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Érase una vez en un ayer muy lejano

HA PASADO UN AÑO desde el despertar de todo un país. Sí. Se siente bastante lejanísimo en las que me siento haber perdido la cordura en esta cuarentena y que de seguro muchos lo sienten como tal. No como si no hubiera pasado nada; el sometimiento que nos obligaron a poner de nuevo, fue la gota que rebalsó el vaso como si fuera una venganza de parte de autoritarios a quienes tenemos de mandamases. Eso siento, pues las sonrisas cínicas de éstos también bajo sus soluciones parche, donde obligan a la gente a arriesgarse saliendo fuera a trabajar usando transporte que se llena y cuando el mismísimo presidente -junto con sus aliados- usando autos de oro, palacios con harto aislamiento y plata de más, se delató en una conferencia en vivo su alegría de la pandemia. Quise francamente gritar.

Recuerdo aún esos momentos. Eran días normales donde salías, trabajabas, estudiabas, en mi caso preparando mi bicicleta para el siguiente día que iba a la escuela a programar mis obras hechas a mano -y que echo de menos usarla- donde podías moverte. No pongo día ‘normal’ porque ese año estábamos en una génesis de lo que los niños ya no soportaban más la injusticia que iba a dar a futuro y afectarles y también a sus relativos más mayores. En los inicios de año; cuando el Instituto Nacional estaba siendo una vez más tomado por el alumnado y la culpa desde un tipo que sigue su cargo autoritario y quería hacer desaparecer dicho establecimiento; una noticia que, de seguro, ya fue olvidada. Fueron momentos de noticias masivas en redes, televisión y diarios, pero estos mismos dejaban a Carabineros como las víctimas de aquellos alumnos que pedían justicia y los libros eran las armas. Recuerdo esa imagen: algunos alumnos en un techo y apuntados por la institución que no merece ya honores por las barbaries cometidas, no solo ese año, sino retrocedamos más atrás: la abundancia en antecedentes lo llevan peor a la policía que a un simple ladrón. Esos mismos niños, con las manos en alto y sujetando libros, los ponían en el suelo despacio, lo cual me llegó fuerte al alma como una muestra que quién es más ignorante de los hechos y no apoya.

Luego, vinieron las crisis ambientales en su apogeo como el florecimiento de flores pútridas y radiactivas en forma de polvo y llegando a los cuerpos de muchas personas que viven cerca de industrias, hechas como zonas de sacrificio. Durante meses y hasta el día de hoy, los niveles de toxicidad aumentaron y dejaron a mucha gente -sobre todo a niños- como conejillos de indias y rellenados de cuantiosos elementos químicos nocivos en cantidad. Tras eso, varias personas se organizaron para iniciar acciones judiciales con el objeto de apagar las industrias y así limpiar el poco oxígeno que tienen, principalmente en Quintero y Puchuncaví. Dichas organizaciones alertaron a los autoritarios que empezaron con una seguidilla de amenazas; algo no sorprendente por recordar los hechos en dictadura, sobre todo en contra de los abogados de Derechos Humanos ayudando a las víctimas de la represión desde el golpe de Estado. Las personas a cargo de los movimientos eran jóvenes con una madurez inmensa y cauta, que tenían todo lo necesario para hacer el llamado a parar con la actividad industrial, hasta el día en que una persona, después de tantas amenazas, se convirtió en una víctima más de la persecución autoritaria que lo llevó a su muerte.

Se llamaba Alejandro Castro.

Lo que ha sido peor, es saber que su caso sigue quedando en la nada, mientras los jefuchos de la prensa se gastaban poniendo excusas baratas en las que uno se atrevió a comparar el arsénico con el polen. También fue tendencia, entremedio de memes y ahora está siendo cubierta con noticias hechas de color de rosa asociadas a apertura de malls, parques, lugares públicos, y obligando a la gente a olvidar el riesgo que están pasando, del cual todavía no hay solución, o no la quieren dar.

Pasaron los meses subsiguientes y la crisis persiste, ahora con menos atención tanto televisiva como en las redes, aunque en este último seguimos atentos y en intentos de que se siga investigando para el futuro cierre de esas industrias, con tal de lograr algo.

Lo siguiente fue el descubrimiento de las razones por las que muchos lagos y ríos se estaban secando demasiado rápido como para decir que la culpa es del calentamiento global. La excusa perfecta mientras empresas tanto palteras como mineras tuvieron el atrevimiento de usar maquinarias y desviar los ríos y lagos para sus propósitos ya vacíos. Dejando en sequía masiva a campesinos y animales que viven en esos lares, hasta dieron con un documental a nivel internacional sobre la vergüenza que tenemos como país: la privatización de un derecho como el acceso libre de agua, colocada en la Constitución actual y que no ha cambiado desde 1980.

