“LOS hombres tienen miedo a que las mujeres se rían de ellos. Las mujeres tienen miedo a que los hombres las maten”. Frase que me caló hondo después de ver una serie donde se muestra que ser mujeres es sinónimo de objeto de reproducción en tiempos de infertilidad, siendo culpadas y sin pruebas.

El maltrato a la mujer por serlo llegó hasta a ser romantizada durante siglos e independiente de las culturas de cada lugar, donde más encima y hasta el día de hoy se sigue obligando a poner el beneficio de la duda al victimario masculino.

Esto no es primera vez que ocurre. Y es bastante probable que vuelva a ocurrir, en este país si no quisiera decir mundo– donde francamente te desprecia por ser cierta cosa, clase, y sobre todo, mujer.

Durante la historia mientras los hombres (no todos, aclaro) fueron desarrollando a una apodyposis a luego convertirla en una realidad porque “así se les enseñó”. No solo relativos, la cultura en sí que ha dejado a las mujeres en el anonimato cuando hacen un logro impensado. La agresividad con la que llevan a cabo por causas de terceros vivos e inertes, fueron obligadas a esconderse, y se aprovecharon de rebajarlas en lo más profundo.

Con el tiempo, incluso ellas mismas, se terminaron creyendo que su nivel siempre tiene que ser abajo o si no, el hombre debe de pegarte para “educarte”, hasta llegar al punto de aprovecharse con tu cuerpo. ¡Cuántos testimonios de mujeres ya muy mayores que les cuentan esto por fin a sus hijas y nietas para que no les pase lo mismo y no se convierta en un círculo vicioso! El aprender por fin a defenderse y enseñar que mujeres y hombres son parte de uno solo, sin prejuicios ni nada así. Y que por cosa de género tienes que ser tal y tal. Uno y una puede ser quien quiera.

Pero no muchas y muchos tienen esa suerte de ser enseñados sin óbices. Cuantiosas familias mantienen tradiciones sobre todo machistas o simplemente no les importa el comportamiento descontrolado de algún relativo, naturalizándolo, hasta romantizándolo, como he dicho anteriormente. No solo terceros, hasta la mismísima era contemporánea como la televisión, se ha estado incluso hoy encargándose de minimizar traumas psicológicos, psiquiátricos. Redes sociales permitiendo la entrada de victimizaciones de personas –si es que hay que calificarlo de esa forma- que han cometido un delito asociado al género. Esto ocurrió de nuevo, y más encima si hablamos de un hijo de alguien importante y tiene de todo para zafarse, la víctima es rebajada por enésima vez, quedando con el caso a medias, sin juicio y esperar dos a tres días a que lo olvidemos.

Eso último, solía pasar. Olvidamos a esas mujeres que han pasado por penurias y reclamaban justicia mientras el mundo masculinamente-prehistórico mostraban las lágrimas de los victimarios para excusar que fueron provocados y terminaron siendo perdonados. Y las víctimas, vivas y muertas, terminaban en la incertidumbre, el trauma, hasta llegar a los suicidios bajo esas sensaciones de culpa por provocar a alguien que no tiene consciencia de darse cuenta que maltratar a una mujer es lo más perverso del mundo.

Hace no mucho, pasó con una; llamada Antonia.

Una chica como muchas; llena de vida, sueños, muchas cosas que pudo hacer en el futuro, de no ser por alguien con quien ya contaba con antecedentes pasados en bases de abuso sexual, terminó por arruinarle la vida de las formas que ni quisiera mencionar por sus niveles de atrocidad dentro de una violación. Quien además, no solo él; también una tropa de cómplices que empezaron con amenazarla y a sus relativos, dejándola en un estado psíquico incontrolable que la llevó directamente al suicidio.

El nombre de ese abusador es Martín Pradenas.

