LA FÍSICA ES una disciplina muy pero muy ambiciosa. Se mete con la filosofía, con la psicología, con la medicina, con la epistemología, con todo. Y como se mete con todo ha realizado “Una teoría del todo excepcionalmente simple” (título de la nota publicada en 2007 por el físico Garrett Lisi). Una de estas teorías del todo se conoce como la Teoría de las Cuerdas. Y si algo abarca todo, nada queda por fuera; si existe un todo existe la perfección y hay un destino, entonces, no hay alternativa. Como bien cita Mark Fischer en su libro “Realismo capitalista: ¿no hay alternativa?” al teórico estadounidense Fredric Jameson: «hoy es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo». Mark Fischer, consecuente a ultranza con sus pensamientos, vivió inmerso en una fuerte depresión que terminó en un suicidio en el año 2017. Desde Friedrich Nietzsche que no teníamos un filósofo tan consecuente con sus ideas.

En esta nota propongo abordar la Teoría de las Cuerdas del Sistema Capitalista: nos enseñan constantemente que no hay otra forma, mientras que desde distintos sectores de poder se manejan esas cuerdas. Y el Capitalismo tira de esa cuerda lo más que puede pero siempre tiene cuidado de que no se rompa. ¿Por qué tira? Por ganancias. ¿Qué pasa si rompe? Chao ganancias. Entonces es una delgada línea: tiremos cada vez más pero con mucho cuidadito que no se rompa. Ahora bien… el punto de quiebre puede estar más cerca o más lejos. En algunos momentos históricos no podía tocarse mucho esa cuerda, en otros parece que se estira y se estira pero nunca se rompe.

Hubo una época donde ese hilo podía romperse en cualquier momento y fue aquí cuando el Capitalismo mejor trató a sus ciudadanos. Y digo ciudadanos, porque quienes no entraban en esa categoría, no eran considerados personas y la ecología tampoco era una variable a tener en cuenta en ese momento (creo que hoy seguimos igual en este tema, ¿verdad? ¿Qué opinan?). Ese momento fueron las décadas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, la época de oro del Estado de Bienestar. El famoso american way nace aquí. A partir del New Deal, luego del crac de la bolsa en 1929, en Estados Unidos se aplicaron políticas sugeridas por el economista inglés John Marshall Keynes que luego se conocieron como políticas keynesianas o, implicando un orden mayor al económico, políticas de bienestar. Algo similar sucedió en la Europa Occidental luego de la Segunda Guerra Mundial. El tema es más amplio y complejo, antes de la Segunda Guerra, la Alemania Nazi aplicó políticas similares. Y, de hecho, la revista Times nombro a Adolfo Hitler El Hombre del Año 1938 por la política económica que implementó en el Tercer Reich. Básicamente, estas políticas implicaban que el Estado debía hacerse cargo de que sus ciudadanos logren tener trabajo, acceso a la salud, a la vivienda, el ocio, vacaciones pagas, acceso a la educación; en resumen, debían ser tratados como personas. Obviamente ser ciudadano implicaba ser blanco, no inmigrante, heterosexual, capacitado para el trabajo, clase media o superior y si eras hombre, mejor aún (ver “La libertad como capricho”).


Parodia de propaganda pro capitalismo gringo. Donde dice “Get out of the way poor people” (“salgan del camino, pobres”), decía en la propaganda original “American way of life” (“estilo de vida americano”). Arriba se lee la sentencia: Estándar de vida más alto del mundo. Detalle: vean la proveniencia étnica de cada grupo.

Sin embargo, para dichos ciudadanos es muy probable que, en promedio, hoy tengan una peor calidad de vida que en esa época. Pero entonces… ¿qué pasó?

Obviamente la respuesta no es unívoca y las distintas dimensiones son inabarcables. Dicho esto, propongo examinar y generar derivadas de pensamiento sobre dos ideas.

