La variante Piñera

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Lo que a algunos podría incomodar, para otros resulta liberador en estos tiempos.

ESTAMOS EN GUERRA, contra un enemigo poderoso, que no respeta nada ni a nadie…” planteaba en octubre de 2019 el presidente Sebastián Piñera. Poco después anunciaba medidas inmediatas y urgentes que beneficiarían a ‘la inmensa mayoría de los chilenos’.

Esas medidas resultaron ser inexistentes a un año y medio de hechas las promesas. Las medidas tomadas fueron la sistemática represión en las calles, que hizo imposible manifestarse —sí, pacíficamente— por un cambio, por justicia. Hizo una completa renovación de equipamiento bélico de última generación para hacer frente al enemigo interno: el pueblo, ese ‘enemigo poderoso que no respeta nada ni a nadie’. Resonaba la frase repetida y trillada en los medios alrededor del mundo: un presidente que le declaró la guerra a su pueblo.

Las medidas incluyeron la firma del Decreto Nro. 77 para salvar a Casinos Enjoy. También a otras empresas mediante otras acciones, como ocurrió con Latam o las empresas del Retail; todas apuntaron a los pocos grandes, no a la gente común.

Paliar la crisis, lejos de traducirse en tranquilidad para las familias —acosadas ya no sólo por sus propias dificultades económicas, sino además por tener que guardar cuarentena, quedar cesantes y ver morir a sus familiares— llevó a esas propias familias a retirar el 20% de sus ahorros, que en algunos casos resultó ser el 100%. Esos ahorros les sirvieron para reducir sus deudas, para pagar arriendos y afrontar los difíciles meses de confinamiento.

No fue el estado ni las medidas del gobierno, sino la propia gente, que inyectó en la economía más de 33 mil MMUSD (Revista América Economía, 10 de febrero, 2021) de sus ahorros, mientras el Ministro de Hacienda celebraba fijar el Ingreso Familiar de Emergencia en 65 mil pesos. Los bonos y ayudas del gobierno incluyeron cajas que, con fuerte propaganda, sirvieron tanto como quien intenta vaciar el mar con una cuchara de té. Es difícil que otro 10% salga, con la férrea oposición del gobierno, que dentro de sus medidas considera ahora invocar al Tribunal Constitucional en cada iniciativa que no sea de su agrado, como si su defensa fuera tapar el 78% de votantes que dijo: ¡La Constitución de 1980 no va más!

El todo es más que la suma de sus partes: Sindemia.

El antropólogo Merrill Singer en 1990 acuñó el concepto de Sindemia cuando la interacción de una enfermedad con otra provoca un efecto emergente (sinérgico) mayor a la suma de sus partes.

Covid-19 es una enfermedad y una epidemia con 135 millones de contagios en el mundo, ha importado el desarrollo y aplicación de nuevas vacunas, dada su velocidad de contagio, así como la gravedad de los síntomas, el tratamiento de las emergencias y todo lo que hemos visto desplegarse en torno al SARS-Cov2 ha estresado los sistemas de salud pública; es algo muy grave, sin duda.

Por otro lado, la vulnerabilidad social que dio paso al Estallido de octubre de 2019, la pobreza, la precariedad del empleo, las jubilaciones que no alcanzan, la falta de cobertura en salud, educación y vivienda, el altísimo endeudamiento y todo esto que nos afecta son también una enfermedad, llámela neoliberalitis chilensis aguda o como prefiera, pero, lejos de ser el oasis de Latinoamérica, en realidad Chile es uno de los lugares más caros del planeta, sin contar que —a muchos— de verdad les cuesta ‘un ojo de la cara’.

La interacción de ambas realidades nos lleva a mirar Chile afectado por una sindemia, algo mucho más complejo que tener camas UCI, comprar vacunas y apurarse en pinchar a la población. Tampoco es tan simple como decretar Estado de Catástrofe por un año y medio e invadir de militares las calles y poblaciones; no, esto nos invita a ver el todo como algo mayor a la suma de Covid-19 y el Estallido que le precedió.

Kathya Araujo, directora del Centro Núcleo Milenio Autoridad y Asimetrías de Poder (NUMAAP), plantea que salud y trabajo son nuestros temores, lejos de ser la base de bienestar a la que todos tenemos acceso. Más chilenos somos hoy más vulnerables que antes, estructuralmente. Con niveles de cesantía sobre el 10%, con 30% de empleo informal, es decir, sin seguridad social ni contrato, se estima que 2,3 millones de chilenos caerán bajo la línea de la pobreza este año. Sumado a los más de 30 mil que fallecieron por Covid-19 el desamparo es total y la brecha se acrecienta, mostrando en las comunas pobres hasta 5 veces las muertes que las comunas acomodadas.

¿Una nueva variante?

El presidente prometió, pero no cumplió sus promesas. La gente ya se cansó de todo el descalabro que asocia sólo a su persona, que si algo sabe es hacer utilidades. La Revista Forbes muestra esta semana que los millonarios chilenos aumentaron 74% sus fortunas. Así es, mientras muchos enferman y empobrecen, unos pocos enriquecen tanto que no se puede creer, como el caso de Iris Fontbona (Luksic), que sólo en el último año casi dobló su ya increíble fortuna, llegando a 23 mil MMUSD. ¡Obsceno!

Lo que entiendo, es que la clase política y gobernante en Chile, enferma de codicia, es abismantemente incapaz de gobernar, simplemente porque no saben, no entienden el bien común, no comprenden el país en que viven, no saben lo que es hacer una Olla Común, subsistir con el IFE, vender Super 8 en las esquinas o estar endeudado y cesante. ¿O será porque no les importa la gente?

Por lo visto, la variante Piñera —que hábilmente verbalizó Julio César Rodríguez en su matinal, representando mi sentir— sí existe y afecta gravemente a la mayoría de los chilenos.

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