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Muerte en el Módulo 12 (historias de la vida real)

«El empoderamiento social», el paradigma comienza y se siente, se huele, se escucha, se palpa. Falta poco para esté gran cambio. Hoy en día la juventud, la sociedad, el pueblo, el hombre común… se dieron cuenta que son ellos los que con su trabajo, con sus impuestos, pagan para que el Estado funcione, y funcione bien. Están exigiendo a sus empleados porque entendieron que son empleados del pueblo: desde el «Presidente» para abajo. Las autoridades son empleados públicos que trabajan para el pueblo. Entonces la sociedad, al igual que cualquier patrón o jefe, tiene que exigir respeto. Así lo siento y estoy exigiendo -con mi lucha- que se me respeten mis derechos que fueron violados sistemáticamente; Entregaré 6 historias de mi libro-denuncia llamado «Secretos a Voces». Esta semana, «Muerte en el Módulo 12»

DESPUÉS DEL PENSAMIENTO en prisión pasa el tiempo muy lento; adentro es como eterno, sin fin. Recuerdo que cada día lo marcaba con una raya en un barrote de la puerta del módulo, como en las películas… a lo mejor te da risa, no te culpo.

No puedo ni siquiera sonreír por el dolor que llevo dentro, se me aprieta el pecho, se me seca la boca, está seca, muevo la lengua nervioso; trato de tragar saliva tecleando letras para contar, pero es verdad uno pierde el sentido del tiempo, estás como muerto viviente. Es muy raro y penoso.

Se rumorea un cambio de modulo temprano por la mañana; un gendarme avisa y grita: «¡¡Marchant!! Voh, el ‘Checo’ y el ‘Violeta’ salen de acá… tomen sus cosas altiro que se van a otro módulo». A mí me mandan al 12, según el gendarme es tranquilo, me dice. «Allá vas a estar mejor viejo, solito en una pieza». El otro gendarme con tono irónico dice: «Tienen que estar solos, ¡¡son rematados, mmmm… y carne nueva ummmm…!!» muerto de la risa. Bueno, dejan al «Profe Checo», así le decían; no recuerdo bien el módulo, creo que fue el 16 con el «Violeta», nunca supe su nombre, así lo trataban.

Llego al módulo 12, veo un patio como de 40 por 40… y muchos presos en grupos separados y de una esquina a otras se insultaban y amenazaban de muerte. «¡¡Te voy a matarteeeeeeeeee…!! ¡¡Conchetumadreeeee…!!» gritaban unos a otros, empuñando cuchillos y palos. Fue donde conocí al Gitano ,un joven delgado, moreno… que lo tenían para los mandados, «pa’l gueveo«, como se dice. Un tal «chino» lo tenía para que le lavara la ropa, este «chino» malo de adentro para afuera, malo entero… bueno, resultó que el Gitano cayó preso por ser el mozo de unos traficantes, y él estaba con ellos cuando los tomaron presos. Llegaron juntos, pero pasando los meses a los traficantes, uno por uno salieron libres, y el pobre Gitano, como no tenía medios, se quedó pegado hasta que fue a juicio.

Me acuerdo ver al Gitano sobándose las manos porque al día siguiente lo sacarían a Tribunales y él estaba seguro que lo dejarían libre. Con esa ilusión bajó, contento.

Después de almuerzo regresa el Gitano; le preguntan: «¿como te fue, Gitano?», y él responde, tirando la bandeja al suelo echando chuchadas: «¡¡Váyanse a la conchesumadre…!!» y se fue al baño.

Al rato sale todo mojado, caminando solo en el patio de 40 x 40. Estaba fuera de sí el pobre, y entre nosotros nos contábamos la historia.

-Le dieron cinco años…

-¿Cómo?

– ¡Sí, weón…!

-Chucha, ¡si el que ver en la weá…!

Nadie lo creía. A la hora de encierro todos van a las piezas. El Gitano estaba en una pieza más allá de la mía; no pasaron más de diez minutos… y él empieza a tirar todo por la ventana. Recuerdo que algunos presos lo molestaban, gritándole: «¡Teníh puro que ponerte la corbata, Gitano…!» «¡Déjame los zapatos…!». Otro gritaba: «¡Gitano culiao, estay puro gueveando con tanto escándalo…!

Se asoma un gendarme y camina hacia el frente de la pieza. Pregunta al segundo piso: «¿Qué pasa, Gitano?». Él no responde; el gendarme, con sangre fría, le dice: «¡Tay puro gueveando, pónte la corbata…!», y se retira pateando las cosas que el Gitano había botado.

Un rato de silencio y empieza a golpear las paredes y la puerta, gritando garabatos contra todos. Así estuvo largo rato, hasta que con tantos gritos y golpes se presentan dos gendarmes, suben al segundo piso, pasan por mi puerta y se acercan a la pieza del gitano. Él estaba gritando y golpeando la puerta. Uno de los gendarmes, dice: «¡Corta el gueveo, Gitano, o te llevamos a los cuartos!», a lo que el Gitano dijo: «¡Me haría un favor, mi cabo!». El guardia dijo:» «Ya córtala, córtala», y con un golpe a la puerta se retiran los gendarmes, mientras el Gitano sigue gritando: «¡Sáquenme de aquí…!». Ellos siguen su camino, diciendo: «Córtala, córtala…» y se van.

El Gitano queda gritando,algunos presos le decían a los gendarmes: «Oiga, el Gitano se va a matar si no lo sacan…!». Haciendo oídos sordos se retiran mientras el Gitano sigue pegando patadas a la puerta; estuvo como 30 minutos así.

De repente todo queda en silencio. Uno de los presos lo llama: «¡Gitano…!». No hubo respuesta. «¡Gitano…!», y nada. Empiezan a gritar: «¡Chucha, el Gitano se puso la corbata…!»; y todos gritan a los gendarmes: «¡Oigan, el Gitano se ahorcó…!¡Oigan, el Gitano se ahorcó…!¡Vengan…!». Y se corre la voz: «¡El Gitano esta muerto…!». Todos gritan, se escuchan garabatos contra los gendarmes y todo el penal supo al instante la muerte del Gitano.

Después de largo rato llegan los gendarmes; eran como cinco, siento el ruido de las botas que caminan casi corriendo. Miran y confirman la muerte, queda todo en silencio absoluto, estaba muerto con gran dolor y lágrimas en los ojos.

Dedico esta página al Gitano, que Dios lo tenga a su lado.

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