1. La Teoría de las Cuerdas Capitalistas: el todo o la nada. Elijan…

La principal explicación que yo le encuentro a este fenómeno es la existencia de una potencia imperial que vendía otro discurso: la Unión Soviética. Hasta antes de la existencia de la URSS plantear educación y salud para todos era una idea loca y que uno podía encontrar en el Manifiesto Comunista de Marx y Engels (les invito a que lo chusmeen y van a encontrar que las propuestas de ese Manifiesto son hoy algunas banderas que el Capitalismo levanta). Pensemos que mientras se escribían estas líneas -por solo citar un ejemplo- en el Reino Unido había una hambruna que mató a más de un millón de personas y generó otro millón de desplazados. ¿Se imaginan algo así hoy en Europa? Tal vez en el Congo (de hecho pasa seguido en África), o tal vez quienes mueren en el Mar Mediterráneo, pero no estamos hablando de ciudadanos para la Razón Europea.

Aparecen dos preguntas centrales a mi parecer: ¿Por qué se manejaban así? y ¿Por qué han dejado de hacerlo? De nuevo, creo que hay un concepto central que responde a esto: sus ganancias, su plusvalía. En el Siglo XIX, se generaban millones de muertos de hambre en el corazón del Imperio (Reino Unido), porque los burgueses querían ganar más dinero y no importaba si había desnutridos muriendo en las calles, total, no eran sus calles. Y yo creo que lo dejan de hacer justamente por la misma razón, si seguían así, el fantasma que recorría Europa (como dicen Marx y Engels en dicho Manifiesto), podía asediarlos y quedarse con sus ganancias. Sería algo así como: “Che, mejor calmémonos un poco y tirémosle algunas limosnas porque si no nos van prender fuego nuestro Palacio de Invierno o el Palacio de las Tullerías” (El primero fue tomado por los Bolcheviques en San Petersburgo, 1917. El segundo fue tomado por los comuneros de la Comuna de Paris y luego prendido fuego en 1871.) Incluso el Papa León XIII sacó en 1891 la Encíclica Rerum Nuvarum: Sobre la situación de los obreros, donde más o menos dicen esto. Pero, además, las potencias centrales, como la Inglaterra Victoriana, la Alemania de Otto von Bismarck y la Francia de Napoleón III, fueron los primeros prototipos de Estados de Bienestar modernos, más o menos como lo conocemos hoy en el Occidente Blanco, aunque para ese momento se llamaban Estados de Providencia o Estados Sociales, donde se empezaban a hacer algunas críticas al excesivo individualismo. De hecho, en Argentina la ultra izquierda usa de forma despectiva el calificativo de “Bonapartistas” para quienes (como el Peronismo) buscan generar mayor presencia del Estado en la vida cotidiana.

Entonces, de lo que se dieron cuenta es que si seguían explotando a la gente de la forma en que lo hacían todo podía volar por los aires, como sucedería en el Imperio Ruso unos años más tarde. Se trató de una época de retroceso para las políticas liberales que tenían raíz en los pensamientos de Adam Smith, Augusto Comte y Herbert Spencer (autor de la frase “no hay alternativa”), entre otros grandes pensadores de la derecha liberal.

Fue entonces que se implementan fuertemente estas políticas: buenos salarios, acceso a la educación y a la salud para las grandes masas y se comienza a cumplir con pedidos que desde hacía décadas realizaban lxs trabajadorxs como vacaciones pagas, jornadas de 8 horas, jubilaciones, etc. Fue una época de gran desarrollo productivo y las empresas que producían tenían sus sedes y sus obreros en los países centrales/imperiales. Así, esa masa que venía levando fuertemente comienza a bajar. Es distinto decir en 1850, mientras la gente moría de hambre en las calles de Dublín: “el capitalismo no da para más”; que decírselo a un obrero industrial de Detroit en 1960, quien con su salario alimentaba a su familia, a su amante, se iba de vacaciones, sus hijos accedían a la universidad y su esposa podía comprar Xanax para pasar el día y Valium para pasar la noche.

