocresía del sistema que sea aceptable perder plata invirtiendo mal, pero no acepta entregar a los afiliados, en este caso excepcionalmente, el retiro de un 10% de sus fondos.

Cuando en los primeros meses del año se perdieron grandes sumas de dinero de las AFP, no fue motivo de crítica y todo se trató de tapar con muchas evasivas, pero ahora que se pide un apoyo a la clase media, ahora sí trae la crítica en bloque del sector que protege el capital ajeno como si fuese propio.

El gobierno no da el ancho en muchos flancos y menos tiene salidas apropiadas para ayudar en medio de la pandemia a la clase media; por lo mismo nace esta iniciativa de ley por parte de parlamentarios, que es apoyada por un enorme porcentaje de ciudadanos y por la misma razón 11 diputados del bloque oficialista ven que esta es una salida -al menos por un tiempo- a lo que se está viviendo hoy en día. El Senado tiene la palabra, los votos comprometidos por el sector opositor suman 24, faltarían 2 para que el proyecto salga a la luz, esperemos que la sensatez de algunos en la derecha resurja y, definitivamente, este dinero quede a disposición de los afiliados. El tema está sobre la mesa, pero también se abre con mucha fuerza la discusión del destino de las AFP: se sabe que es un sistema fracasado, que huele mal y que de futuro no posibilita los augurios que en los ‘80 pregonaba su mentor.

Ojalá que salgamos de una buena vez del estado de confort, donde nos encontramos en muchas materias secuestrados y nos demos una real discusión sobre qué queremos para este tipo de acciones que nos involucran a todos. No podemos pensar que no hay nada más que las AFP, no podemos negarnos a crear otro sistema que sea justo y solidario con cada uno de los que al término de su vida laboral activa no se conviertan en miserables recibiendo jubilaciones de hambre y dependiendo del bonito de turno. No podemos dejar que los malos ganen, que los enfermitos gobiernen y mucho menos no podemos seguir avalando un sistema que está haciendo agua por todos lados, cuando uno se sienta a esperar que los otros actúen y en medio de esos otros se nos infiltran los que trabajan para ellos y no para el bien común. Nos jodemos, es ahí cuando los malos vuelven a ganar. ¿Estamos dispuestos a permitirlo una vez más?

Te invitamos a opinar y debatir respecto al contenido de esta noticia.

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