HACE UNOS 10 AÑOS ATRÁS, en la casa de un amigo se dio una discusión muy álgida acerca del tema de cambiar la constitución; la mujer de mi amigo, con argumentos muy poco sólidos, se empeñaba en decir que no era viable y que, además, para qué se iba a cambiar esa Constitución a la que modificaciones suficientes se le habían realizado, refiriéndose a lo modificado en el gobierno de Ricardo Lagos: maquillajes para dejar contenta a la galería y muy al estilo gatopardo, cambiar todo para que todo siguiera igual. La discusión no tuvo un final muy agradable, ya que después de sentirse sin argumentos, a ella le dio una suerte de pataleta y se acabó esa discusión en un quedarme hablando solo.

Ha pasado bastante tiempo de aquello y, como vemos, estamos en pleno proceso de un cambio de Constitución, si bien es cierto que la Revuelta Social no esperaba generar este acto trascendental y que la cocina del 15 de noviembre de 2019 fue armada para tirar un salvavidas a Sebastián Piñera y —de paso— abrir la posibilidad de generar un Plebiscito para preguntarnos si queríamos cambio de Constitución, y aunque se empeñaron los sectores oficialistas y de extrema derecha de hacer lo posible para que la gente estuviese por rechazar esta posibilidad, la inmensa mayoría de los chilenos dijeron que querían un cambio de la Carta Fundamental de la República; es así como cerca de un 80% respaldó un #Apruebo para dar inicio a este proceso.

Este fin de semana se logró otro paso mayor: conformar una entidad de Convencionalistas Constitucionales para que redacten esta nueva Constitución. La derecha, usando como siempre una grosera cantidad de recursos, se quedó con las ganas de torpedear el proceso desde adentro, ya que sólo logró una miserable votación la cual les deja sin esa posibilidad; desventaja bastante radical a la hora de usar el comodín de los dos tercios, que ellos habían dejado tramposamente inserto en este proceso de redacción.

Chile Fuimos’ fue tan perdedora como la ex Concertación a la hora del recuento y, si hoy seriamente estos últimos no evalúan su postura tan taxativa de no querer hacer una primaria con el Frente Amplio y el Partido Comunista, les puedo augurar que —desde ya— huelen a gladiolos.

Queda claro que sí se puede hacer un Chile distinto, que ese Chile polarizado no es tal y solo les conviene crear este concepto a los que hoy están en el poder, sobre todo cuando la gente avanza sin una bandera política específica, pero a cambio con la convicción de un Chile más justo y menos desigual y se unen para dar el respaldo a los que piensan similar a ellos.

Era entendible que la derecha no sacara más de ese porcentaje, es más, considero que fue mucho a la hora de ver personas como Marcela Cubillos, intentando entrar en esta contienda electoral y obtener un cupo de los 155 miembros, cuando ella fue una de las niñas-símbolo para la opción del #Rechazo en octubre del año pasado, pero tenemos claro que el carerrajismo es tan descarado que varios otros de esta misma línea intentaron entrar en el círculo de poder y el electorado no les dio su respaldo; al pueblo puede vérsele como inepto, pero en su gran mayoría no lo es.

Hay algunos otros que se quedaron fuera siendo buenos elementos, pero el ego —en momentos— nos pasa la cuenta y el no estar cerca de la gente, imaginando que con una campaña pagada por RRSS es suficiente para que el electorado los conociera era suficiente; pero eso queda demostrado que no basta, es así como varios más se quedaron fuera del ruedo también.