Sin embargo, en el 2020, Detroit está más cerca de Dublín/1850 que de Detroit/1960. ¿Qué paso en el medio?

Siguiendo esta línea argumental, diríamos primero: se desmoronó el relato alternativo, la Unión Soviética. Entonces ahora el hilo estaba más fuerte y se podía tirar más de él. No considero que hayamos vuelto al siglo XIX, pero si miramos casi cualquier indicador socio-económico, veremos que en 2020 se está peor que en 1970.

La Unión Soviética empieza a perder su poder décadas antes de la caída del Muro. Ya en los años 60 y 70, era difícil para cualquier anticapitalista plantear a la URSS como otro proyecto plausible. La Batalla Cultural parecía perdida. Y al día de hoy no ha cambiado mucho. Es muy probable que si alguien dice “el capitalismo no da para más”, alguien responda “el Muro de Berlín ya se cayó”, como diciendo: no hay alternativa. Como dijo el filósofo estadounidense Francis Fukuyama en 1992: el fin de la historia. Obviamente me parece que esta frase en una falacia, pero el mundo se movió como si fuera cierto. Al no tener contrincante, es el todo o la nada.

2. Producción versus Servicios

La segunda razón que quiero traer a escena, sin pretensión de ser exhaustivo, es el nuevo modelo económico globalizado basado en las finanzas, la uberización de la economía y la mudanza de las fábricas desde el Imperio al Siglo XIX, o mejor dicho, a países con regulaciones laborales propias del siglo XIX en Occidente.

Cuando Los Capitalistas empiezan a relajarse sintiendo que no tienen competencia vuelven a la carga con políticas liberales (ahora llamadas neo-liberales) que dan marcha atrás con el Estado de Bienestar. Pinochet, Reagan y Thatcher, son algunas figuritas que trabajaron fuertemente al servicio de este nuevo mundo. Siempre me impactó verla a Margarita Thatcher argumentando que era bueno sacar la copa de leche de los colegios públicos, es decir, sacarle un dulce a un niñx. A partir de este hecho algunxs la bautizaron como “milk snatcher” (ladrona de leche). Cuando implementó esto era Ministra de Educación, después la ascendieron a Primera Ministra. ¡Ah! Me olvidaba… luego la volvieron a ascender al cargo de Heroína de la Democracia Liberal y Maryl Streep la interpretó en una biopic ganadora de dos Oscars. Bueno, esa mujer, popularizó el slogan “there is no alternative” (no existe alternativa). Fukuyama: no fuiste tan original con eso del fin de la historia… ay…. Como nos vende la derecha cualquier cosa, Francis Fukuyama y Taylor Swift son solo algunos ejemplos.

Así, se va destruyendo de un plumazo ese Estado de Bienestar: chau alimentos en los colegios, chau derechos laborales, chau sistemas de salud estatales, chau a la intervención del Estado en la economía. Y, por supuesto, ¡hola! a mayores ganancias y a la explotación laboral, que se potencia en países empobrecidos (porque las violaciones a los derechos humanos mejor si las hacemos afuera). De esta forma las empresas mudaron sus fábricas, dejando en el Imperio a sus CEOs y la mano de obra calificada (que también comenzó a mudarse en los últimos años). A la vez, se fueron generando empresas que ya no vendían productos sino servicios y eventualmente empezaron a mover más dinero que quienes producían productos. Un ejemplo de esta bisagra entre producción y servicios fue la compra de la Warner Bros (empresa que producía películas y series) por parte de American OnLine (que brindaba servicios de internet) en el año 2000.

Sin embargo, esto generó grandes problemas en la centralidad del Imperio. No sé si esto fue planificado o no lo habían pensado, pero grandes porciones de estos ciudadanos fueron expulsados del sistema.