La olla a presión estaba a punto de hacer estallar su tapa en esa fecha pero parece que no era suficiente mientras se intentaba con marchas a favor de los cuidados ambientales, e ignorada por los autoritarios.

Entonces, ¿qué grieta usó la lava para emerger con fuerza?

Un día en Octubre, cuando las empresa Metro de Santiago dio con su -de nuevo- alevosa intención de dejar a la gente sin nada en sus bolsillos para el pan, aumentando el precio del pasaje a niveles que ya no se pudo soportar y que los niños/estudiantes no soportaron más el abuso, que desde un mensaje por redes sobre organizarse e invadir el Metro, terminó siendo el gran fuego de artificio que estalló y floreció a través de las voces de esos mismísimos niños, corriendo, saltando los torniquetes, clamando por justicia y así de a poco no solo ellos invadirían y mostrarían el enojo acumulado por más de treinta años de supuesta democracia. La unión de tanta gente que se concentró en la ahora llamada Plaza de la Dignidad (en la tele siguen poniéndole Italia o Baquedano), se volvió hasta parte de la rutina diaria para, al fin, decir que hemos despertado.

Después de tantos años que hemos sido usados como objetos de ‘moneda de cambio’ y no como sujetos de derecho y conocimiento, había llegado por fin ese momento de decirle a la bancada autoritaria que se jura provida y vela hasta por la vida de los niños en las que se alegran ver a uno más dentro del Sename abusado -hasta muerto- y se hacen los sordos cuando la prensa les pregunta sobre dichas víctimas de esta represión ocultada.

Sin embargo, durante todo este enojo que persiste hasta el día de hoy, se supo que estaba la opción que todos ignorábamos y que estaba en nuestras narices: la posibilidad de cambiar por fin la Constitución. Algo que es ya común en otros países, su cambio cada ciertos años y con participación de todos. Algo que no ocurría aquí por casi cincuenta años. Imagínense. Se han pasado ese tiempo para hacernos pasar por conejillos de indias de un supuesto mundo evolucionado por nada más tener edificios en la ciudad, mientras la gente se muere de hambre y desprovista de educación, y así ignorar esa oportunidad para que al fin podamos tener el respeto de los derechos como tal y no para unos pocos con plata. En Noviembre teníamos esa oportunidad pero gracias a los miedosos millonarios que se adueñaron de los recursos naturales, junto con una bancada sumisa que dice ser de oposición, aplazaron la oportunidad hasta el siguiente año.

Justo se abalanzó una crisis mundial a causa de un virus que NO quisieron controlar.

Así, como puse con anterioridad, asumo mis responsabilidad de los dichos, pero es que se nota bastante obvio y así tener menos gente para que pueda votar y más encima les impiden su derecho como tal. Las probabilidades de cancelación de la votación plebiscitaria, y la cancelada idea del voto a domicilio que fue ideada y llevada a cabo en otros países sin ningún problema. Lo que da los riesgos en cuanto a hacer las votaciones presenciales, sin embargo, el cuidado mutuo es también clave.

Justo este año que estamos pasando por más crisis y de forma adrede por los autoritarios riéndose de nosotros, humillándonos por ochocientas veces por el hecho de ser gente trabajadora que le hace su ropa, le hace la comida, le repara su auto y le lustra los mocasines de lo que vale un computador. ¿Y cómo nos pagan? Con represión e insultos de ser flojos y que pedimos mucho, mientras ellos se llevan todo gracias a lo escrito en la Constitución del ’80.

Este mes tenemos la oportunidad de hacer el cambio, y por eso pido que no hagan caso a lo que dice la TV y con jajajeos de cuarentenas abiertas mientras no se pueda salir fuera. Cuidémonos para hacer el cambio que tanto anhelábamos luego y gracias a esos niños a quienes le debemos todo, a las personas que fueron víctimas de la represión y que dieron todo. A aquellos que perdieron sus ojos mientras pedían justicia. A las personas que no pudieron seguir debido a un virus invasor y sus relativos sin la oportunidad de despedirlos. A la gente que hoy está en las calles asumiendo los riesgos, con tal de decirnos que esta pelea no se ha terminado. No podemos flaquear, no podemos darles la espalda luego de tanto. No podemos decepcionar a esos niños. Tenemos la oportunidad de hacer el cambio, aprobemos para hacer realidad por fin una Nueva Constitución hecha por la gente y no por unos pocos herederos de empresas y de ideales egoístas.

#Apruebo

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