Hay que felicitar a la gente por este acto electoral, al final es una gran fiesta cívica que debemos mantener y saber mejor, ya que las democracias tuteladas no son democracias, solo placebos sociales para hacer creer a la gallada que con ir a las urnas es suficiente ejercicio democrático; necesitamos fortalecer las instituciones, darle otro sentido al Estado, recuperar los recursos naturales y entregar al pueblo lo que les corresponde. Si esto no se logra implementar en la Nueva Constitución —con otras varias urgencias de futuro— estaremos en el camino equivocado y solo ganarán las grandes corporaciones que cada día levantan más gobiernos-títeres y —con ellos— someten a la población a no rebelarse y obligan a aceptar muchas injusticias: lo hemos visto en lo que fue el Estallido Social y los 30 años de acostumbramiento a lo que no es normal, lo vemos en estos días en Colombia y un gobierno desgastado que solo responde a intereses de grandes corporaciones y transnacionales; y así muchos otros estados han asumido estos tipos de juegos erróneos que, cuando se desvían un tanto, se crean campañas de desprestigio e intervencionismo o bloqueos, llegando a instalar en la ciudadanía conceptos enfermizos que al final estos compran y ayudan a la desestabilización del gobierno y, con ello, los serviles preparan terreno para que en el acto ‘democrático’ siguiente ganen. La estrategia ya no está en dar golpes de estado, sino responder a la desestabilización de los gobiernos que no responden al modelo y, desde ahí, eliminar toda posibilidad que sigan adelante.

Cuando entran los grupos de poder serviles, sucede lo que nos pasó en Chile. Por eso es tan importante tener en consideración qué es lo que se va a redactar en esta Nueva Constitución, cómo se revisaran los tratados de acuerdos internacionales que en momentos nos dejan entrampados; saber qué bienes y recursos naturales son del pueblo, quiénes los deberían administrar y no dejarlos en manos de transnacionales que solo usufructúan de la miseria básica de una población necesitada.

Chile ha dado un paso a rearmar los cimientos de esta República; con ello es necesario y urgente buscar la forma de refundar instituciones como la propia policía —que en alguna de mis columnas lo expresé— hacer de ella una institución profesional y que sea fiel a la Constitución y las leyes y no que se vea como un cártel de sicarios sirviendo al poder de turno y ensañándose con la población. De este mismo modo, muchos organismos del estado deberían entrar en una profunda revisión y que la Constitución les deje establecidos lineamientos claros y no ambigüedades que, a la postre, puedan ser mal utilizados por quienes llegan al poder del gobierno y utilizan aquellas para su protección legal sin resquemores de dañar a la ciudadanía.

La constitución espuria y fraudulenta del dictador tiene sus días contados y, con ello, los fieles amantes de esta, ya que se quedan sin su estado subsidiario y desde ahí no podrán seguir avalando el modelito económico tan nefasto para la mayoría que solo ha enriquecido a unos pocos con la venia de esta carta fulera.

Esperemos que en los próximos meses en donde la Convención Constitucional generará los nuevos lineamientos de un Chile distinto, seamos también observadores vigilantes de lo que hará el Congreso y el furibundo Gobierno; no olvidemos que esta Nueva Constitución en el mentado Acuerdo por la Paz tenía letra chica y puede que en algún momento esta letra la quieran hacer prevalecer por sobre la voluntad soberana y de los constituyentes que fueron respaldados por un pueblo que despertó.

Quiero darme una licencia y saludar desde esta columna a mis amigos que sí entraron a diferentes municipios con bastante buena representación como son: Marcelo Waddington, alcalde electo de la comuna de Chanco; Nery Rodríguez, quien logra limpiar el municipio de Cauquenes del gallinero en que los pollos lo habían convertido por años y, hoy, ella se impone como la nueva alcaldesa; Tomás Vodanovic, que saca a la alcaldesa de peluche de MyPooh (¿así se escribía antes?) y se impone para hacer en ese municipio una gestión seria. Sean para ellos mi reconocimiento, que rescato y lo extiendo a sus equipos de campaña. Pero no puedo dejar de hacer un reconocimiento a mi amiga Francisca Arauna que en Maule Sur destaca desde Parral y se convierte en Convencionalista Constitucional y gracias a su buena gestión y a la de La Lista del Pueblo logra hacer entrar —por paridad de género— a Fernando Salinas; dos grandes representantes que se suman a los más de 40 que conforman dicha lista.

Vamos con un mejor Chile.

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