Ese mismo quien se menciona en estos días, con tal de no olvidar tanto su nombre como el de su víctima, ya que antes –y algunas veces hoy- siempre los dejaban con iniciales y con las caras cubiertas, mientras que a las víctimas les colocan hasta sus ruts, fotos en alta definición y el periodismo cómplice colocando párrafos para hacer que los papeles se reviertan, como si la víctima fuese la culpable de provocar a un violador serial. Y pongo esa última palabra bajo mi responsabilidad debido a que Martín, como dije, ya tiene antecedentes pasados de haber abusado de hasta menores de edad. La probabilidad del número es que sea más grande del que se tiene archivado. Y cuantiosas evidencias que ya se pueden ver en redes por muchas veces que los borren terceros, está muy clara la situación en la que se encontró Antonia contra un tipo que no pensó dos veces y la enajenó.

Dejando en absoluto culpable. Todo estaba claro. ¿Pero qué pasó?

La defensa que ya años atrás se han dedicado a dejar en baja a las víctimas con cuantiosas excusas de que aún creen que absorberemos y digamos “oh, con razón”. No. Por ejemplo; usaron el estado de ebriedad como evasiva, y una tan tonta como para dejar culpable a la víctima de “provocar” el hambre de un victimario que ya he hecho esto antes, alevosamente y en la más alta impunidad. El abogado que se usó ya tenía la reputación de destruir al oponente de unas formas realmente absurdas, sin sentido que lo entiende la gente que aún vive en el pasado. Y agregando al periodismo, durante los noticieros que relataban lo ocurrido, no faltó el micrófono abierto que vociferó lo siguiente: “Era una loquilla”.

Y se oyó bastante claro, como algunos mensajes en las redes de mayoritariamente hombres usando descripciones que no mencionaré por asco apoyando a un violador que ya le han perdonado por serlo. Un hombre. Incluso en una de esas leí cierto mensaje que asocia a la culpabilidad en el género; “si una mujer es “puta”, está todo para declararla culpable, pero si varias apuntan a un violador, hay que buscar pruebas”. Eso tengo más memorizado.

En base, el acoso hacia los relativos de la víctima, Antonia, no ha parado. No ha bastado su victimario y cómplices matándola mediante amenazas, insultos y hostigamiento, tuvieron que ir tras la familia para detener la denuncia. Apunto esto porque, recuerden: no es primera vez que pasa. Antes de largo, ahora ya no más. En tanto que a pesar de esos momentos, también ha habido agrupaciones en apoyo a las víctimas y relativos para llevar a cabo sin dudas ni preocupaciones las denuncias ante la justicia (por, personalmente, muy lenta que sea).

Todo iba tan bien hasta saber que dentro de la mismísima corte se encontraban personas con tradiciones vetustas pegadas en sus mentes, hicieron caso a lo que la defensa del victimario contó hasta dejarlo en prisión domiciliaria, y no preventiva como se esperaba. El efecto fue más fuerte del esperado por la ciudadanía. En plena noche cuando lo llevaron a la casa, la gente no pensó dos veces en la persecución e insultos por doquier, con tal de no dejarlo ni dormir. El resultado fue hasta televisivo donde mucha gente no solo improvisó una marcha, pedradas hacia la casa, que terminaron pos trasladarlo temporalmente a otro parte, en el que así, al día siguiente, la justicia tuvo que tomar la medida que debieron de principio y Martín Pradenas fue de inmediato llevado a prisión preventiva hasta el fin de la investigación.

El caso se supo hasta afuera del país, y no sorprendería que lo están viendo mejor que acá, de forma que muchas volvieron a ensayar el coro de LasTesis, más fervientes y furiosas como se hicieron aquí en Chile.

La justicia, el país y muchas personas que han caído en una educación precaria, están actuando como se ha visto el día de hoy. Y hay que, de una vez por todas renovar la institución, y la Constitución que ha dejado la educación como bien de lucro y no de conocimiento, para así, de a pasos impedir más ojeos contra la otra persona independiente de su género y orientación. Impedir más muertes por el hecho de ser especialmente mujer. Impedir el acoso masivo contra las familias de estas. Impedir; que otras Antonias, Anaíses, Gabrielas acaben con sus vidas por culpa de supuestamente-hombres que odian a las mujeres. Aún nos queda mucho por delante, en el que va para todos y todas, un país y mundo unido y donde nadie te apunte con el dedo, ni virtualmente, antes de que vuelva a ser demasiado tarde.

#NiUnaMenos

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