Gamba. El ‘Auto-Réquiem’

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La democracia está en el pueblo soberano. En él se acuna la verdadera sabiduría, aunque a muchos les parezca extraño. Los medios de prensa realmente independientes deben mantener esa comunión. De las lecturas en nuestra web, nos preocupamos después.

EN ESTOS ÚLTIMOS DÍAS hemos sido testigos de una de las más grandes volteretas en la historia de los medios independientes sujetos a las plataformas de RRSS. Equivale al metafórico efecto que tendría una portada de El Mercurio copada de saludos al Partido Comunista.

En ninguno de los casos, se trata de libertad de expresión ni de defensa de la democracia. Porque los medios de prensa populares son por definición independientes. Eso excluye el lucro y sus correspondientes líneas editoriales.

Gamba se arroga de intentar salvar la democracia. Desde acá —mi breve tribuna— le pregunto: ¿Cuál es la democracia que intenta salvar? ¿Dónde está, para poder conocerla?

Acá hay alguien que olvidó que, si bien el tirano perdió el Plebiscito de 1988, eso no significó que perdiera el poder. Al contrario, aparecieron los administradores del fundo llamado ‘Chile’: la Concertación de partidos por la Democracia. Ellos hicieron muy bien su trabajo, mientras los dueños del fundo reponían fuerzas para volver a tomar el mando luego de 20 años: fue la primera llegada de Sebastián Piñera al poder.

Es, además, injusto e inaceptable tratar de ignorante a un pueblo que se defina ante dos outsiders como son los candidatos a la primera magistratura del Perú. Eso equivale a ignorar por completo el proceso latinoamericano que se está desarrollando. Intentar comparar el proceso peruano con lo acontecido en EE.UU. o Brasil, es imponer un prejuicio ante una sociedad soberana. El término es redundante, pero necesario: hemos sido testigos de la forma prepotente y temeraria actitud adoptada por el presidente de la República de Chile —así es, de Chile— y de sus verdaderos jefes, los dueños del dinero: Juan Sutil, Ricardo Ariztía, o la presidenta de la Asociación de AFP. Y debo recordar que antes del proceso político y social que terminó con la destitución de dos presidentes en menos de 10 días, en el Perú se estaba revisando el retiro total de los fondos de sus AFP.

Es irreal pensar que los malls deban terminarse, o que los gigantes del retail cierren definitivamente. A lo que la sociedad aspira es, precisamente, que continúen operando bajo un estándar laboral digno y que sus prestaciones no sean sobrevalorando a aquellos ‘clientes’ que posean una tarjeta para comprar sus productos y después reventarlos a intereses sobre intereses. Que, de verdad el empleado en un mall sepa que va a llegar a salvo a su casa en los días previos a la navidad, con la certeza de que sus horas extraordinarias serán adecuadamente recompensadas, no con un trozo de pan de pascua y un vaso de bebida para el 24 de diciembre.

¿Es democrático valorar a una figura política que está intentando hacer que Sebastián Piñera valide su mandato, que pasó a ser precisamente antidemocrático en cuanto permitió las violaciones a los DDHH perpetradas durante la Rebelión Popular de octubre de 2019 con el fin de aferrarse a La Moneda? ¿Resulta democrático para un medio fijar su editorial en la obtención de lecturas y clics, para luego confesarlo ante sus lectores y, finalmente, acusar a una diputada de ser populista? Eso pasa únicamente cuando los ‘demócratas’ riman con los ‘hipócritas’.

La democracia no se defiende atacando a un Gino Lorenzini, o acusando a la pareja de Karla Rubilar de usar un protector de partes privadas como mascarilla tras un ajuste de gabinete de Sebastián Piñera. Tampoco es quedar bien ante el establishment, atacando a un candidato comunista y lanzar una candidatura sobre la presidenta del Senado.

Acá es donde llego al meollo de este caso. Lo que se proponen ciertas personas es cuidar el orden de las cosas, así como están. Es proteger la República que ha existido desde más de 200 años en nuestro país a costa de abusos sobre la gente. Siempre corremos el riesgo de que aquellos elementos más disruptivos dentro del sistema terminan rindiéndose ante el mismo sistema, disfrazando de democracia aquello que nos rodea.

Ni el Congreso Nacional ni el Palacio de La Moneda han ayudado a la cruzada por la democracia real, y menos ha sido la inspiración del ‘Acuerdo por la Paz’ del 15 de noviembre de 2019. Lo que se buscó en aquella oportunidad fue validar un régimen cuya paz incluye la cobardía e indolencia del propio Estado, y ante eso los medios no pueden —no podemos— callar. Le recuerdo a usted, que ese acuerdo fue firmado a espaldas de la gente, y tardó más de 20 horas en decidirse. ¿Dónde está la minúscula molécula de democracia que los medios han decidido defender?

La democracia está en el pueblo organizado: en las ollas comunes, en la Juntas de Vecinas y Vecinos; está en las Asambleas Territoriales y Cabildos Abiertos a lo largo de todo Chile; la democracia se ve en aquellas y aquellos que componen las Brigadas de Salud y la Primera Línea. Pretender una defensa de la democracia afirmando que el establishment es necesario, es querer dejar en el olvido a aquellxs que murieron, fueron heridxs, encarceladxs, cegadxs e incluso torturadxs.

Salvar la Democracia’, como dicen aquellxs que ostentan el poder -y aquellxs que le son serviles y lo legitiman- es exactamente la misma razón que utilizó Gabriel González Videla al proscribir un partido y perseguir a sus militantes hasta encarcelarlos; o la razón que usó Pinochet para implantar su policía secreta a lo largo de su tiranía y de la que aún tenemos un legado de odio y violencia política.

‘No hay peor fascista que el burgués asustado’, reza la premisa más antigua que pueden comprobar por ahí. Pues bien, hoy hemos asistido a un ‘auto réquiem’, a la renuncia a la consecuencia en torno a la lucha popular la cual es absolutamente democrática. La figura de la traición es demasiado grande para este tipo de cosas. Se asustó el chimpancé y no hay vuelta atrás, al parecer.

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