CHILE ES UN PAÍS EXTRAÑO, qué duda cabe; con los años hemos normalizado todo aquello que no es para nada normal, tenemos una salud paga, una educación mediocre paga, las viviendas de los subsidios básicos son como nichos de cementerio, en el único país del planeta donde el agua es privada. Sí, los derechos de los privados sobre las aguas, reconocidos en conformidad a la ley otorgarán a sus titulares la propiedad sobre ellos, entendiendo que somos un país rico en este recurso hídrico… Además de rematar ríos, otra gran rareza que está permitida por el mentado código de aguas que se implementó para robar este vital elemento, pero con la venia del Estado.

Mantenemos por 40 años una Constitución política espuria, que fue creada entre cuatro paredes, por un maniático numerario que un sector social le tiene como una suerte de santo, de esos que son estilo Karadima; una Constitución que no difiere mucho de las anteriores, que también fueron escritas por encargo.

Cuando se logró el Estallido Social, el Gobierno —junto al Congreso— se metieron en medio de dicha revuelta y en una acción trasnochada nos impusieron un Plebiscito para determinar si deseábamos, como población, seguir con la Constitución fraudulenta o cambiarla por una nueva; dicho acto logró tener fecha para abril del 2020, pero luego de evaluar los estragos que se hacían sentir producto el Covid-19, se pospuso por 6 meses más. La pandemia que nos afecta como planeta era una buena justificación para retrasar lo más posible esto; pandemia —por cierto— muy mal manejada para detener, o al menos disminuir su expansión. Así, el clima se enrarece y las tenciones no disminuyen, solo se calma en alguna medida.

En medio de tanta chambonada tres ministros de Interior salen de su puesto: uno, gracias a una acusación constitucional —el primo del presidente— mientras, en otra área el Director General de Carabineros, Mario Rozas, permanece siendo uno de los principales responsables de una de las represiones más brutales de las últimas décadas, que no se sentían desde la dictadura.

El país avanza, pero avanza a un precipicio sin precedentes: la oposición brilla por su ausencia, el proceso constitucional se prepara, un plebiscito nacido en el ya mencionado trasnoche de noviembre del 2019 se realiza en octubre de 2020 —para ser más preciso el 25 de Octubre: a un año de la marcha de la historia— y el país demuestra que un 78% de los chilenos quieren una Nueva Constitución y tan solo un 22% son los extremistas que todo lo quieren manejar a su antojo y mal, rechazan dicho anhelo de la mayoría.

Así, este Chile extraño camina en medio de una historia incierta: la nueva Constitución podrá solo ver la luz una vez que 155 personas sean elegidas en una elección popular como Convencionalistas, quienes conformarán una Convención Constitucional, ya que la Asamblea Constituyente fracasó, porque según varios parlamentarios de todas las sensibilidades de derecha perdón, políticas determinaron que esto era lo más apropiado y que las Asambleas eran solo de países tales como Venezuela o Bolivia.

De esta forma, se dio paso a las candidaturas para elegir a los Convencionalistas de los cuales se lograron inscribir solo 22000 candidatos para 155 cupos, o sea una pequeña ‘sábana’ a la hora de ir a las urnas y buscar el candidato que más se acerque a sus posibilidades y representación. Mientras todo esto pasa, el virus sigue haciendo estragos (me refiero al Covid-19, no a Sebastián Piñera, aunque también es como un virus letal).

Llegamos a dos semanas antes de las Elecciones y el Gobierno determina que las condiciones sanitarias —otra vez— no están siendo las más apropiadas; por tal razón, solicita al Congreso que se retrase para un mes más las votaciones: claro, como en el Gobierno tienen una bola mágica, seguro desde ahí ve que en el próximo mes la situación estará controlada y será más apropiada para hacer los comicios. ¿Y si esto no se da? La pregunta del millón: ¿se pospondrán nuevamente? ¿O le preguntarán al Seremi de Salud de Valparaíso, Georg Hübner, quien conversa con un sinnúmero de personas fallecidas, que nos diga si se puede hacer las elecciones o no?

