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Una nueva policía nacional

HACE ALGUNOS AÑOS escribí una columna denominada ‘Carabineros de Chile, miedo o respeto’; su título decía bastante de lo que hasta hoy sostengo y reafirmo. Cuando una institución pierde su legitimidad desde muchos frentes y aspectos, pierde con ello el respeto, lo que implica para seguir actuando es el miedo en su proceder social. Miedo de que los ciudadanos ya no sientan confianza en esta institución -aunque debo hacer un paréntesis: alguna vez esta institución fue de respetada, o solo respondió a un muy buen trabajo de limpieza de imagen que le permitió verse como una institución valorada-. Vale la pena ir a su historia y no solo nos encontraremos con un actuar deleznable sino muchos, por mencionar el caso de los degollados, donde Rodolfo Stange, como Director General fue acusado de ‘incumplimiento de deberes militares y obstrucción a la justicia’, en su momento no era un paco raso o un oficial al azar, era el máximo representante de la institución. No olviden que no hace mucho el actual Director pretendía rebautizar una unidad de formación con el nombre de este individuo; o sea, los lineamientos del proceder son regulares y trascienden a las generaciones, en otras palabras, al parecer nada cambia dentro de lo que la institución mantienen como principios y valores.

Con los años y décadas Carabineros no deja de estar en la noticia siempre, no solo por su actuar represivo en contra de los manifestantes, sino que es parte de uno de los robos más grandes de los que se tiene registro en la historia de una institución pública: el famoso y boyado PacoGate, que los medios oficiales -claramente- poco comentan de aquéllo y tienden a limpiar su imagen.

Cuando la policía se convierte en el aparato represivo de un gobierno, cuando este grupo militarizado ve a un manifestante como el enemigo y no como alguien que desea expresar su descontento, cuando hablan de que ellos actúan para que el orden público no se vea alterado, desde impedir la obstaculización de arterias -pero les vemos abriendo el paso y liberando vías para que un sector muy protegido por el gobierno pueda actuar incluso desafiantemente y con armas-; en ese momento se entiende que hay un doble discurso y un comportamiento que solo se aplica a los que hacen de oposición, a los que no están de acuerdo con lo que el gobierno vive manifestando como actuar errático.

La policía no debe ser parcial, debe estar para proteger a la población y no para que la población deba cuidarse de este tipo de entidades,  que la final del día acudir a ellas da más miedo que seguridad; lejos queda eso de ‘niña inocente, duerme tranquila que estamos preocupados del bandolero’, cuando les vemos actuando como bandoleros, lejanos a la gente, muy ajenos al sentir social y reprimiendo todo aquello que sea visto como el atentar contra el orden público. Me recuerdo haberle preguntado en algún momento en el 2011 -cuando Piñera enviaba a Carabineros a reprimir a los pingüinos, con esas imágenes que no dejaban de ser preocupantes- al actual Director de Carabineros: ‘¿Qué mierda es el orden público?’. No me supo responder y sólo me llenó de un discurso aprendido como cual cura habla de dogmas.

Una policía que no hace más que servir de escolta, de guardias de seguridad para las empresas y su élite, recordemos la explosión social y cómo resguardaban lugares como el mismo falo de Paulmann (Costanera Center) entre otras varias entidades. Ésa no es la policía que necesitamos. No es posible que usen un contingente de guerra para una manifestación y sean incapaces de ingresar a una población para desbaratar una banda de traficantes: en eso adquiere mucha más relevancia la policía civil (PDI) en todos los aspectos, que este tipo de contingente paramilitar ordenado por el Ministerio de Interior y dejado a la suerte del descriterio en el actuar.

En los próximos días veremos manifestaciones más radicales y agudas y claramente se repetirá el patrón de esta policía en su desmedido uso de la fuerza; hay un número de chilenos que fueron muertos en circunstancias que deben ser investigadas, pero no solo dar de baja al paco raso sino entrar a poner ante los tribunales la verticalidad del mando: un carabinero en la calle no actúa por iniciativa propia, hay jefes que le adoctrinan y ordenan, hay una jerarquía de mando que debe responder y como además están supuestamente supeditados al poder civil hay responsables del Poder Ejecutivo que también deben asumir sus responsabilidades, políticas, civiles y penales.

Hoy, vivimos ya hace un año en un Estado especial, donde la legitimidad del gobierno está claramente cuestionada desde sus cimientos, pero la policía de Carabineros vive igual clasificación. Sería bueno y prudente de pensar en una restructuración desde la base de este organismo y darle un nuevo orden a la policía, crear una nueva policía nacional, basada en protocolos internacionales y profesionalizarla para que sea una entidad al servicio de la ciudadanía y no un órgano que se convierta en materia de temor social, donde el respeto quede en el olvido y se vive con miedo frente a su actuar.

Esto depende de todos nosotros; al final el soberano pueblo debe ser quien determine por qué se debe guardar respeto a una institución que lo perdió en todas sus formas y fondo.

 

Te invitamos a opinar y debatir respecto al contenido de esta noticia.

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