Las minorías vociferantes: un cáncer que está destruyendo Chile

A MEDIDA QUE VAMOS saliendo de la niñez y nos encaminamos a la adolescencia nuestro cerebro va madurando y nos permite ir percibiendo el mundo de manera cada vez más realista; ya las fantasías infantiles se alejan, dejando una estela de nostalgia y nos vamos poniendo cada vez más concretos: preferimos lo tangible por sobre lo etérico y vamos exigiendo cada vez más evidencias para aceptar alguna determinada situación o argumentos para incorporar una nueva idea en nuestra vida… este proceso maravilloso se llama madurar.

Aun cuando este proceso es incontrarrestable —en términos biológicos— parece que hay temas en los cuales el ser humano ha demostrado ser tremendamente resistente a madurar y, más aún, parecen concertarse en agrupaciones formadas por individuos que colaboran y se alientan entre ellos para validar un comportamiento carente de toda lógica, argumentación y raciocinio. ¿Adivina ya, querido lector, en qué tema el ser humano parece no poder —no querer— permitir que los ciudadanos comunes y corrientes maduraremos? ¡Exacto! En los temas políticos que se tratan cada día.

Basta leer las opiniones que las personas vierten en RRSS, periódicos de circulación nacional, medios digitales independientes, programas de televisión… y de manera instantánea el debate de ideas se va al suelo y se hunde en las entrañas de la tierra debido a la existencia de agrupaciones que vomitan cientos de miles de palabras inconexas que sólo tienen por objetivo descalificar, atacar, destruir. ¿Quiénes son ellos? Las minorías vociferantes. (Joyita de fin de semana: las declaraciones de la presidenta del Colegio Médico y la respuesta del ministro de Salud.)

¿Quién las gobierna estas agrupaciones? ¿Qué los motiva? ¿Quiénes son? Tratemos de responder estas interrogantes.

Está claro que tanto en lugares oscuros y malolientes como en oficinas con paredes enchapadas en mármol de Carrara se han reunido mentes iluminadas que —motivadas por ideologías importadas desde el extranjero o desde tiempos inmemoriales— han definido que la mejor forma de imponer su idea o visión del mundo no es a través del proceso mayéutico (guiño para Platón), la argumentación o la escucha activa sino que todo lo contrario, es decir, construir un relato que busca denigrar a quien piensa diferente a través de la difamación, mentiras, burlas y como guinda de la torta… amenazas.

Y claro, como los pensantes en las sombras nunca se quieren ensuciar sus manos (que no le han trabajado un día a nadie) qué mejor que reflotar su espíritu Pyme y encargar el trabajo sucio a gente ignorante y desocupada quienes —por unas pocas chauchas o promesas de pitutos futuros— se dedican a escribir tonteras o decir brutalidades sin fundamento y con menos capacidad de argumentación que una piedra para poder invalidar lo que dijo el de la vereda de enfrente.

Qué frustrante resulta leer o escuchar siempre las mismas imbecilidades desde lado y lado: o sea, o eres facho (y pobre) o eres zurdo (pobre también) y ahí termina el debate; con ese par de palabras comodines se están respondiendo todos los emplazamientos a pensar, meditar o buscar un mejor Chile para todos.

Estas deleznables minorías vociferantes, organizadas y comandadas por poderes en las sombras, están matando la capacidad de análisis de las situaciones que ocurren en el día a día y de la búsqueda efectiva de soluciones, están destruyendo la construcción de grandes acuerdos que nos permitan avanzar hacia un desarrollo más sostenible para todos nosotros.

Cómo es posible que con tanto griterío, insultos y descalificaciones constantes nos lleven a pensar que todos los de la orilla opuesta a la mía son perversos o tienen malas intenciones, cuando la realidad debe ser todo lo contrario: existen en la izquierda y la derecha grandes seres humanos, personas con buenas intenciones y con una verdadera vocación y genuino interés por los demás.

Para colmo de males, como las minorías vociferantes son agresivas y amenazantes, muchos parlamentarios —y políticos en general—, haciendo uso de su sano juicio, dejaron de servir a sus electores o a sus partidos de origen y, por miedo, empezaron a seguir la pauta que estos grupos marcan; es decir, pasaron a ser títeres de personas simplonas que siguen instrucciones de esferas de poder que posiblemente jamás sabremos a ciencia cierta quiénes son.

¿Cuál es el objetivo de haber creado estos grupos? Yo la tengo clara: sin titubear ni un instante le digo al lector que la estrategia es la polarización del país, es decir, meternos en la cabeza que los de la derecha son explotadores y los de la izquierda son explotados, que los de la derecha son ladrones y los de la izquierda son robados, que los de la derecha quieren vivir en paz y que los de la izquierda quieren destruir el país, que los de la derecha son dictadores y los de izquierda también. ¡¡Falacias!!

Dividir para reinar, dice el proverbio y esto es justamente lo que está pasando en Chile, estamos cada vez más y más lejos unos de otros por este constante proceso de condicionamiento mental al cual estamos siendo sometidos por estos grupos vociferantes que no descansan nunca de descalificar y difundir mentiras sobre quien piensa distinto.

¿Qué podemos hacer? No mucho la verdad, esto es un proceso bien armado y suficientemente financiado que ya ha generado un daño lo suficientemente grande que hace irreversible el cisma en nuestra sociedad y sólo queda observar como lo que se construyó durante tantos años de conversación y acuerdos por el bien de todos se va diluyendo. Para muestra un botón —que me hace ser más pesimista aún— es ver candidatos a la Convención Constitucional hablando de Pinochet, dictadura, Allende, Unidad Popular, etc. Si estas joyitas van a escribir la Carta Magna muy pocos acuerdos se construirán y el resultado no será muy diferente a lo que tenemos ahora. En realidad son los mismos de siempre los que se postulan y la gente los elegirá otra vez. ¿Y los independientes? Los independientes, querido lector, se representan a ellos mismos.

Podemos tratar de ralentizar un poco el proceso de polarización causado por las minorías vociferantes a través de cumplir con nuestro deber de ser ciudadanos bien informados, investigar dentro de las miles de denuncias que se levantan aquellas que nos interese confirmar, preocuparnos por difundir informaciones fidedignas, ser medianamente respetuosos al emitir opiniones y —por sobre todo— criticar de manera constructiva con argumentos, con ideas, con opiniones fundadas para que invitemos al debate, a la construcción y generación de nuevos proyectos que tengan un objetivo superior.

Dicho de otra forma: la invitación para lxs lectorxs es a ocupar el regalo de la madurez que nos va proporcionando los años para actuar de manera consecuente, analizar los hechos de manera objetiva y entender que no todos los de derecha son empresarios explotadores ni todos los de izquierda quieren un estado asistencialista ni se niegan a que las personas crezcan por su propio mérito; primero que todo somos personas, compatriotas que compartimos el anhelo de la felicidad y vivir en paz. Esto es lo que deseamos los ciudadanos comunes y corrientes.

La utopía chilena

Cuando querer que impere la justicia y termine la impunidad es utópico.

DESPUÉS DE QUE Alejandra Matus revelara hechos que vinculan al presidente Sebastián Piñera con Enjoy, el pasado miércoles, por un lado, surgen dudas, por otro, un silencio aplastante de los medios. Es muy raro.

Hace unos días, en el marco del Foro Vocento Chile – España, declaró: ‘Hay sectores extremistas que quieren imponer una utopía…’ refiriéndose a los candidatos a la Convención Constitucional.

Me sentí identificado con ese sector ‘extremista que intenta imponer una utopía’. Si utopías son: el fin a la impunidad, tener políticos íntegros trabajando por el bien común, que los verdaderos dueños del cobre —que somos todos los chilenos según la Constitución de 1980— cobremos un Royalty a las multinacionales que explotan nuestro territorio causando mucho daño ambiental y obteniendo jugosos dividendos por nada; yo me sumo.

¿Por qué ha de ser una utopía, en el oasis de Latinoamérica, recuperar las bases de nuestra institucionalidad que el modelo privado ha dañado severamente?

Respecto del ejercicio constituyente —que ha de ser democrático— éste se nutre de la confluencia de múltiples puntos de vista, pero no del monólogo de los mismos de siempre, como si fuesen dueños de la verdad. El sistema de ‘competencia’ electoral, en que se enmarcó el proceso constituyente, niega por completo su sentido y origen. La Convención Constitucional debe ser un organismo que resuelva el hastío que hay de la política y del sistema que ha establecido, no al revés. El Estallido Social le puso tarjeta roja al gobierno en su conjunto, pero en lugar de leer esto correctamente, están —como siempre— cooptando la política, porque la transformaron en una maquinaria de privilegios, lastimosamente, corrupta.

Veamos: la encuesta CEP de publicada en enero del año pasado reflejó esta profunda crisis de confianza: sólo un 2% dijo confiar en los partidos políticos, un 3% en el Congreso, un 5% en el gobierno y 6% en el Ministerio Público. Esta crisis es la herida que sangró en octubre de 2019 y aparecieron sus 3 demandas más relevantes: pensiones, salud y educación. ¿Ha hecho algo este gobierno un año y medio después, o sólo se agudizan las demandas?

Una adecuada lectura implicaba diseñar —con humildad y generosidad, pensando en el país a largo plazo— un sistema donde se diera mayor cabida a independientes que a los partidos políticos, en los que casi nadie (3%) confía. Lo hicieron al revés, para sí mismos, en el ‘Acuerdo de Noviembre’, dejándonos en el extremismo de intentar imponer la utopía de una Convención Constitucional verdaderamente independiente, que nos permita pensarnos libres de las ataduras de procesos tan violentos como fueron 17 años de dictadura y 30 de abusos.

Crímenes sin castigo

Ocupar el aparato estatal, el poder o la posición que se detenta, para obtener beneficio económico personal’. Esta es una definición de corrupción, la que está penada por ley. El aparato estatal toma precauciones contra esta amenaza imponiendo criterios de probidad: que no existan conflictos de intereses, que no haya parentescos con funcionarios del aparato estatal, entre otras. Pero no es rigurosa —lo suficiente— para exigir que un funcionario estatal o de representación popular, no haya sido imputado por causas que comprometen la fe pública; de ser así, muchos no podrían ejercer como hoy.

A diario vemos que las leyes no son respetadas: empresas contaminan en zonas de reserva ecológica, empresas agrícolas de Luksic y Pérez Yoma se apropian indebidamente del agua, se malversan fondos públicos en las FFAA, se paga sobreprecios por las ayudas para las familias a través del mercado público.

Pero lo que me parece más grave es la evidencia abrumadora sobre el manejo que hacen las AFP y toda una fauna de intermediarios —con nuestros fondos— sacando tajadas importantes. La última de ellas, presentada por Alejandra Matus, el ‘Caso Enjoy’, revelaría que, a través de las AGF (Asociaciones Generales de Fondos), las AFP financian créditos, estando esto prohibido por ley. Para colmo, mediante el Decreto 77 se rescata una empresa moribunda por mal manejo, ‘no esencial’ en Pandemia y, curiosamente, vinculada a los intereses del presidente.

La utopía

Se hace imprescindible que las entidades pertinentes intervengan, demanden aclaración de estos hechos y se imparta justicia. Nuestros menguados fondos de pensiones no son un juego y nadie está encima de la ley.

Cuando Ignacio Briones señaló que en EE. UU. Julio Ponce Lerou estaría preso, levantó revuelo, pero es verdad; lo triste es que aquí —donde cometió los delitos por los que escasamente fue multado— sea una utopía.