Mientras toda esta peculiaridad transcurre, Chile se instala dentro de los países que más personas ha logrado vacunar y muchos sienten que una vez que son vacunados se hacen inmunes al virus —al Covid-19, insisto, no al otro que ataca desde La Moneda—; entonces el tema es que todo se transforma en otro caos, porque si bien es cierto que la vacuna o las vacunas (son dos como dosis) pueden disminuir los efectos de virus, esto no hace a nadie inmune y si, además, esta vacunación masiva no se hace acompañar por medidas restrictivas que complementen al tema sanitario, poco sirve la mentada vacunación masiva.

En otro plano, está el pequeño Napoleón, con todo un país para jugar a ser dios; o sea, mini Ministro de Salud,  que vive tirándose flores y alegrándose por lo mal que lo han hecho como Ministerio y Gobierno, sin hacer caso a expertos de verdad como la gente del Colegio Médico, que por ser encabezada por una comunista obviamente esto no da crédito a un gobierno de ultraderecha y, al final del día, el tema ya no es salud y su importancia social, sino una suerte de gallito de quien está entregando sugerencias o lineamientos.

Y bueno, si de rarezas se trata, qué le parece armar un tercer retiro de los fondos previsionales para suplir la ayuda que el Estado se niega a ofrecer a los miles de chilenos que ya está sufriendo la debacle de la pandemia, sin trabajo, con una economía nada de sana y el fracaso del capitalismo que hace dos años atrás el presimiente decía que Chile vivía en un verdadero oasis: nada más señalar aquella frase pedorra y el oasis se llenó de arena y el agua se secó, no la alcanzaron a vender. Así, como la situación se ve compleja se llega a solicitar un tercer retiro que implicaría que el 30% de las pensiones de cada uno de los contribuyentes se están ocupando para apoyar a las familias en mantenerse mientras esta pandemia pasa, en vez de ser el gobierno quien ordene la casa, meta la mano al bolsillo y logre un respaldo económico único universal que vaya en apoyo a los miles de chilenos y así se determine una cuarentena efectiva y no seguir improvisando medidas que, a la larga, ya vemos los estragos.

Por otro lado, la UDI sigue a cargo del Gobierno desde el Segundo Piso, el presidente mantiene muy sanos sus negocios, solo que tienen un pequeño escollo en el camino, una participación en los casinos Enjoy. ¡Ups! eso no lo supo controlar el virus —ahora sí, hablo de Sebastián Piñera y no del Covid-19— lo que lo estaría complicando, incluso se estudia por la furibunda oposición una Acusación Constitucional por muchas materias mal llevadas y por esto que podría ser un gran escándalo en un país que no fuese tan raro como este.

Paralelamente a todo lo anterior, sigue el conflicto del Estado de Chile con el WallMapu, para donde se han movilizado cientos de policías parapetados como si la zona estuviese ocupada por la guerrilla colombiana o el desaparecido Sendero Luminoso: una hermosa forma de mantener otro foco de atención a los problemas reales inventando desde auto atentados, montajes y, claro, ahora creando que los narcos se apropiaron de las comunidades mapuche y los loncos son pagados por estos narcos, como lo dice el siniestro Juan Sutil y lo reproduce gente que repite necedades como una amiga de Chanco.

Así, sumando a las rarezas se vuelve a poner urgencia al TPP-11, tratado que el candidato del PPD Heraldo Muñoz celebraba al incorporar a Chile en este tipo de acuerdos y que no hace mucho estuvo apoyando este tipo de convenios internacionales, pero luego dio un giro y firmó una moción en donde este tratado no será materia de aprobación antes que la nueva constitución estuviese vigente. Ojalá este tipo de tratados muy lapidarios para los más y muy provechoso para las transnacionales no prospere, pero como el título de esta columna es ‘un Chile heterogéneo’, cualquier cosa puede pasar.

Usted, que está leyendo esta radiografía algo desordenada y rara, convendrá conmigo en que lo que escribo como extraño usted —seguro— sumará más temas a estas líneas y coincidiremos en que este país es muy insólito.

Continuará…

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