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Crónica Libre

La traición a la democracia es cuestión de tiempo y de ‘plata’

El triste Chile que se nos viene… ¿o ya llegó?

LA CANCHA comienza a achicarse para algunos conocidos ‘megaterios’ de la política criolla. No sólo para aquellos que se inscriben en la derecha, ni para los de la falsa izquierda socialdemócrata llamada ‘Nueva Mayoría’, sino también para muchos dirigentes de la izquierda ortodoxa, aquella de los viejos estandartes que alguna vez fueron ondeados noblemente por personajes históricos como Luis Figueroa, Volodia Teitelboim, Luis Corvalán y Gladys Marín. Pero no hay camino que tenga ruta eterna, ni hay mar que carezca de puerto. Así ocurre también hoy en nuestro mundillo político.

Terminado el largo período dictatorial transcurrieron, hasta este momento, siete gobiernos democráticos, o supuestamente democráticos (para no entrar en estériles disquisiciones). ¿Es posible señalar a alguno de ellos como una administración encabezada y dirigida por un verdadero estadista, mujer u hombre, cual bien podríamos referirnos a mandatarios de la talla de un Aguirre Cerda, un Frei Montalva, un Allende? Por cierto que no, pese a que no faltará quien trate de rescatar la figura y gobierno de Michelle Bachelet, cuestión que amerita más de una crítica, especialmente en su segundo mandato (2014-2018), dado que le fue casi imposible alinear bajo su mando a las tiendas que supuestamente le habían llevado nuevamente a la Moneda, y que constituían su soporte y apoyo en el Poder Legislativo.

Para desestibar el gobierno de Bachelet, la derecha sacó de sus almacenes el aromático y delicioso ‘aceite fenicio’ con el que embadurnó las faltriqueras de muchos ‘oficialistas’ de entonces. La traición de varios fue inmediata, y sirvió de punto de partida para que meses más tarde otros siguieran las mismas aguas. Lenta y progresivamente el pueblo fue quedando aislado, en soledad y sin defensa real ante el avance de predadores como la banca, las megaempresas y los especuladores financieros.

Muchos de estos últimos personajes se permitían hablar y alabar la “tecnocracia” como forma efectiva de administrar el estado para propio beneficio. La técnica siempre ha debido situarse como apoyo a la política, y no al revés, pues ello debilita de tal manera al sistema democrático-institucional que, más pronto de lo imaginado, ese sistema es socavado y la sociedad civil no sólo pierde confianza en él, sino, además, acepta el totalitarismo como solución a la situación de desmedro en que ella se encuentra, creyendo que es un problema temporal, que se debe a un mal gobierno, o a dos…pero no cae en cuenta que se trata no ya de uno, dos o tres ‘malas’ administraciones, sino que está subyugada por un sistema que ha comenzado a transformarse casi en ‘civilización’.

Cuando ello acaece, podemos asegurar que el ‘aceite fenicio’ ha logrado el objetivo de sus dueños.

Nunca en nuestra historia política habíamos estado tan carentes de figuras y liderazgos como nos encontramos hoy. La realidad actual nos obliga a corear algunas estrofas del famoso tango que en los años ’30 compusiera Enrique Santos Discépolo, ‘Cambalache’, específicamente aquellas que dicen:

Que a nadie importa si naciste honra'o
Da lo mismo al que labura
Noche y día como un buey
Que el que vive de las minas
Que el que roba, que el que cura
O está fuera de la ley.

¿Qué otra cosa podría pensar cualquier chileno informado y demócrata respecto de las actuaciones de políticos de allá y de acullá, quienes se han convertido en indiscutidos representantes del neoliberalismo salvaje que satisface a plenitud a la derecha dura y a muchos sectores de una socialdemocracia centroderechista? Se trata de un sistema que no logra funcionar sin la activa presencia de la corrupción, el nepotismo y el narcotráfico.

Para refrendar lo dicho, un botón de muestra.

En la región de O’Higgins, un diputado ampara, cobija y apoya a un conocido ex microtraficante como candidato a alcalde de una comuna rural de esa región, con el silente y cómplice visto bueno y consentimiento de su propia tienda partidista. El diputado sabe cuál es la calidad moral y curricular de su protegido, pues ha sido reiteradamente informado al respecto por diversos sectores e incluso por gente de su propio partido; sin embargo, ha hecho caso omiso y ya son demasiadas las dudas que circulan en esa comuna respecto de la calidad moral del parlamentario.

Así está Chile hoy. Y que la traición (en política) es cuestión de tiempo y plata, queda ratificado con el hecho que muchos derechistas han comenzado a abandonar el gobierno actual porque de él esperaban libertad absoluta para saquear a voluntad lo que resta por saquear. Ya perdieron el miedo al pueblo, creen poder dominarlo mediante la brutalidad policial y militar si él se osa salir nuevamente a las calles para protestar por lo que le pertenece y lo que le prometieron.

El 18 de octubre de 2019 la sociedad civil chilena –mayoría más que absoluta en el país- manifestó su opinión respecto del interminable gobierno neoliberal desarrollado desde 1990 a la fecha por la sociedad de intereses llamada “duopolio”, pero muchos actores pertenecientes al Legislativo, presentes en una tensa y larguísima reunión la noche del viernes 15 de noviembre de ese mismo año, prometieron -ante un país que les observaba expectante- llevar a buen término las demandas impetradas por millones de chilenos que habían salido a las calle y plazas provocando el histórico ’estallido social’, hartos ya de tanta desigualdad, explotación y corruptelas.

La solidez de lo prometido por los firmantes de un mediático documento titulado “Acuerdo por la paz’, no era tal. Se deshizo rápidamente, cual puñado de sal bajo un hilillo de agua. ¿Serán individuos como los diputados Macaya y Schalper, o el senador Lagos Weber, o Joaquín Lavín, los pretendidos reemplazantes de estadistas de la talla de Aguirre Cerda, Allende y Frei Montalva? ¿Ellos son lo único que tiene Chile hoy día?

Personajes de dudosa moralidad política, entre quienes también es posible señalar a Pepe Auth, Felipe Harboe, Lagos Webber, Jorge Burgos, Andrés Allamand, y otros traidores a sus propios espejos, son quienes han llevado al país a la situación que hoy lo ahoga, y que pretenden fungir como potenciales ‘hombres buenos y sabios’, pese a ser conscientes que miles de personas les señalan como integrantes de la pandilla que arrastró al país a la situación que asfixia a una gran mayoría de chilenos.

Si todo ello continúa creciendo, que las divinidades cósmicas amparen a esta nación, pues es un hecho de la causa que este país podría quedar, finalmente, en manos de delincuentes políticos travestidos en demócratas amparados por una prensa canalla, la que no trepida en seguir mintiendo a destajo y sin rubor alguno para proteger los intereses de quienes lo expolian.

Esa posibilidad quizás no sea todavía muy sólida ni definitiva, pero en política cualquier porcentaje les sirve a los predadores de siempre, aún si la cancha donde se mueven haya comenzado a estrecharse, a achicarse, gracias a las movilizaciones sociales y al alto y profundo nivel de protestas populares que sacuden a Chile de norte a sur.

Ya traicionaron una vez. Bien podrían hacerlo de nuevo para engatusar a los desinformados y continuar pegados a la teta del Estado y a las faldas de megaempresas sin patria, dios ni ley, pero se sospecha que esta vez la respuesta popular y masiva sería incontrarrestable.

Te invitamos a opinar y debatir respecto al contenido de esta noticia.

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