Deberíamos impugnar ese ‘acuerdo tranversal’ que salvó a Penta, SQM Corpesca y a los políticos que financiaron sus campañas, de una demanda de parte del SII, pues dio rienda suelta a la impunidad.

¿Deberíamos alegrarnos con la prosperidad que bendice a la familia Piñera Morel, mientras las realidades de tantos son cada día más difíciles de soportar?

La impunidad en nuestro país es un flagelo que debe terminar, es una enfermedad, una puerta abierta a la corrupción, pues si a tanto crimen le falta su castigo, los delincuentes ven el terreno propicio para seguir adelante, sin freno, a todo nivel. ¿O es acaso una utopía querer que impere la justicia en Chile?

La fiesta sin fin, con o sin coronavirus

O la fiesta interminable, bailando sobre las sombras de una cultura cadavérica, la ‘cultura-culta’.

EN UN PRIMER MOMENTO pensé que era algo exclusivamente ‘chileno’, muy típico de una cultura local que, desde hace décadas, ha venido enraizando un mal uso de la cordura y de la razón, e incluso de la lengua castellana y del respeto al espacio ajeno, ese que pertenece al prójimo, o al próximo, según quiera usted entenderlo.

Pero, no lo era. El problema es universal, y ha logrado desmitificar aquello que siempre se repite en el Tercer Mundo cuando nuestras falencias nos llevan a compararnos con el viejo continente: ‘ah, es que Europa es otra cosa, su gente es culta, ilustrada y respetuosa’. Parece que todo ello tiene atisbos de falsedad, y que no es ‘la raza (nuestra) la mala’, sino el género humano en su totalidad.

Ya lo había definido el economista, escritor y periodista español Vicente Verdú en una de sus obras, al afirmar que:

La sociedad de consumo tiene, como misión, proveer de placeres sin tregua, y como destino, la diversión hasta morir. Esta cultura no ha prosperado con la penitencia del trabajo, sino con la fiesta sin fin. El autor del capitalismo de producción era intrínsecamente avaro y elitista; el autor del capitalismo de consumo es, sobre todo, consumidor y comunicador. Hay productos basura, telebasuras que producen ominosa satisfacción, pero ¿quién los califica? ¿Los ilustrados de media jornada laboral o los profesionales libres que habitan viviendas espaciosas y disponen de unas rentas que alcanzan holgadamente hasta fines de mes?.

Es que, definitivamente, la que durante décadas —siglos tal vez— fue la cultura-culta, que tenía en su cabeza una sociedad atestada del saber elitista, pero la sociedad actual sólo puede moverse sin cargas ni nudos trascendentes. Esta cultura sin culto, sin bibliografías, apenas pesa, y la liviandad de su memoria es consecuente con su gran velocidad y complejidad desplegada en superficie. Los ilustrados (los amantes de las letras y las artes) odian ciertamente la ligereza pero, a su vez, son también odiados por sus descendientes inmediatos, quienes responden al signo de su tiempo y han bajado las banderas de la tradición y las raíces del folk propio, en beneficio de una ligereza cultural bañada por el chocolate del festinamiento y el aceite fenicio de la consecución de plata dulce a como dé lugar.

Si a ello se agregan dos características que son propias del actual sistema socioeconómico (neoliberalismo), la cuestión será miel sobre hojuelas. ¿Cuáles son esas características tan esenciales para la buena salud del sistema? Individualismo y consumismo. Mientras ellas se mantengan vivas y activas, el sistemita de marras continuará gozando de magnífica salud.

En palabras directas, quienes luchan sin tregua en pos de que las sociedades recuperen sus estándares culturales, siempre serán minorías frente a las masas movidas por energúmenos videoparlantes como la televisión, y por sus principales mecenas, politicastros y empresarios cuyos afanes apuntarán siempre a mantener el statu quo mediante la vieja técnica del ‘pan y circo’. Cuán poco ha cambiado la estrategia política inventada por la Roma Clásica para ‘aquietar y dominar’ a la plebe. Dos mil años y sigue vigente, fuertemente vigente. Vea usted…

Imágenes transmitidas por canales de televisión e impresas por diarios de distintos países, nos han mostrado descerebradas actuaciones protagonizadas por habitantes de repúblicas supuestamente cultas como Italia, Alemania y España, donde no bien se levantaron algunas restricciones impuestas para enfrentar las maldades  sanitarias del Covid-19, miles de personas repletaron calles, playas, plazas y locales comerciales contraviniendo todo aquello que deberían haber seguido respetando durante un tiempo prolongado. El consumo, como siempre, impuso sus términos. ¿Cómo luchar contra ello? El preste Juan y Marco Polo dieron los primeros pasos históricamente hablando. Le siguieron conocidos aventureros, cual fue el caso de Bartolomé Diaz, Vasco da Gama, Albuquerque, Cristóbal Colón y Hernando de Magallanes. Todo por el comercio, todo por el consumo, por la conquista, por la invasión y por el enriquecimiento fácil. Muchos siglos después, un país como Estados Unidos de Norteamérica seguiría esos mismos pasos. Poco ha cambiado en esta canica azul que flota en el cosmos. Sólo la cultura podría salvarnos.

Así es, la cultura (en especial aquella que hemos llamado cultura-culta), se ha convertido en la última trinchera o en la última colina a defender, ya que parece haber concluido ese largo peregrinar basado principalmente en el código escrito, en los modos literarios, en el pensamiento hondo y en la excavación interior. ¿Ese tipo de cultura ha concluido? Ojalá que no, ya que la cultura actual se confunde con el estilo que esta etapa del capitalismo rampante ofrece a las sociedades planetarias. No habrá entonces nuevos Ateneos, Cenáculos ni Graneros Mesopotámicos, a no ser que sólo se quiera distraer a los turistas.

Nuestros antepasados más egregios lo fueron gracias a los libros, y quienes son mayores de medio siglo, crecieron desde y con la página impresa. ¿La radio, el cine y la televisión? Fueron para ellos medios de comunicación que a la vez sirvieron como elementos de entretenimiento, pero hoy para los jóvenes actuales tales elementos constituyen verdaderos medios de cultura y lo que es más grave se alzan como guías de acción política y conducta ciudadana.

Parafraseando a Vicente Verdú, podemos asegurar que ni siquiera el coronavirus ha logrado ponerle freno a la ‘fiesta sin fin’ prohijada y alentada por el consumismo rampante. Dura tarea espera a quienes luchan por reposicionar la cultura-culta… la verdadera, la que emana de la democracia sin ambages donde la soberanía radica en la gente, en el pueblo. Dura tarea, sin duda.

César y la República

Una anécdota personal que permite conocer el Chile de los años 60 y el inigualable Instituto Pedagógico de aquella inolvidable época.

ESOS ERAN AÑOS de libertad absoluta y creatividad desatada.

Quizás por ello algunas personas del entonces mundo adulto industrioso nos motejaban de revolucionarios sin destino.

Cuestionábamos todo, incluso nuestras propias actuaciones. Con mayor dureza y razón criticábamos la estructura sociopolítica de la época, a la que no trepidábamos de acusar como feble, clasista e injusta, amén de impuesta por medios coercitivos a través de la rendición y entrega histórica de nuestros productos realizadas por autoridades nacionales en beneficio de intereses foráneos. Norteamericanos, para mayor abundamiento. Yanquis, para mejor comprensión.

La sociedad chilena, en verdad, no esperaba mucho de nosotros. Pero al interior de los planteles universitarios circulaba un rezo que se transformó en un compromiso tomado unilateralmente por sólo uno de los estamentos participantes.

‘Somos la generación de recambio —decíamos—. Transformaremos el país dándole al factor Trabajo el sitial que nunca se le ha reconocido’.

Para ello nos preparábamos… discutíamos y luchábamos.

Ya lo dije. Eran los tiempos de plena complacencia y la vida se mecía al vaivén de los cánticos protestatarios de decenas de grupos musicales mal llamados folclóricos y de las consabidas peñas sabatinas, así como del síndrome asambleístico que inundaba las mañanas de todas las jornadas lectivas.

Fuera de las aulas, el mundo nacional se sacudía alelado los estragos derivados de las propuestas estudiantiles e insertaba a disgusto (‘los porfiados hechos’) en su actividad rutinaria las proclamas y declaraciones de principios, cuál de ellas más ultrista y por lo tanto más real, de grupos políticos formados y cobijados en las universidades, los que nacían, se transformaban, morían y revivían de acuerdo a los últimos acontecimientos suscitados en territorios lejanos como Cuba, China, Vietnam y Unión Soviética.

Eran años de rebeldía argumentada y respuestas sólidamente construidas, que las autoridades de entonces reconocían justas pero difícil de satisfacer.

Nosotros declinábamos aceptar las explicaciones oficiales y optábamos por continuar nuestra solitaria brega.

Al interior del Pedagógico las ideas se combatían, no se exponían.

Tampoco se discutía argumentadamente como única razón discursiva, sino más bien se defendía a ultranza cada postura política, aunque ello desembocara —como era de común ocurrencia— en grescas fenomenales que dejaban decenas de lesionados y un voluminoso catastro de bienes universitarios estragados.

Después de todo, poco y nada importaba aquello ya que íbamos a ser los próximos líderes de la nación, y para construir la sociedad libre que soñábamos requeríamos quemar lo que la sociedad chilena hasta ese instante había adorado y adorar lo que precisamente esa misma sociedad había estado quemando (si se me permite parafrasear a San Remigio, Obispo de Reims, cuando convirtió al cristianismo al bárbaro Clodoveo, Rey de Francia).

Si Fidel, el Ché y Camilo Cienfuegos dijeron que Cuba era ‘el primer territorio libre de América’, nosotros afirmábamos que ‘el Pedagógico era el primer lugar libre en Chile’.

Con todo lo señalado se entenderá cuán dificultoso resultaba sostener una posición política alejada del marxismo en esa magnífica Facultad de Filosofía y Educación de la Universidad de Chile. Algunos estudiantes lo intentaron, pero desistieron de continuar la tarea luego de sufrir el rechazo sin ambages del resto del estudiantado, decidiendo entonces asistir solamente a las clases y, de vez en cuando, a las actividades deportivas (digo ‘de vez en cuando’, porque en tales eventos también se producían fuertes y movidas discusiones político-partidistas).

Incluso el propio Gobierno de Frei Montalva consideraba punto menos que imposible esperar que sus huestes juveniles democratacristianas lograsen, algún día no lejano, acceder a la dirección política del estudiantado merced a votación popular que colocase a sus dirigentes a la cabeza del díscolo y poderoso Centro de Alumnos.

Sin embargo, había un hombre —un genio, diría yo— que realizó lo anterior sin perder un milímetro del paño de respeto que todos, sin excepción, sentían por su capacidad académica y por su innegable fuerza que insuflaba a la defensa de sus ideas, aun aceptando conscientemente que ellas diferían de las mayoritarias y, más todavía, combatía sin pausas ni cansancio el modelo socializante que pretendíamos imponer al país.

Se llamaba Genaro Godoy (¡¡Salve Genarus!!) y era el propietario de la importantísima cátedra de Historia Antigua, desde la cual nos trasladaba a través del tiempo y del espacio a la isla de Creta, a la Península del Peloponeso, al Antiguo Egipto, a Babilonia, a Persia y… a Roma.

Dueño de una capacidad mnémica inigualable y de un genio insoportable, Genaro hacía sus clases sentado tras una gruesa mesa de encino sin moverse jamás de ese sitio, observando —creo yo— con oculta complacencia el grueso número de alumnos proveniente de distintas Carreras (incluso del pragmático M.F.Q.: Matemáticas, Física y Química), que se disputaban los dinteles de puertas y ventanas para escuchar sus exposiciones de absoluta brillantez.

A nivel de sus pares —y qué pares, ya que en aquellos días había verdaderos monstruos académicos, como César de León, Guillermo Feliú Cruz, Olga Poblete, Eugenio Pereira Salas, Armando Cassígoli, Ariel Dorfmann, Ricardo Krebbs, Luis Rivano, Claudio Orrego, Julio Retamal y otros de similar capacidad— Genaro contaba con el respeto inclaudicable de toda la comunidad universitaria en aquella mítica Facultad.

Pero ¿quién era realmente ese hombre que a juicio del suscrito poseía tan nobles cualidades?

¿Cuáles podían ser sus virtudes para que grupos como el MIR y el movimiento ‘Camilo Torres’ declinaran no sólo atacarle sino, también, trenzarse en discusiones profundas con él?

La leyenda indicaba que Genaro había ingresado a la Universidad como estudiante de Pedagogía en Francés, destacándose su capacidad en el estudio del Latín, lo que le llevó a obtener una Beca para estudiar Historia de Roma en la… Universidad de Roma.

Continuaba la leyenda afirmando que Genaro se convirtió en cortos tres años en Profesor de Historia de Roma en esa misma Universidad europea. Todo un éxito.

Al regresar a Chile, estaba ya casado nada menos que con una condesa italiana (venida a menos debido a los devastadores efectos económicos y sociales provocados por la Segunda Guerra Mundial, los que restaron a su familia las extensas propiedades que habían arengado sus peticiones por títulos nobiliarios). Ella poseía un apellido llamativo, Pirzoviroli, y años más tarde, por decisión del gobierno militar que tomara el poder en Chile un día de septiembre el año 1973, sería nombrada Alcaldesa de Puerto Cisnes, en la Undécima Región.

Ya en la patria, Genaro se integró no solamente al Instituto Pedagógico como académico de fuste, sino además fue aceptado por el Teatro Municipal de Santiago donde actuó como barítono destacado en varias obras operáticas.

Con esfuerzo, capacidad, estudio y perfeccionamiento, llegó a ser el principal académico del Departamento de Historia y, por cierto, dueño de la Cátedra más temida, más aplaudida y más idealizada de aquel sitio de sabiduría y conocimiento. Historia Antigua. El terror de los alumnos. El colador fantasmagórico del Primer Año de la Carrera de Pedagogía en Historia y Geografía.

Pero no se detiene allí el cúmulo de cualidades de ese hombre.

Por decisión unánime de los catedráticos y autoridades de la Facultad, fue privilegiado con la Dirección del Internado de Alumnos, ocupando un amplio departamento como domicilio en el edificio de los internos.

Genaro Godoy trabajaba, vivía, amaba y respiraba en la Facultad. Él era la Facultad. Sólo dejaba su ‘coto de estudios’ cuando asistía a una de estas cuatro actividades, a saber: vacaciones (amaba asistir a las feraces tierras cercanas a Coyhaique), elecciones parlamentarias y presidenciales, funciones de ópera en el Teatro Municipal o… al Estadio Nacional cuando jugaba el equipo de sus amores: la “U”.

La leyenda termina con la aseveración nunca confirmada que señala —en mil formas y cien diálogos distintos— cómo este hombre declinó el ofrecimiento del Presidente Frei Montalva por integrar su Gabinete en calidad de Ministro de Educación, aduciendo que el único y verdadero gobierno digno de su corazón había dejado de existir hacía mucho.

Hasta ahí el mito.

Pero lo que transcribo a continuación cuenta con la esencial certeza de la realidad, pues fui testigo y partícipe de ello.

Los jardines del Pedagógico

Genaro Godoy… simplemente, ‘Genaro’

Creo que ya dije cómo realizaba sus clases este profesor. Sentado tras su mesa de encino, sin abandonar nunca su silla, mirándonos (¡pobres entes ignorantes!) a través de los cristales de sus gafas de monturas oscuras, penetrándonos con el fulgor de sus ojos, remeciendo la sala con la potencia de su voz.

Sus exposiciones eran un cántico a la sabiduría. Informadas, alegres, llenas de vida y pasión, indesmentibles, atractivas pero serias, muy serias y exigentes. ¿Pedagógicas? ¡¡No, para nada!! Su administración de la sala y de la clase distaba mucho de lo que años después nos exigirían los profesores de Metodología.

—Yo no estoy aquí para enseñarles cómo deben hacer una clase —insistía él—. Ese recetario de cocina lo conocerán en Cuarto Año con los Chefs que hay en la Facultad. Yo estoy aquí para mostrarles el pasado portentoso de la Humanidad y la estupidez del Hombre actual, que ha renunciado por ignorancia a sus propias raíces.

Sentado en esa bendita silla, Genaro nos trasladaba magistralmente a la época de las antiguas culturas. No requería de diaporamas, papelógrafos, diapositivas ni transparencias. Sólo él, su voz y su conocimiento.

Ni siquiera utilizaba el pizarrón. Apenas uno que otro mapa, como para alegrar la decoración de esa adusta sala.

En el mes de agosto, al comenzar el segundo semestre lectivo del año, iniciábamos el tránsito por la Historia de la Roma Clásica y nuestro profesor cambiaba la severidad de su actitud por una alegría que inundaba su rostro y le era inevitable mostrar.

Pese a su explícito amor por la capital italiana que él conocía tan perfectamente, mantenía su posición de siempre en cada una de las clases. Sentado tras la mesa de encino.

Así nos guiaba en el recorrido de la atrayente Historia de la ciudad ubicada en las riberas del Tíber y escondida entre siete colinas.

Desde Rómulo y Remo, la leyenda de la loba que los amamantó, el levantamiento de las primeras construcciones en la región del Lazio, el inexplicable retiro de los etruscos, los intentos por construir una República, hasta el accionar de Cayo y Tiberio Graco, Mario y Sila, Escipión y Aníbal el cartaginés, le escuchábamos embobados, mirándole siempre las gafas oscuras que rompían la monotonía de la decoración espartana de la sala.

De pronto, un día cualquiera (creo que hacía frío aquella mañana en Santiago), Genaro Godoy inició un verdadero discurso cuyo tenor se alejaba de lo que se suponía debía ser una clase más. Quedamos sorprendidos por el tono utilizado, por los golpes de puño dados contra la cubierta de la mesa y por la fiereza de la exposición. Pensamos, inevitablemente, que nuestro profesor estaba dirigiéndose a un inexistente Senado Romano, al cual parecía acusar de ineptitud y torpeza.

Roma desfallecía inexorable en la saga de asesinatos y corrupción que se desglosaba de las amplias salas del Emperador y del hemiciclo del Senado. Ni los Tribunos de la Plebe, ni los propios Senadores ni los Generales, y menos aún los Cónsules, Pretores y Cuestores, tenían una respuesta para solucionar la situación de debacle que fagocitaba al Imperio, cual monstruo insaciable que tragaba y tragaba todo aquello que poseía movimiento y vida. Roma moría… ¡¡moría, jóvenes!! Y moría producto de sus propias contradicciones internas. El caos, la desconfianza y la anomia se habían instalado en el Aventino y en el Quirinal, luego de haber agotado las pocas ideas que podían haber sobrevivido en el Palatino. Si ello ocurría, el mundo futuro jamás podría disfrutar de la grandeza literaria, arquitectónica y jurídica que la ciudad eterna deseaba heredarle.

Genaro hizo un alto ganando la atención y el silencio de todos. Teatralmente, golpeó la mesa y nos provocó un pequeño infarto al romper el mutismo y la quietud sobrecogedora de esa mañana.

Pero entonces, en el mismo Senado, un Tribuno tomó la palabra y recordó a los presentes que aún existía una salida a la situación de anarquía. Tomando posición cerca de una de las sillas curules que se situaban en el pasillo de entrada al hemiciclo, este Tribuno extendió su brazo derecho para indicar un punto invisible hacia el noroeste. Desgraciadamente, la Historia no rescató la identificación de este hombre —un iluminado, sin duda— que fue quien en verdad salvó al Imperio. Con voz segura y firme recordó a los Senadores que a muchas leguas del Tíber, en los territorios bárbaros de las Galias, había un General exitoso, inteligente, romano hasta la médula de los huesos, dispuesto a tomar en sus manos la insigne tarea de devolver a Roma su grandeza de antaño y la paz al interior de sus fronteras, aunque para ello tuviese que ordenar a sus victoriosas legiones y baldear con sangre las calles de la ciudad. ¡¡Y el Senado, en el único minuto de inteligencia y racionalidad de aquellos meses, aceptó la proposición!! ¡¡Roma se había salvado!!

Entonces, impensadamente para nosotros, Genaro abandonó su silla y se puso de pie. El rostro del profesor parecía iluminado por una estrella que rielaba su luz cósmica en su frente despejada.

Guardó silencio por breves segundos antes de explotar en una cascada de voz estremecida por la emoción.

—¡¡De pie, jóvenes!! ¡¡De pie todos!!

Y todos nos levantamos, extrañados y divertidos.

—Roma se había salvado… la Historia de Occidente sería posible gracias a esa divina decisión del Senado. Desde las Galias llegaría el único hombre con capacidad suficiente para tomar al Imperio en sus manos y llevarlo hasta la gloria imposible.

Nadie respiraba en esa sala. Sentíamos temblar nuestras venas con el discurso de Genaro Godoy. Algo indescifrable recorría las vértebras de todos los alumnos. Nadie sentía ya el frío de la mañana. Obvio, Roma se había salvado.

—Desde las indómitas Galias volvería su conquistador… regresarían las legiones invictas al mando del glorioso general, del victorioso militar, del hábil político y mejor conductor de pueblos. Señoras y señores… aplaudan sin condiciones ni remilgos… den la bienvenida al mejor de todos… miren hacia esta puerta porque por ella entrará la Historia pura, la leyenda hecha carne, los haces lictóricos y las coronas de laureles que se pasearon triunfantes por el centro de Europa. Jóvenes estudiantes, les presento al gran, al inmortal, al magnífico… JULIO CÉSAR.

Luego, el profesor tomaba nuevamente asiento y mirándonos beatíficamente (por primera y única vez en el año), juntando sus manos a la altura de su mentón, con los ojos humedecidos por lágrimas furtivas nacidas honestamente en su alma de incuestionable ciudadanía romana, temblándole de emoción la voz a punto de quebrarse en llanto quedo, nos endilgó la última proclama estentórea que desnudaba su lealtad al héroe que hubiese gustado servir.

—¡¡Viva Roma!! ¡¡Viva César!!

Guardaba silencio durante un par de minutos, con su cara escondida entre las manos regordetas y, bruscamente, abandonaba la sala dando por terminada la clase de esa jornada.

Al día siguiente, era de nuevo el Genaro Godoy de siempre. Sentado tras la mesa y recobrando su actitud habitual. Así, hasta el final del año.

Habíamos descubierto —¡cómo no!— cuál era el ‘único y verdadero gobierno, ya inexistente, al que él hubiera servido gozosamente’.

La hora de la verdad… el examen de fin de año

El 'Peda', en mi época (1965-69)

Corría el mes de diciembre del año 1965 y nos encontrábamos rindiendo los exámenes de fin de año, asorochados por la ansiedad de pasar luego —y ojalá con éxito— el difícil enfrentamiento con Genaro Godoy y su comisión de Ayudantes que nos dirían cuán capaces e informados éramos en las materias de Historia Antigua.

Yo me presentaba a ese evento infausto con un débil promedio de calificaciones (creo que era un 4,5), lo que me auguraba una experiencia irrepetible como alumno de la Carrera toda vez que quisiéralo o no debería pasar por una o más preguntas sobre Roma. Genaro sabía que mi fuerte era Grecia, así como estaba endemoniadamente enterado de las materias que dominaban y/o rechazaban todos y cada uno de sus alumnos.

Pero frente a la mesa de la Comisión Examinadora, sobre la cubierta de una especie de tablero, descansaban apocalípticos treinta sobres conteniendo tres preguntas cada uno. Los sobres se encontraban numerados con tinta negra en el borde superior derecho. Debíamos sacar dos sobres (al azar, por supuesto), pero respetando las reglas del juego impuestas por Genaro. Un sobre cuyo número no superara el guarismo quince, y otro sobre entre el dieciséis y el treinta. En estos últimos se encontraban las preguntas respecto de la Historia de Roma.

El alumno que habla ingresó solitario a esa celda de torturas. Se sentó frente a la Comisión que le observaba como carnero con futuro cierto de degüello. El Ayudante Márquez leyó las calificaciones de la víctima. Un 4,5 en Egipto Antiguo. Un 5,2 en Grecia. Un 4,1 en Roma. Promedio final de presentación a examen: un 4,6.

—Le ofrezco dar el examen en marzo —me dijo Genaro.

—¿Por qué, señor? Tengo un 4,6 y me he preparado bien para este momento —creo que retruqué nervioso.

—Odio aniquilar esperanzas fútiles. Como usted quiera, joven. Saque dos cédulas y léanos la pregunta número tres del primer sobre.

Dicho eso, la Comisión permitía al alumno disponer exactamente de dos minutos para preparar la respuesta. Pasado ese lapso… comenzaba la rendición del examen.

Genaro Godoy se echaba prácticamente sobre la mesa y escondía su cabeza entre los brazos, en actitud de sueño y descanso. Mientras tanto, el examinado comenzaba su exposición que debía contar con una hilvanada seguidilla de datos, fechas, situaciones, nombres y hechos, amén de usar adecuadamente la riqueza de vocabulario que se esperaba de él dada su calidad de estudiante universitario.

De pronto, tan teatralmente como hacía sus clases, el profesor levantaba con brusquedad su cabeza e interrumpía al estudiante con un estentóreo y seco:

—¡¡Falso!! ¡¡Falso de falsedad absoluta!! ¡¡No mienta, no invente, no yerre!! ¡¡Horemheb no nació Faraón!!

Si el error del alumno se producía durante su exposición sobre Roma, la reacción de Genaro era aún más burlesca.

—¡¡Dios mío!! ¡¡Perdónalo porque no sabe lo que hace… ni lo que dice!! Usted no va a ser jamás Profesor de Historia, señor. Será novelista de ciencia ficción. Lucius Cornelius Sila jamás hizo una reforma agraria… quien sí la realizó fue uno de los Graco. ¿Cayo o Tiberio? ¡¡Ni siquiera sabe eso!! ¡¡El colmo!! Vamos a escribir al Instituto Avellino en El Vaticano para informarle a los académicos romanos de historiografía que aquí, en el lejano Chile, luego de un exhaustivo trabajo de investigación bibliográfica, un alumno acaba de realizar un descubrimiento magnífico que trastoca y cambia todo lo conocido. ¡¡Es usted un ignorante señor, y me hace perder miserablemente el tiempo!! Dedíquese a otra cosa. Le sugiero que siga la carrera política. Ahí reciben especímenes variados. Desde incultos y analfabetos, hasta flojos, vagos y mongólicos.

Afortunadamente salí vivo de aquella experiencia. Algo chamuscado tal vez, pero vivito y coleando, con nota final 4,2.

En los jardines colindantes con las murallas de ladrillos rojos del Departamento de Historia, setenta y tres estudiantes esperaban la salida del alumno que terminaba su sesión de interrogatorio con la Comisión. Ora abrazos, ora solidarios gestos de condolencia, acompañaban de inmediato a la última víctima.

Quienes no habían ingresado aún al examen, solicitaban con urgencia y ansiedad los números de sobres que contenían tal o cual materia, la que era releída y repasada inútilmente antes de ser llamado al juicio final de Genaro y sus ayudantes.

El nerviosismo se sentía incluso en los escaños de piedra que adornaban el paisaje. Nadie estaba ajeno al dolor de estómago y a la sensación de constituir un ser mínimo en el paisaje del inefable profesor.

Sin embargo, como siempre ocurre en cualquier actividad, había un estudiante que no manifestaba preocupación alguna sobre su próximo devenir. Por el contrario, este personaje había estado toda la tarde disfrutando de la lectura de un periódico y del crucigrama respectivo, recostado sobre el pasto del jardín, fumando desaprensivamente un cigarrillo tras otro, como si estuviese en el patio de su propia casa.

—¿Con qué promedio te presentas? —recuerdo que le pregunté a Carolo.

—Un 3,5, creo —me respondió indiferente.

—Estás muerto. Genaro te va a reventar. Mejor acepta su oferta de volver en marzo.

—Ni loco que estuviera —respondió sonriendo—. Voy a aprobar este examen, ya verás. Sólo confírmame una duda.

—Tú dirás —respondí.

—¿El sobre número veintidós es el que contiene una pregunta respecto de la crisis romana que llevó a Julio César al primer triunvirato?

—Así es. Pero si eliges esa cédula te estarás ahorcando con propia mano. Es el tema favorito de Genaro Godoy, amén que la bibliografía existente al respecto es voluminosa. Por ese camino vas a la repetición de la asignatura. Además, que yo sepa, has estado durante los últimos tres días perdiendo el tiempo en El Quisco junto a tu polola. No tienes ninguna posibilidad de salir vivo de esa sala.

—Hombre de poca fe —me respondió a la par con una carcajada que me hizo pensar en una posible enfermedad mental afectándole el cerebro.

A las siete de la tarde, siendo ya el último alumno en enfrentar a una cansada comisión, Carolo ingresó a la sala y se presentó con actitud seria a la vista de Genaro y los suyos.

Obviamente, el profesor le ofreció regresar en marzo y no perder miserablemente el tiempo, como acostumbraba decirle a todos.

Además, Carolo llegaba al final de la asignatura con calificación inferior a 4,0. Pero era un tipo porfiado, perseverante y confiado en sus habilidades.

Argumentó que reglamentariamente le asistía el derecho a ser examinado y que haría uso de tal prerrogativa, independientemente que el señor profesor y sus ayudantes estuviesen cansados luego de diez horas de arduo trabajo. Por otra parte, para ello la sociedad chilena les cancelaba un sueldo nada despreciable.

Genaro sintió que sus mejillas se encendían de ira y vergüenza, pero no explotó ni perdió los estribos. Miró a Carolo con los ojos inundados por la sorpresa y terminó sonriendo irónicamente. Le habían aguijoneado y estaba dispuesto a entrar al ruedo. Se acomodó en la silla y frotó sus manos aparatosamente. Iba a disfrutar destrozando a ese insolente.

—Póngase cómodo, joven. Esto va a durar muy poco. Elija dos cédulas, por favor y…

—Perdón, profesor —interrumpió Carolo—. Si usted lo permite, me gustaría jugarme el todo por el todo con un solo sobre. Quisiera abrir el que tiene el número veintidós.

Godoy abrió desmesuradamente sus ojos y la sonrisa se transformó en una risita nerviosa que indicaba cuán a gusto aceptaba la solicitud de ese bellaco. Sin miramientos, inclinó la cabeza señalando su aprobación.

—Que sea el veintidós —dijo en un hilo de voz, ya que le resultaba difícil sofocar su alegría—. Puede leer cualquiera de las tres preguntas. Tendrá dos minutos para preparar su respuesta.

—Gracias señor, pero no requiero ese tiempo para contestar —afirmó Carolo, dueño de sí—. Aún más, ni siquiera necesito abrir el sobre, ya que conozco los temas que incluye. Usted sabe, profesor… mis compañeros allá afuera han estado informando qué materias hay en cada cédula.

—Entiendo. Que sea como usted quiere. Soy todo oídos.

Dicho esto, Genaro se echó sobre la cubierta de la mesa y escondió la cabeza entre los brazos. Estaba seguro de que en menos de un minuto mandaría a ese alumno a freír monos al Congo y el año entrante lo tendría de nuevo en sus manos.

Carolo tomó aire, infló su tórax y comenzó a exponer la situación de una Roma sumida en el caos, la corrupción y los asesinatos diarios. Habló de las legiones repartidas en territorios lejanos, cerca de las fronteras últimas del Imperio. Mencionó las Galias, Hispania, el norte africano, Germania, Judea…

—Al punto, señor, al punto. No merodee por cuestiones secundarias —apuró Genaro sin levantar la cabeza—. Ya sabemos cómo estaba la capital del Imperio en esa época.

—Oh, claro… Roma se encontraba asfixiada por malas y corruptas administraciones, especialmente por la torpeza de los Cónsules que no eran capaces de recabar los suficientes impuestos para alimentar una plebe parasitaria que exigía todo sin otorgar nada.

—¡¡Al punto, hombre, al punto!! —vociferó el profesor, ya molesto.

—El Senado contaba con la capacidad militar, económica e intelectual suficiente para sacar al Imperio del marasmo que lo consumía. Tenía entre sus filas a hombres probos aún, dispuestos a tomar el gobierno colegiadamente y revivir la antigua República…

—¿Qué está diciendo? —Genaro se entaquilló sobre la silla—. ¿Una República en las condiciones que la ciudad…?

—¡¡Sí señor!! ¡¡Una República!! —gritó Carolo acercando su cara a la del profesor, desafiándolo abiertamente—. Las condiciones, como usted dice, estaban dadas y el terreno era fértil. Sólo tenían que llamar a los Tribunos de la Plebe que se hallaban minimizados por el ostentoso y pueril poder omnímodo de los mismos patricios que ahora rogaban por una mano diferente.

—¿Y usted cree que esos patricios iban a aceptar ser gobernados por representantes de la chusma? ¿Eso es lo que está sugiriendo?

—Roma ya había conocido las bondades de una República, así como sabía por propia experiencia de las terribles consecuencias de una dictadura de clases —la voz de Carolo era profunda y seria—. El caos era tan agudo que el Senado aceptaría cualquier propuesta, y la de los Tribunos era no sólo la menos dañina sino la de mejor pronóstico para el mundo occidental futuro. República romana y democracia ateniense, juntas y mezcladas en el mismo jarro. ¡¡Perfecto!! Lo dijo después el mismísimo Cicerón. Y Cicerón fue, a no dudar, el hombre más probo, inteligente y serio de toda esa malhadada época. ¡¡República, profesor, República y no Dictadura!!

—¡¡Imperio, joven, Imperio!! Usted confunde perversamente los conceptos.

—No profesor, yo no confundo nada ni me extravío en caminos torcidos que usted mañosamente construyó para nuestra desubicación. Pero, para su desgracia, soy de los pocos que ha pasado el año leyendo a Cicerón… ¡¡a Cicerón, señor, Cicerón… que sí estuvo presente en el Senado, en Roma, en Parma, en Liguria y en Sicilia cuando esos hechos ocurrieron, y no como usted que pasó simplemente por una biblioteca romana para tragarse infantilmente lo que le dijeron unos fanáticos fascistas salvados de la debacle de Mussolini y ahora, supuestamente convertidos en investigadores historiográficos, se dedican en exclusiva a levantar un ídolo de barro como Julio César, quien es el paradigma de los nuevos ultristas de derecha, amantes de las tiranías monárquicas, que pululan por una Italia democrática complotando a diario para propiciar un golpe de estado!!

Genaro se había levantado de la silla y con las manos apoyadas sobre la mesa encaraba furioso la destemplada diatriba que lanzaba el alumno. La barbilla le temblaba como gelatina y sus mejillas se habían arrebolado. Aquel muchacho desafiaba no sólo la verdad histórica y la figura señera del magnífico emperador romano… le estaba aguijoneando a él y a todo aquello en lo que había basado su modo de vida. El orden, la disciplina, la autoridad, el conocimiento y el respeto a las instituciones. Consideraba que la situación había alcanzado niveles preocupantes pero, a pesar de los pesares, ese alumno estaba recitando a Cicerón y obligaba a un intercambio de opiniones fundamentadas, válidas y concretas.

—Si César no hubiese regresado a Roma desde las Galias, el Imperio nunca habría alcanzado el esplendor y gloria que hoy conocemos —respondió con el mejor tono discursivo que halló a mano—. Usted nada sabe de lo que en realidad es y significa una nación envuelta en la anarquía, el caos y la corrupción. La República bien puede constituir un noble propósito y una esperanzadora visión, mas para llegar a ella es indispensable a veces atravesar por períodos autoritarios. Tales momentos, en los que se aherroja las libertades individuales, si son conducidos por un hombre genial, probo y fuerte, se convierten por sí solos en la mejor expresión de la capacidad de un país. Julio César es el mejor exponente de lo dicho.

—Discrepo absolutamente de su aseveración, profesor —retrucó Carolo impasible—. Con César se instauró la tiranía y el culto a la personalidad, se conculcaron muchos derechos que los romanos habían ganado a punta de esfuerzos y creatividad en su camino hacia la República. Con César se borró de una plumada lo mejor del pasado magnífico de Roma. Por último, con César se regresó a la corrupción —él mismo era la insignia de los corruptos— y su propio gobierno terminó con sangre chorreando por las escalas del Senado. Tendría que ser Octavio —o Augusto en verdad— quien condujera a Roma hacia momentos de esplendor y paz. Octavio, señor. Octavio, que no era sino el protegido de César. ¿Cómo puede usted afirmar que el Senado tuvo un momento de inspirada iluminación al traerlo desde las Galias junto a sus legiones?

—La Historia lo confirma, joven —bramó Genaro—. Julio César recompuso la autoridad y amplió las fronteras del Imperio.

—¿Acostándose con Cleopatra? ¿Un hombre enfermo, acosado por la epilepsia y por las ansias de ser considerado un dios? Otros procesos históricos, más cercanos a los nuestros, responden a mis inquietudes. Mussolini, Hitler, Stalin, por nombrar algunos, hicieron un recorrido similar al del emperador romano, y sus finales fueron también parecidos.

—¿Está comparando a César con Mussolini y con Hitler? ¡¡Esto es el colmo!! ¡¡Absténgase de decir estupideces sin fundamento!!

—Las tropas de asalto de Hitler, así como los Camisas Negras de Mussolini, portaban en sus banderas y estandartes muchos de los símbolos que Julio César utilizó en sus legiones. Haces lictóricos, laureles, swásticas (que César obtuvo de ciertas sectas hindúes), desfiles militares impresionantes en los que Roma mostraba su grandeza, un pueblo arrastrado a la Vía Apia y al Circo para aplaudir a sus héroes… en fin, la Historia se repitió y seguirá haciéndolo. Cuando las autoridades políticas, económicas y morales de una nación olvidan su compromiso contraído con el pueblo, se hacen responsables de lo que sucederá a continuación. La tiranía de un solo hombre, profesor, y peor aún, de un hombre enfermo, mesiánico y equivocado, como fue César, como fueron Mussolini, Stalin y Hitler, deriva impajaritablemente en destrucción, asesinatos, caos y revolución.

—Mire, joven: deme un solo argumento moralmente poderoso que justifique sus aseveraciones sobre César y yo, de inmediato, olvidaré esta discusión sin futuro ni sentido.

Carolo se había acercado al borde de la mesa y sentía el nerviosismo de los ayudantes del profesor, quienes mantenían una actitud contrita y se habían encerrado en el mutismo provocado por un alegato que no esperaban y que, además, consideraban incluso irrespetuoso. No obstante, por vez primera en muchos años, observaban a Genaro interesado en aquella lucha de opiniones que podría considerarse inexplicable.

Hinchando su pecho para que el aire viciado de la sala llenase sus pulmones, Carolo lanzó el único argumento que capacitaba su postura. Mirando fijamente al profesor, utilizó el tono de voz más calmo y profundo que le era posible.

—Hay un hilo conductor que me lleva a asegurar cuán distinta habría sido la Historia de la Humanidad si César no hubiese regresado desde las Galias.

—Soy todo oídos —se mofó Genaro, tomando asiento una vez más.

—Sin César, el Senado habría optado por la República pues la plebe extendería sus demandas en tal sentido. Con una República, Roma no habría mostrado interés en expandir sus dominios pues tendría que desgastar sus esfuerzos en consolidar ese sistema de gobierno en la propia península. Con una República, algunos pueblos de menor interés comercial para los romanos habrían obtenido su libertad o, en el peor de los casos, habrían firmado acuerdos de mutuo interés en lo económico y comercial con los poderosos de Roma.

—¿Y qué habría ganado el Imperio con ello?

—La paz, la tranquilidad y el respeto de otras naciones. Pero es la Humanidad, más allá de Roma, quien habría salido fortalecida y gananciosa con tal situación.

—No veo la conexión —replicó el profesor—. Si es usted tan amable, aprovechando que estamos frente a un ‘iluminado’, podría explicarme cuál es el punto.

—Una República, señor, no se esmera en extender sus fronteras para agenciarse territorios que no le son propios. Eso lo realizan solamente los Imperios, los Reinos y los Reichs. Con una República, Roma habría dejado en libertad a Judea. Con Judea libre, no habría existido un Gobernador Romano como Poncio Pilatos. Sin Poncio Pilatos no habríamos lamentado el triste e injusto juicio al carpintero de Galilea. Sin el asesinato de Jesús, el mundo, la Humanidad, nosotros y nuestros hijos, seríamos hoy mejores seres humanos, mejores y más dignos hijos de Dios. Julio César, y específicamente la torpe decisión del Senado que lo trajo desde las Galias, abortó ese futuro. Usted solicitó un argumento moralmente poderoso y yo se lo he dado.

El académico mesó sus cabellos, metiendo los dedos de la mano derecha desde la frente a la nuca, en un recorrido nervioso que pretendía ganar tiempo a objeto que las ideas se ordenasen antes de salir en estampida.

—Está mezclando situaciones, joven.

—Simplemente las hago transitar en paralelo, profesor. Usted nos ha enseñado que en el desarrollo de las naciones son las coyunturas históricas quienes deciden el futuro de estas. El nombramiento de Julio César fue, a mi juicio, una desgraciada coyuntura que favoreció la instauración de la tiranía divinizada por los corruptos de siempre, a la vez que favoreció el acaecimiento de dolorosos sucesos en una tierra tan lejana y pobre como la antigua Judea.

—Entonces, según su propio criterio, si Roma hubiese optado por la República los hechos ocurridos en la tierra de Jesús no habrían culminado con su crucifixión. Es audaz su planteamiento, y nada científico.

—Señor, yo hice mi planteamiento respecto de la equivocación cometida por el Senado y basé mis dichos en los datos entregados por una persona seria, científicamente informada, que vivió años después de esa época y que ha sido considerada como una mente brillante. Me refiero a Cicerón.

—De acuerdo, pero mezcló interesadamente esa postura con asuntos profundamente religiosos.

—¿Yo? ¿Que yo mezclé…? Señor, fue usted quien me solicitó un argumento moralmente poderoso. ¿Recuerda? Si la muerte de Cristo no es poderoso argumento, significa que jamás podremos ponernos de acuerdo en nada.

—Bien, bien. Dejemos hasta aquí este asunto, ya que merecería mayor tiempo para dilucidarlo.

Volviéndose hacia sus ayudantes, Genaro arrastró la planilla de notas para colocarla bajo sus gafas. Levantó el lapicero de tinta negra y estampó su firma en el costado derecho del casillero número setenta y dos. Luego, extendió su diestra y saludó a Carolo mientras con su vista señalaba la puerta de salida.

A las ocho y media de la tarde, Carolo abandonó la sala y se abrazó conmigo en la penumbra de los jardines exteriores. Había aprobado la asignatura con calificación 4,0.

Fuimos a celebrar nuestros respectivos éxitos al Café ‘Las Lanzas’ en Plaza Ñuñoa y compartir las aventuras de ese día.

Sentíamos que el mundo nos pertenecía inasiblemente y que la sociedad chilena podía considerarse a salvo en su futuro desarrollo con personas como nosotros.

Bebíamos nuestro segundo jarro de blanca y espumante cerveza, cuando una figura se presentó al lado de nuestra mesa.

Era Genaro Godoy.

Tomó asiento sin que lo invitáramos y apuntó su dedo a los ojos de Carolo.

—Me fregó, joven. Lisa y llanamente me fregó. Demoré diez minutos en percatarme que usted había realizado conmigo un juego de emociones —dijo pausadamente—. Caí como un chorlito. Por eso he venido hasta este Café. Quiero saber si real y sinceramente cree en todo lo que dijo en la sala de examinación.

—Sí, profesor. Soy un convencido de lo que he dicho.

—Ajá… entonces, tendremos que seguir la discusión, joven amigo.

Solicitó una nueva ronda de cerveza para todos y la acompañó con una pichanga de queso, cecinas y pickles.

Esa noche, cuando la madrugada degollaba la oscuridad, dejé el café ‘Las Lanzas’ para retirarme a mi hogar.

Por la vereda sur de la Avenida Irarrázaval, Genaro y Carolo, abrazados y ebrios, caminaban hacia el poniente.

Entre hipos y risotadas, justo al subir al micro que me llevaría a Plaza Italia, alcancé a escuchar los gritos que escapaban de sus bocas.

—¡¡Viva César…!!

—¡¡Viva la República…!!

Los pasajeros del micro los miraban divertidos. Eran solamente dos ebrios que terminaban una francachela aquella calurosa noche de diciembre. Ninguno de esos habitantes del transporte colectivo debe recordar lo que presenciaron aquella madrugada de un mes de diciembre del año 1965.

En cambio, yo, jamás lo he olvidado.

No más Toque de Queda

EL AUTOCUIDADO es muy necesario, y es claro que la gran mayoría lo aplica; sabemos que detrás —igual— hay una manera de utilizarlo en forma grosera por los grupos de poder, especialmente por los gobiernos que han logrado usar este control de masas a discreción y sin asco.

Que el virus existe, cómo ponerlo en duda, pero que las medidas han sido la mayoría absurdas o poco adecuadas —algunas abusivas e improcedentes— eso tampoco se puede dudar.

Las cifras se falsearon desde un principio: un ministro que decía que todo lo estaba haciendo y bien, desde generar arriendos ridículos como el de Espacio Riesco, hasta mentir en el número de fallecidos fue de lo más grosero y penoso que se puede relatar en este año de pandemia que ya se cumple. Tantas medidas que fueron a destiempo, sin control real y luego tratando de culpar a la gente de no cumplir aquellas que, por cierto, ellos mismos como autoridades hicieron poco o nada de caso. En ejemplos no nos quedamos cortos: Piñera, fotografiándose en zona de cuarentena frente a la estatua de Baquedano, en plena Plaza de la Dignidad y en una comuna con cuarentena; luego pasea por una zona costera sin mascarilla. O sea, la primera autoridad desdiciéndose de sus propias medidas que su gobierno implementó —desde el Ministerio de Salud— y luego desde ahí terminan culpando al ciudadano de a pie, afirmando que no cumple, que no usa las medidas en forma apropiada o tienden a desentenderse… cuando los malls abren como si nada, el Metro se mantiene permanentemente sin problemas, se debe entender que dentro de este medio de transporte el virus no resiste y todo ahí se transforma en un espacio inmune para las personas.

A un año de iniciarse la psicosis de la pandemia se puede resumir que la gente fue no toda presa del miedo, que los medios de comunicación tradicionales se dedicaron a jugar como siempre al jueguito de la autoridad, que estos trataron de convertir a los unos policías de los otros. Me recuerdo cómo una locutora de una radio digital pedía que si alguien descubre a un vecino infringiendo las normas sanitarias le denunciara a un número que implementó la PDI para estos casos; o sea, sapos en el vecindario.

Luego, la medida más absurda de todas: tomar la temperatura, como si una persona con más de 38 grados le fuera fácil salir a la calle; y bueno, el mentado toque de queda es de lo más aberrante que existe. Primero, porque no pueden pensar que el virus dejará de atacar de noche si hay toque de queda; lo segundo es que se sabe que esto no es una medida sanitaria, sino solo una medida de control: los gobiernos como el de Sebastian Piñera desesperado en su mala gestión busca de dónde agarrarse para frenar la movilización social, y qué mejor que tomarse de esto para seguir generando cierto control. Ellos, que perdieron todo tipo de autoridad y lo único que les hace efecto es reprimir y tratar, desde ese nicho, controlar. Lo que más me llama la atención es cómo se adormecieron los movimientos sociales y nadie levanta la voz para que el mentado toque de queda se acabe de una buena vez. No puedo pedir a la oposición parlamentaria que haga algo, porque esa sí que permanece atolondrada: el comité de expertos son otros que le llevan las de abajo al desgobierno y el Colegio Médico actúa con una ambigüedad que también es difícil de comprender. Pedir el fin definitivo de una medida absurda y poco clara corresponde sin duda a los miles de personas que aún no terminan de entender el para y por qué tal medida.

Entiendo que si hay en cada fase una serie de normas y que la fase 1 ó 2 llevan implícitas una serie de restricciones entre las cuales se priva de la libre circulación ya sea en fase 1 y, los fines de semana, en fase 2. Entonces ¿para qué mantener esta medida que sólo trae incertidumbre, y entendiendo que además hasta los aforos están estipulados? ¿Dónde está el fin u objetivo de esta medida que no se sostiene, además, constitucionalmente?

En Holanda, un tribunal de La Haya ordena levantar el toque de queda impuesto hasta el 2 de marzo; el argumento esgrimido es que la pandemia no puede calificarse de emergencia; es el primer país que, al menos, discute esto y un tribunal vela por las libertades individuales. En varios países la medida no existe, es el caso de Alemania, Portugal, Hungría, México. El Reino Unido tampoco lo aplica pero, a cambio, mantienen el cierre de fronteras. Bélgica y Suiza imponen toque de queda a sus zonas fronterizas; en algunos Estados de EE.UU. sí se aplica y en otros muchos, no.

Nada indica que sea una medida apropiada o que ella disminuya los casos de Covid-19 o que esto sea una medida sanitaria efectiva; entonces no se entiende por qué Chile deba seguir por un año manteniendo esta absurda medida. NO MAS TOQUE DE QUEDA.

Mujeres al ataque. (Ni un paso atrás)

¿Habrá decidido Aspasia dejar la oscuridad desde la cual aconsejaba a Pericles, para tomar por sí misma las riendas de la conducción del país?

LAS MUJERES demostraron que son más decididas, mejor organizadas y más conscientes que nosotros. Ahora deben tomar las riendas del país y de la política. Que no sea esta marcha del 8 de marzo una golondrina que no haga verano. Es el momento de las hembras; ojalá sea largo históricamente. Lo merecen. Se lo han ganado a pulso, pacíficamente, a neuronas, con resiliencia y una unidad de género que emociona.

Digo esto debido a que los gobiernos duopólicos, predadores y ladrones, no dejan de pensar en cómo expoliar a la gente. Esa nefasta sociedad NuevaMayoría-ChileVamos ya debe estar craneando cómo poner plazas de peaje para peatones en el centro de las ciudades o en calles de mucho tránsito. ¿Tiene que rumbear —a pie obviamente— por Ahumada o Huérfanos o Estado o la Plaza de Armas? Peaje a luca, y los estudiantes a quinientos, pero sólo de lunes a viernes y desde marzo a diciembre. Habría tarjetas bip! para estos efectos.

¿Y por qué no, si los chilenos (en especial las cofradías políticas en manos de varones) han aguantado/implementado/aplaudido tropelías legales tan inaceptables como la mencionada en líneas atrás? Piense usted —y sólo son ejemplos exiguos— en los chalecos reflectantes (¿alguien los usa?), o en los chips para mascotas (un negociado que avergüenza la supuesta inteligencia del chileno promedio), o el pago usurero e inmoral del TAG (si ya ha pagado el permiso oficial para circular por calles y carreteras del país), el actual intento de meterle la mano al bolsillo con los medidores inteligentes, etc., etc…

Por ello, es hora de que las mujeres tomen las riendas de la administración pública, tal cual lo hacen —millones de ellas­— en sus hogares, en sus oficinas, en sus locales comerciales, en sus empresas grandes o pequeñas, en sus profesiones. La oportunidad la han ganado con creces, y está más que claro que jamás podrían hacerlo peor de lo que nosotros, los varones, lo hemos hecho.

Si la mitad de la población mundial es femenina, pues bien, que también lo sea la mitad de todo aquello que dice relación con el género humano, desde las empresas y los gobiernos hasta las fuerzas armadas y policiales. Tal vez sean las mujeres en el poder quienes definitivamente salven este planeta, pongan de pie lo que está de cabeza y logren establecer la paz, la inteligencia, la igualdad, la cordura y la solidaridad como bienes permanentes de la humanidad.

No sé qué estará ocurriendo con este movimiento femenino en otras naciones, pero acá en Chile es el momento perfecto (coyuntura histórica, le llaman los sociólogos) para que nuestras hermanas y compañeras y amigas y conocidas, constituyan la directiva de un referente político transversal, masivo y nacional, del que deberán surgir las nuevas autoridades nacionales y regionales. Ahora es cuando… mañana ya será tarde pues el sistema capitalista/neoliberal tiene un maldito mecanismo de recuperación que le permite rehacerse rápidamente de cualquier disfunción a su engranaje. ¿Usted no lo cree? Pase y lea entonces.

Jesús, el Ché, Bob Marley, John Lennon, los hippies, etc., fueron tremendos elementos disfuncionales al sistema mercantil predador. ¿Qué ocurrió con ellos? El sistema usó su mecanismo de recuperación y los transformó en objetos (sí, objetos) comerciales, en moda: chapitas, posters, poleras, CD’s, música, películas, libros, etc.; los lanzó final y exitosamente al mercado, donde todo se compra y se vende. Ganó el sistema.

Por ello, peligro que corre este enorme movimiento femenino es que se asimile al que hundió a la revolución popular campesina de Villa y Zapata, quienes una vez que triunfaron sobre el establishment mexicano, instalados en el palacio de gobierno, se preguntaron mutuamente quién de ellos gobnernaría. Zapata respondió que estaba satisfecho con lo logrado (recuperación de tierras) y regresaba al sur. Lo mismo hizo Villa, retornando al norte. El gobierno entonces regresó a las manos de los guarapos de siempre.

Que no digan nuestras mujeres que ya lograron igualdad de género (que no lo han hecho aún), o que pusieron sobre la mesa los temas que les interesa, porque si tales temas no los administran ellas mismas desde las cúpulas del poder político y legislativo, jamás serán atendidos por los hipócritas e inefables varones del sempiterno establishment macho, quienes volverían en gloria y majestad a montarse en el recuperado trono del autoritarismo.

Lo dicho, es el momento preciso, exacto, es la coyuntura perfecta, histórica, para que organicen cuadros directivos que reemplacen a todas aquellas tiendas partidistas que no han dado el ancho, y que con suerte —en su sumatoria— representan al 7% de la población electoral. Ustedes, queridas mujeres, representan a más del 50%, ya que también hay muchos varones que están a vuestra vera en esta lucha imprescindible.

De ustedes depende ahora cambiar el actual estado de cosas. No lo desaprovechen, pues el sistema se encuentra expectante, al acecho, para aplicar ese mentado mecanismo de recuperación.

El machista enfermo

HAY UN VIEJO DICHO que reza: ‘Quien se acuesta con pendejos, amanece meado’. O sea, lo escribí así para que se entienda de buenas a primeras; por lo mismo, cuando Piñera genera comentarios machistas, xenófobos u otros, es claro que él cumple ese rol de pendejo y quienes lo han avalado por acción u omisión —luego— no deberían quejarse a la hora que se sientan maltratadxs.

Hace unos días atrás, el presimiente Piñera hizo una más de las suyas y —en un acto de rotería mayor— dejó a la presidenta del Senado, doña Adriana Muñoz, hablando sola, después que él había citado a los tres poderes del Estado a una reunión y posterior punto de prensa. Su actuación responde al machismo que está acostumbrado a destacar cada cierto tiempo. ¿Será por llamar la atención o para salirse de madre cuando siente que no está siendo objeto de la total atención? No sé, pero de lo que sí nos podemos dar cuenta es que para la investidura que el revierte, este acto proferido a la presidenta del Senado es de lo peor y acá es más que solo el desaire a doña Adriana, sino que el desprecio y poco respeto que tiene por los otros poderes del Estado.

En el 2011 recibió críticas internacionales, incluso, al decir una broma que comparaba a políticos con mujeres.

“¿Sabe usted cuál es la diferencia entre un político y una dama? Cuando el político dice que ‘sí’, quiere decir ‘tal vez’, cuando dice ‘tal vez’, quiere decir que ‘no’, y cuando dice que ‘no’, no es político. Cuando una dama dice que ‘no’, quiere decir ‘tal vez’, cuando dice ‘tal vez’, quiere decir que ‘sí’, cuando dice que ‘sí’, no es dama”, manifestó en ese momento.

Posteriormente en el 2017, mientras efectuaba una actividad de campaña en la ciudad de Linares, Maule Sur, volvió a mostrar la hilacha expresándose en forma violenta contra las mujeres. “Me acaban de sugerir un juego muy entretenido. Todas las mujeres se tiran al suelo y se hacen las muertas, y nosotros, los hombres, nos tiramos encima y nos hacemos los vivos. ¿Qué les parece?”, expresó sin tapujos para proseguir con el discurso.

En Octubre de 2018, mientras comunicaba un nuevo plan de desarrollo para la región de Tarapacá, comparó la minifalda con la forma de aplicar el programa que se encontraba presentando: “Para compartir este plan de desarrollo para la región vamos a aplicar el viejo y sabio principio de la minifalda, que tiene que ser lo suficiente larga para cubrir lo fundamental y lo suficientemente corta para mantener la tensión”, con las correspondientes risotadas de sus lacayos, quienes jamás le harán una protesta y siempre actuarán como los acompañantes del bufón.

En Marzo de 2020, mientras promulgaba la Ley Gabriela, Piñera recordó una frase que le decía su madre: Alguna vez: ‘si hay algo que mi mamá, Carolina, me enseñó es que nadie puede ponerle a uno el dedo encima, ni la mano, ni nada. Yo sé lo que es el amor propio’, acotó y luego, prosiguió: “Eso reflejaba una actitud que es muy necesaria, porque a veces no es solamente la voluntad de los hombres de abusar, sino que también la posición de las mujeres de ser abusadas. Tenemos que corregir al que abusa y también tenemos que decirle a la persona abusada que no puede permitir que eso ocurra, y que la sociedad entera la va a ayudar y respaldar en denunciar y evitar que estos hechos sigan ocurriendo”.

Así, lo más probable es que en privado sea más explícito su machismo; es cosa de ver el trato despreciable que mantiene con su mujer y aunque ella lo trate de aplacar no es uno si no varias veces que este trato misógino se le sale. Por mencionar sólo tres de los muchos episodios está ese cuando recibieron a los reyes de Noruega en la Moneda y Cecilia Morel trata de darle la mano y él se la niega; o el polémico momento, en noviembre del 2017, en que Sebastián Piñera empuja a su esposa en medio de un punto de prensa. Las RRSS no lo dejaron pasar, otro caso fue en el día de los enamorados del 2020, en que se muestra con los brazos cruzados a él sin ningún gesto de cercanía con su esposa. En fin, la historia de machismo y desprecio por las mujeres es demasiado evidente.

Ahora bien, pensar que un sujeto que ha mostrado ser de un muy bajo nivel, tenga otro tipo de comportamientos, resulta pedir un imposible, de igual forma cuando los parlamentarios le pusieron piso a este hombre, en noviembre del 2019, fue cuando asumieron que no les importaba su nivel de desprecio por todxs y, con ello, por las mujeres. Sabemos que el chancho no es culpable, sino quien le alimenta: esos que lo encuentran chistoso, a pesar de que nos insulte a diario, denoste a las mujeres, tenga comportamientos tan pequeños frente al nivel de su investidura.

Vivimos frente a un bufón deslenguado y con gestos de mediocridad que cuesta entender o soportar. No vi a la ministra de la Mujer, Mónica Zalaquett, levantando la voz; tampoco a la bancada de mujeres levantando su protesta, aunque fuera en RRSS. Tendremos que seguir soportando estas insolencias hasta marzo del 2022. ¡Qué pena por la convivencia nacional! Muchas veces desde La Moneda piden acercamientos, unidad y basta que salga el bufón ya sea en una entrevista, haciendo un discurso o generando una acción para saber que estamos al parecer pagando una suerte de karma.

Ojalá cuando nos toque otra vez ir a las urnas para elegir un Presidente o Presidenta veamos sus virtudes y su nivel de decencia y honestidad; no vaya hacer cosa que repitamos esta mala fórmula y —otra vez— pensemos que los Tiempos Mejores los puede traer un empresario de este nivel básico y pobre.

Es prudente no dormir con pendejos.

Lo que no sirve, se bota

‘ESTUDIE, HIJO, que no quiero que cuando grande seas carabinero y terminan asesinando gente con la justificación que recibían órdenes’. Este letrero lo leí en más de una manifestación y me hizo no solo ruido, sino bastante sentido al ver una institución que dudo si alguna vez desde su creación fue honorable, ya que siempre cumplió mandatos jerárquicos y quienes conformaron sus filas muchas veces abusaron y abusan de la cuotita de poder que se les cuelga con las estrellas que lucen en la solapa.

Desde que nací esta institución está muy lejos de la estrofa que pretende hacer creer que ellos son fieles veladores de nuestros sueños, cuando se han transformado por décadas en verdaderas pesadillas.

Hace años atrás escribí una columna que hablaba de esta institución, la cual titulé ‘Carabineros, ¿miedo o respeto?’ y claramente con los años sé que Carabineros no es un organismo de respeto, sino una entidad que ejerce el miedo a los ciudadanos: nos ven como delincuentes y nos tratan como tal; pero, al final uno sabe que el ladrón y el policía se conjugan en un mismo nivel de ronda, entendiendo que hay tantos casos que no son aislados y hacen ver como se degeneró este cuerpo policial. Es solo pensar el desfalco a Carabineros con el mentado Pacogate y esos más de $28 mil millones en fraude; eso sumado al dolo en el Caso Huracán: $21,5 millones de sus gastos reservados para adquirir el programa que permitió manipular información de un teléfono sin dejar rastro. En 2018 la Contraloría se pronunció en contra de que los oficiales en servicio reciban sobresueldos por sus labores como directores de la Mutualidad de Carabineros (Mutucar), el caso llevó a demostrar cómo esta entidad de derecho privado se convirtió en un retiro dorado para todo ex General Director y otros funcionarios del alto mando. Pero si hurgueteamos más encontramos pagos abultados en arriendos para los Generales Directores. Y muchos casos de sangre que les hacen ver como una institución muy poco profesional, no solo lo ocurrido en estos días, sino en una línea de tiempo, casos como las muertes en 1993 en pleno sector de Manquehue con Apoquindo (conocido como la Masacre de Apoquindo) donde civiles resultaron ultimados; la rebelde salida de Rodolfo Stange de la institución después que en forma definitiva se supiera que Carabineros estuvo involucrada plenamente en el Caso Degollados. Así recuerdo cómo en 1998 fue asesinada en medio de una manifestación Claudia López, estudiante de danza de 25 años, alcanzada por una bala de Carabineros o en noviembre del 2002 fue asesinado Alex Lemun Saavedra, de 17 años: murió producto de una bala disparada por el Mayor de Carabineros Marco Aurelio Treuer; cómo no recordar otros crímenes como el de Collihuin Catril de 71 años, muerto por una bala del Sargento Juan Marimán en 2006; Matías Catrileo, baleado por el Cabo 2do. de Carabineros Walter Ramírez en 2008; Johnny Cariqueo Yáñez, el cual murió de un infarto luego de una golpiza de Carabineros en la 26° Comisaría de Pudahuel en 2008; y Jaime Mendoza Collío, muerto por un balazo en la espalda propinado por el cabo Miguel Jara Muñoz. En 2016, Brandon Hernández Huentecol, de 17 años, recibió un disparo por la espalda del que salieron 180 perdigones mientras estaba en el suelo. La agresión fue cometida por el Sargento de Carabineros Cristián Rivera en Curaco. Estuvo 45 días hospitalizado, ha tenido 17 operaciones y vive con plomo en su sangre. El uniformado solo recibió como castigo una condena de libertad vigilada, y muchas irregularidades que nadie le pone coto y freno a esta especie de cartel pagado por todos los que tributamos.

La institución se pudre al estilo iglesia caótica, pero siempre —serviles feligreses— están dispuestos a darles justificación al curita ‘borracho y putero’, así como al paco que asesina a un malabarista y terminan hablando que le disparan en defensa propia.

Esta institución creó —bajo el paraguas del Estado— una Operación Jungla y fueron a la zona Mapuche a pacificar —una vez más— los territorios, allanamientos masivos, violación de moradas en madrugada, amedrentamiento a los comuneros, el asesinato de Camilo Catrillanca… sin freno aparecieron los justificadores de siempre, diciendo que ‘este individuo poco antes había asaltado a unas profesoras’, con el tiempo las profesoras desaparecieron y salió a la luz el maldito asesinato en donde se ensañaron con 14 balas en el cuerpo del comunero, resultados: un General Director renunciado, un alto mando descabezado y el autor intelectual salvado por su Primo Presidente. Luego, la mentada operación fue disuelta o —al menos— se le submarineó, porque es muy probable que en el Estallido Social más de un enajenado actuará contra los manifestantes, no por casualidad hay tantos mutilados oculares y dos personas ciegas y, del mismo modo, un chico lanzado al lecho del río Mapocho o los varios asesinados en Plaza Dignidad frente a la multitud con sus mentadas bombas lacrimógenas, que hasta la fecha nunca nadie respondió de quién era el negocio privado de la venta de este tipo de material, entendiendo que los pacos los arrojaban estilo escupo, por la cantidad usada, con las que terminaron incendiando el Centro Cultural Alameda, árboles del área o el Propio museo Violeta Parra, entre otras varias y, claro, su iglesia a la que días antes habían sacado el mobiliario ellos mismos. Carabineros se ha prestado para montajes, espionajes y una serie de fechorías más que se suman a un prontuario de un organismo que, si no fuesen respaldados por gente como Mario Desbordes que justifica cada brutalidad de esta institución, se podría perfectamente identificar como un cartel o Policía Política represora del Estado.

Por lo mismo, no podemos dejar de lado las responsabilidades civiles a la hora de ver quién es más culpable: el que aplica la fuerza con amplia impunidad y avalado por organismos de Estado pidiendo mayores atribuciones a los monos con navaja o este organismo que usa esas atribuciones y se justifica en plenitud, ya que se ajusta a derecho según la legislación vigente. No olvidemos que no hace mucho se pedían mayores atribuciones para que Carabineros actuara con mayor severidad y con más impunidad a la hora de disuadir. Cuando vemos el descriterio —muy común— en la aplicación de controles de identidad siento que están monopolizando la fuerza. El control de identidad no puede ser usado como medida de hostigamiento ni mucho menos da derecho a matar.

Por los muchos acontecimientos similares y sucesivos, que no son aislados —como más de alguien pretende argumentar y justificar, porque la vida de un humano no es para empatarla por mil edificios incendiados— es que debemos no sólo reformar esta institución, sino que definitivamente disolverla para crear una Policía que de Seguridad y Tranquilidad a la ciudadanía, que ponga el foco en los reales delincuentes —varios de ellos usando escaños públicos— y muchos otros en poblaciones, traficando con la venia de algunas policías. Necesitamos una policía moderna con estándares de protocolo internacional, donde incluso el uniforme se cambie, no puede ser aceptable que el uniforme de la SS alemana sea parte del traje de gala, con colores distintos, al de este organismo aniquilador de la Alemania nazi.

Es el instante de saber salir de este círculo vicioso: creadores de delitos como acción rutinaria, donde el gobierno ordena, la policía mata, la prensa miente y los tribunales no aplican justicia; este círculo vicioso y corrupto es donde nace el desprecio por la vida, se burla la justicia y terminan riéndose del soberano pueblo. Por eso, es tiempo de acabar con todo esto y, claramente, con esa policía verde que se desvirtuó en un organismo represor sin norte claro.

¿Cómo reconstruir una verdadera izquierda socialista?

Mejor y más claro aún, ¿cómo reconstruir el auténtico socialismo en Chile?

LA FOTOGRAFÍA que acompaña a esta nota muestra los primeros trabajos en La Moneda luego de haber sido bombardeada, baleada y destruida por los militares golpistas en septiembre de 1973. Es una imagen dolorosa, sin duda, la que además permite asociarla al derrumbe de la izquierda no bien esta inició un largo exilio dividido en dos frentes: uno en el extranjero y otro dentro de nuestras propias fronteras.

La Moneda

Más de doscientos mil chilenos marcharon al exterior, a países como Venezuela, México, Canadá, Suecia, Alemania Oriental, Unión Soviética, Italia, Francia… entre otros. Y a su vez millones de izquierdistas permanecieron en Chile, silenciando sus bocas y encerrando bajo llave sus ideas y pensamientos a objeto de no ser descubiertos por organismos tenebrosos como la DINA, la CNI e, incluso, por el correveidile de vecinos, jefaturas y colegas soplones. Al interior de nuestro país se caminaba con sigilo y desconfianza; la traición estaba en todas las esquinas. Pese a ello, y aún sin posibilidades de rearmar políticamente un grupo significativo, los izquierdistas supieron avanzar a través de las organizaciones sindicales y estudiantiles, a través de los pobladores y algunos gremios, todo ello con el concurso vital de una parte de la iglesia católica y mediante unos pocos valientes que arriesgaron sus vidas en esos trámites.

En el exterior, en cambio, sin el temor de agentes del estado invadiendo hogares y degollando civiles, muchos de aquellos que se refugiaron por esos lados (se les llamó náufragos), tuvieron la hermosa posibilidad de reconstruir un amplio movimiento democrático, libertario y anticapitalista. Sin embargo, no lo hicieron. Por el contrario, fueron conquistados fácilmente por el aroma del aceite fenicio que ofrecen el capitalismo y la socialdemocracia. Renunciaron a sus raíces y se reconvirtieron dócil e interesadamente a la fe neoliberal fracturando el socialismo chileno en mil pedazos, lo cual daría origen años después al lamentable archipiélago izquierdista que aún muestra presencia.

Incluso hubo socialistas, como el inefable Juan Carlos Moraga Duque, que regresaron al país proponiendo un referente llamado ‘Frente Socialista’, cuyo norte no era otro que aliarse con los civiles de la dictadura (verbigracia, Francisco Frafrá Errázuriz) y apoyar la alternativa pinochetista del en el plebiscito de octubre de 1988.

En 1985, gracias a la movilización y dura lucha que al interior del país dieron organizaciones como el Comando Nacional de Trabajadores, el Frente de Pobladores, la FECH, la FEUC, la FEUSACH, la FEC, la iglesia católica y algunos gremios, la dictadura cedió abriendo puertas para el regreso de algunos de esos náufragos que la izquierda local, de manera ingenua y honesta, recibió casi como si fuesen los salvadores de la democracia y la libertad. Se creyó en ellos, y a ellos, en gran medida, fueron entregadas las riendas de la conducción política luego del triunfo popular en el plebiscito de 1988.

Nació el nefasto duopolio, la inexplicable cohabitación con la derecha dirigida por vástagos de la dictadura, y tiendas como el Partido Socialista aplicaron, durante treinta años, ‘la política de lo posible’, ergo, la política de los acuerdos y los consensos, fortaleciendo e incluso impulsando el capitalismo neoliberal. Fueron, en suma, los mayordomos del mega empresariado y de la derecha ultraconservadora. Y al parecer lo siguen siendo, pues los fríos hechos así lo confirman, ya que miles de socialistas han abandonado la tienda hoy social liberal.

A este respecto, afirma Esteban Silva Cuadra, el socialismo allendista, anticapitalista, libertario y popular, tiene el desafío de unir y reunificar fuerzas desde los movimientos sociales y populares, para estructurar un proyecto transformador para la refundación de Chile con la unidad de las fuerzas de izquierda y las antineoliberales’.

Para refundar Chile es preciso primero refundar la izquierda. Toda balanza debe tener dos platillos. La balanza actual no los tiene, aunque el establishment se esmere en repetir la vacua monserga de que el PS, el PDC, el PPD y el PRSD son tiendas de la ‘centro izquierda’, cuestión que ya pocos chilenos continúan aceptando como ‘posible’, pero jamás como verdadera.

Aquellos náufragos que rescatamos traicionaron a sus bases y a sus raíces. Transformaron sus partidos otrora izquierdistas en una argamasa parida en Europa ubicándola a la derecha de la socialdemocracia del viejo continente, lo que equivale a considerarla prohijada por el neoliberalismo y ‘bendecida’ por los depredadores económicos del hemisferio norte.

Es preciso entonces reconstruir una izquierda en serio, de verdad, latinoamericanista, solidaria, anticapitalista, que procure y luche por estructurar un sistema socioeconómico basado en esos valores. Más de alguien dirá que ello es una utopía sin destino, extemporánea, vacía. Estoy seguro de que otros chilenos pensaron lo mismo a comienzos del siglo pasado cuando el pueblo luchaba por fundar los partidos obreros.

O cuando a finales de 1960 los jóvenes cristianos apostaban y esforzaban por integrarse activamente a la Unidad Popular, originando luego al MAPU y a la Izquierda Cristiana.

Parece que algunas utopías sí son posibles de conseguir. Por ello, hay que luchar por reconstruir en Chile esa izquierda de antaño, con valores intransables de ayer y de hoy, que tan necesaria es para construir y consolidar una verdadera democracia. En ese esfuerzo titánico, el socialismo debería llevar las banderas.

Josué Ormazábal, el atípico abogado de DD.HH. que aspira a ser constituyente

Redaccion_01ESTE LUNES 11 DE ENERO venció el plazo para la presentación ante el Servel de las listas de candidatos Independientes y de partidos políticos que se disputarán los escaños para la Convención Constitucional, la que tendrá la trascendental tarea de redactar una nueva Constitución para Chile. Dentro de los casi 18 mil candidatas y candidatos inscritos para las distintas elecciones próximas a realizarse, ha resultado sin duda llamativo el alto número de rostros conocidos de la más variopinta procedencia y trayectoria, que comienzan a sonar como posibles apuestas electorales. Desde exparlamentarios e incluso excandidatos presidenciales como Beatriz Sánchez, hasta famosos de la farándula como Miguelo (Miguel Esbir), Hotuiti Teao y la mismísima Dra. María Luisa Cordero, que apuestan a su popularidad como posibilidad de una eventual elección.

Sin embargo, un candidato aparentemente poco conocido, pero que resulta bastante intrigante es el abogado de DD.HH. e Infancia y excandidato a Defensor de la Niñez, Josué Ormazábal Morales, quien desde la lista del igualmente poco conocido partido político de izquierda Unión Patriótica, aspira a adjudicarse un lugar en la convención por el distrito más codiciado por las distintas facciones, el número 10 y que incluye a las comunas de La Granja, San Joaquín, Macul, Ñuñoa, Providencia y Santiago.

Luego, lo que hace llamativo a este candidato, es que con sólo echar una miradita en sus RRSS, lo primero que se puede apreciar es su larga e incluso combativa trayectoria como activista en la defensa de los DD.HH. de la infancia y minorías vulnerables. Y en especial sus muchas y duras críticas al SENAME y al Estado Chileno, en el tema de las Políticas Públicas de Protección de la Niñez institucionalizada. Prueba de ello son las fuertes declaraciones que realizó ante la Comisión de DD.HH. del Senado en la audiencia de postulación al  cargo de Defensor de la Niñez pues, al referirse a la situación  protección de los derechos del niño por parte de los abogados, organismos colaboradores y Tribunales en nuestro país, literalmente afirmó que: ’Malamente podemos nosotros asegurar garantías procesales a la infancia, si no contamos ni con la formación profesional  ni con las herramientas jurídicas que permitan elevar estas garantías y armonizar la normativa nacional con los estándares internacionales de DD.HH. de la Infancia’. Esto último deja claro que Ormazábal viene denunciando —hace ya varios años— las debilidades de nuestra legislación, en especial la Constitucional, en materia de DD.HH., y las injusticias sociales que de ella se desprenden. Así son muchas las noticias y entrevistas en las que se la ha visto defendiendo a familias guardadoras o denunciadas por SENAME, para intentar evitar la institucionalización de los niños a cargo de esas familias.

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Pero —como si esto no fuera ya llamativo— son muchas más las imágenes en la web, en las que se lo puede ver vinculado también al activismo en defensa de los DD.HH. de la Nación Mapuche y Migrantes, liderando protestas y marchas públicas e, incluso, participando en eventos de Rock Punk, Objeción de Conciencia y No Violencia Activa, todo lo que contrasta radicalmente con anuncios en los que aparece como un muy formal abogado, académico y expositor de conferencias de Derecho, en diversas casas de estudio como la Universidad Andrés Bello o las Jornadas de Derecho e Infancia de la Universidad Santo Tomás.

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Pero más allá de lo anterior, sorprende igualmente que un candidato como este al parecer simpatizante de movimientos sociales de protesta se haya postulado a la elección desde un partido político de Izquierda, y no como independiente; pues, es raro ver a miembros de tribus urbanas como el Punk u otras, participando en política partidista, y en respuesta a ello, Ormazábal sostiene que, si bien desde joven participa en el activismo y la lucha social desde los barrios, se abrió a la posibilidad de militar en este partido justamente porque, hasta ahora, Unión Patriótica no ha tenido representación en cargos públicos, ni en el Congreso, cosa que por cierto enorgullece al profesional, pues ello prueba que en ese partido no se han involucrado jamás en arreglines políticos que perjudiquen a la ciudadanía, como sí lo han hecho los partidos tradicionales, los que además hoy, irónicamente, pretenden participar de la redacción de una Constitución, llevando candidatos tan insólitos como aquellos que, por años, se han empeñado en impedir una transformación social como la que hoy Chile entero está exigiendo.

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Otra cosa no menos extraña de las múltiples excentricidades de Ormazábal es el hecho de que su nombre aparece reiteradamente en publicaciones  de grupos  esotéricos y New Age,  en los que figura como profesor de Alquimia, Cábala, Hermetismo, etc., lo que —una vez más— parece contradecir el típico perfil de un abogado militante de izquierda, la mayoría de las veces agnósticos o derechamente ateos, por lo que es muy probable que sea miembro de alguna logia masónica u otras corrientes de ese estilo, pregunta ante la cual, después una gran carcajada, Ormazábal nos señala que, según lo que él sabe, si fuera masón no lo podría decir, porque al parecer los masones tienen prohibido revelar su participación en ese grupo. Lo que sí nos confirmó es que está lejos de ser un ateo, pues toda la vida se ha sentido atraído al estudio de las más diversas religiones y filosofías de tipo espiritual, cosa que dice le ha ayudado mucho en su vocación como activista humanitario.

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Queda por último la duda de cuál será la suerte de este peculiar candidato a participar de la Convención Constitucional, pues, el Distrito 10 será —sin lugar a dudas­— el escenario de una cruenta lucha por los escasos ocho escaños disponibles, donde todo puede pasar, incluso la elección de alguien tan atípico como Ormazábal que, por cierto, podría ser la opción de ver representadas en la nueva Constitución, las aspiraciones de esas minorías vulnerables a las que por tantos años viene defendiendo, en su rol de abogado de Familia, infancia y DD.HH.