Tomemos como ejemplo una ciudad que citamos anteriormente: Detroit. Esta ciudad fue la sede de la General Motors, Ford y Chrysler, entre otras empresas. Una verdadera ciudad industrial que le valió el apodo de “el arsenal de América” y “La ciudad del Renacimiento”, comparándola con la Florencia de los Médicis. Llegó a tener para 1960 1.850.000 habitantes. A partir de ahí se desató una verdadera catástrofe humanitaria: la población se redujo a 700.000 habitantes y la ciudad se declaró en bancarrota en 2013. Hoy, Detroit es la hebilla del cinturón oxidado (“rust belt”), de la ex zona fabril estadounidense que mudó sus empresas, mayormente, al sudeste asiático. El director de cine y vecino de Detroit, Michael Moore, hizo una película relatando esta catástrofe: Roger & Me (1989), que recomiendo ampliamente. Entre 1960 y el 2010, todas estas empresas se fueron mudando a paraísos laborales, es decir, países donde no tienen que pagar aguinaldos, indemnizaciones, seguros de salud y demás inventos del Diablo Comunista (que bien sabemos que es rojo, porque es comunista).

Además, mientras la General Motors llegó a tener 600.000 empleados, empresas que facturan mucho más que GM necesitan mucha menos mano de obra (Facebook, 12.000 empleados; Google 60.000). Dejamos de producir, apostamos a burbujas financieras y generamos multinacionales que con un puñado de empleados controlan el mercado mundial.

3. ¿No hay alternativa?

Ante este panorama desde la mass media y la derecha nos plantean que no hay alternativa. Así, por ejemplo, cuando unx quiere reflexionar sobre el sistema se lo trata de “ideologizadx”, mientras que ellxs serían “objetivxs”, “realistas”. Esta es una gran mentira que debemos desarmar. Sin embargo, creo que esta crisis que genera la Pandemia del COVID abre una puerta. Hoy no sería tan fácil sostener que este sistema es ideal. Pensemos en Detroit: ¿Qué paso con esa gente?¿Seguirán siendo defensores acérrimos del sistema? Si nos guiamos por como vienen votando diríamos que no. Allí se encuentra el centro de votantes de Trump. Y no, no es que Donald Trump sea un antisistema, pero si propone otro discurso, se presenta como un anti establishment y vuelve sobre la centralidad de la producción.

Lo que pienso es lo siguiente: el discurso único neoliberal tuvo sus 30/40 años de gloria entre la caída de la URSS y la Pandemia. Hoy parece estar en jaque, mas no mate. Y voy a coincidir con una persona asquerosa y detestable: Steve Bannon. Este hombre, que trabajó en Cambridge Analytica manipulando elecciones alrededor del mundo con los datos que le proporcionaba Facebook (entre otros grandes logros de su CV), afirma que «hoy el mundo vira hacia un populismo, o bien de izquierda o bien de derecha». Él trabaja para esto último. Y si bien yo creo que hay que ir para el otro lado, coincido con que algo de esto podría estar sucediendo.

El discurso neoliberal está haciendo agua. La gente excluida y marginada hoy sigue igual, para ellxs no ha cambiado mucho la cosa. Pero hay una gran masa de ciudadanxs y ex-ciudadanxs que vieron diluirse sus derechos, sus opciones para gozar de una vida vivible. Son muchxs de estos ciudadanxs quienes hoy, indignados y con razones para estarlo, votan a un Trump o a Jair Mesías «Bolsonazi», pensándolos como alternativas a un sistema que los maltrata todos los días.

Acá creo que se abre una ventana para pensar en otro mundo posible. Esta crisis puede ser una oportunidad para replantear los términos. El politólogo Atilio Borón plantea que es un buen momento para plantear un “protosocialismo”, debido a que esta crisis pone en cuestión el modelo individualista neoliberal, pero tampoco es una patada a lo Kill Bill al corazón del sistema como dijo Slavoj Zizek. Entonces, si tanto se habla de una Nueva Derecha, podríamos pensar en una Nueva Izquierda, que plantee otro mundo posible sin la nostalgia de un pasado que, habiendo tenido grandes logros, terminó solo defendiéndose del “there is no alternative”.

Deja tu Comentario

comments

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *