EL ORO y el moro. Cualquier cosa… casi todo… o mejor dicho, todo… pero jamás tocar las AFP. Ha sido la desesperada lucha no sólo del gobierno sino también, y muy especialmente, del empresariado nacional. ¿Por qué ese amor desmedido, sin fronteras ni barreras, que mantienen banqueros, financistas, especuladores financieros, predadores económicos y gobiernos del aún vivo duopolio, hacia las Administradoras de Fondos de Pensiones? ¿Cuál es el motivo ’secreto’ de tan cerrada defensa y cobijo?

La verdad es que nunca interesó a banqueros y empresarios el asunto de la “previsión social para la gente”. A ellos el tema siempre les significó la nada misma, una cuestión que consideraban más ‘mochila-lastre’ que derecho legal de sus dependientes. Y en 1980 dos puntuales asuntos vinieron en ayuda de los predadores patronales. Uno, más que asunto, fue una persona, José Piñera Echeñique, flamante ministro del Trabajo y Previsión Social designado por la dictadura cívico-militar.

El otro ‘asunto’ fue la profunda crisis económica que a finales de los años 70 tenía asfixiados y agonizantes a Chile y al gobierno. No había dinero fresco (ni añejo), el programa de los militares y de los ’chicago boys’ se acercaba al fracaso total; las arcas fiscales y la empresa criolla, al igual que la banca, experimentaban lo que tal vez era el último estertor. En cualquier momento los militares y los empresarios ultraderechistas tendrían que abandonar el gobierno reconociendo que les había quedado como poncho la audaz y sanguinaria aventura golpista. Un fracaso histórico, absoluto e irreversible como el de 1924 cuando el golpista ejército hubo de llamar de regreso al país y al gobierno al defenestrado presidente Alessandri Palma…¿asunto irreversible para los sediciosos empresarios y golpistas militares de 1973? Claro que no. José Piñera apareció como oportuno salvador.

¿Qué el país, la empresa nacional, la banca y el agro en manos de pocas personas, así como el mismo gobierno necesitaban urgentemente un chorro de dinero fresco fluyendo libre de trabas mes a mes? Bien, pues… Piñera Echeñique José entregó la solución. Había que apoderarse ‘legalmente’ de los aportes que los trabajadores hacían mes a mes para estructurar sus previsiones que les permitían disponer de una jubilación digna al momento del retiro laboral.

Nacieron entonces las AFP. Una catarata mensual de miles de millones de pesos, sin interrupciones ni entrabes, que los poderosos del país recibirían a manos llenas. La dictadura se encargó de obligar a trabajadores, empleados y profesionales –bayonetas de por medio– a incorporarse al nuevo sistema. Negocio redondo.

A millones de chilenos les sacaban un porcentaje de su sueldo que llevaban a las arcas de la nueva invención ultra capitalista llamada AFP (mediante una publicidad masiva y engañosa), para luego derivarlo en calidad de préstamos con bajo interés hacia empresas, comercio y banca a objeto de oxigenarlas permitiendo no solamente su resurrección sino, también, su predominio absoluto sobre el mayoritario resto del país, con dineros que no les pertenecía.

El negocio pintó colores de rosa y malva a la realidad de megaempresarios y predadores económicos, en especial a la banca, ya que esta mensualmente recibía una verdadera cascada de dinero por parte de las AFP en calidad de préstamos a bajo interés, dinero que luego ofrecían al público como créditos o préstamos, pero con intereses ’legalmente’ usureros. En palabras simples, era dinero de los trabajadores que la banca y las financieras ofrecían a los mismos trabajadores, aunque con intereses asfixiantes e inmorales.

En resumen, las AFP nunca fueron siquiera un símil de organizaciones para sustentar y financiar pensiones y jubilaciones de trabajadores, sino que principalmente fueron –y siguen siendo– una especie de caja abierta de préstamos y financiamiento a bajo interés para empresas, todo ello con dineros pertenecientes a millones de imponentes y ahorrantes, a los que con una actitud campanuda e inmoral se les asegura que sus pensiones son bajas debido a que imponen un bajo porcentaje de sus sueldos y no participan en el nefasto y delictual asunto del APV (ahorro previsional voluntario), el que en palabras reales significa que ‘voluntariamente’ los imponentes regalan más dinero de sus exiguos salarios a los predadores.

Hoy el sistema comienza tener sus primeras jaquecas. Si la gente logra retirar el 10% de sus propios ahorros, los delincuentes de la banca y las megampresas, que han engordado a nivel de obesidad mórbida durante décadas esquilmando a los chilenos, sentirán el sabor amargo de la hiel de la justicia social, y se asfixiarán con el denso humo de la puesta en marcha de un sistema que sea aceptado como ’normal y civilizado’ no sólo por la sociedad civil chilena, sino, también, por las organizaciones supranacionales de nuestro planeta.

Ello significaría que el pequeño mundillo empresarial y bancario chileno tendría que trabajar bajo normas de realidad y legalidad internacionales, moralmente aceptadas por la mayoría de las naciones y vigiladas por un sistema de justicia que, lamentablemente –aún hoy–, continúa siendo furgón de cola de esas mismas cofradías bolicheras y expoliadoras. Pero, no más ni nunca más permitiría la existencia de empresas (privadas y/o fiscales), que ’crecieran’ merced al robo y expoliación del esfuerzo y trabajo de millones de personas.

La tarea es ardua para el país, sin embargo debe realizarse. Un drástico y efectivo primer paso sería, sin duda, redactar una nueva Constitución Política del Estado. Allí se encuentra el huevo de la serpiente, y ese es el punto exacto donde debe comenzar a estructurarse democrática y solidariamente un nuevo Chile.

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