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Actuar desproporcionado, Parte 1 (Historias de la vida real)

Esta es mi séptima columna en Revista ChileLibre. Me dio la oportunidad de contar mis historias de injusticias sistemáticas, maliciosas, con ensañamiento a mi persona. Está escrita para ustedes, mis amigas y amigos. Esta columna y las otras la pueden encontrar en el libro-denuncia «Secretos a voces», disponible en la aplicación Wattpad. Es un libro único en su naturaleza, cómo siempre lo he dicho sé que juntos podemos exigir justicia: somos el poder del pueblo. Los invito a leer e investigar este caso emblemático, para un cambio en Chile.

Actuar desproporcionado

DESPUÉS DE AQUELLA bajada a tribunales pasan meses y tengo una nueva oportunidad de salir de prisión por unas pocas horas; no importaba a qué, era una emoción ver las calles, ver gente caminar por donde antes yo caminaba libre. Si ni siquiera en mis más horribles pesadillas soñé ni imaginé nunca estar preso; pero sí, yo estaba allí, dentro de un furgón de Gendarmería. ¡Preso! ¿Pero cómo? Sí, preso, mirando un mundo que ya no me pertenecía, como que estaba dentro de un cuerpo que no era el mío, que yo no era yo.

¿Cómo? No entendía nada, como llegué a ser el delincuente más peligroso de Chile según el actuar de Gendarmería, y todo el despliegue policial hecho ese día de la reconstrucción de escena. ¡Desproporción total! Me preguntaba: «¿A cuántas personas maté? ¿O cuántos miles de millones robé? ¿O tal vez asalté un banco? ¿O quizás era un violador asesino? ¿Cómo tanto despliegue policial?». Me llegué a imaginar, miraba y veía dos guardias con metralletas en mano sentados en un lugar que tienen los furgones para ellos; estiro mi cuello y miro hacia atrás, veo una nube de tierra levantarse: se trataba de más o menos cinco motos enduro policiales y más atrás otro furgón de Gendarmería, con más gendarmes armados, también con metralletas.

Llegamos al lugar de los hechos que era la “Hokus”, mi local de eventos. Como el estacionamiento era grande -más de cinco mil metros cuadrados- prácticamente estaba lleno: habían camionetas de Investigaciones, furgones de Carabineros, dos patrullas, civiles en camionetas casi nuevas y varios autos. ¡Claramente estaban haciendo el ridículo! Se los dije: “¡Esto es ridículo, es una vergüenza cómo se gastan el dinero de los contribuyentes…!”.

Para mí, todo estaba fuera de lógica. ¿Cómo yo? Un empresario por más de 35 años, creando y dando trabajo a cientos -por no decir miles- de personas y no solo por ser empresario, si no que soy inocente, hombre de familia y de trabajo, un contribuyente que solo quiere ser un aporte al país y enamorado de la cuarta región. ¿Cómo yo, estuviera pasando por esta vejación y ensañamiento de la justicia?

¡Desproporción total! ¡Injusticia real!

Te invitamos a opinar y debatir respecto al contenido de esta noticia.

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