SIEMPRE ES PRUDENTE desconfiar de quienes desprecian a los políticos tradicionales que, en buena medida, hacen mérito para ganar este desprecio; pero, vamos viendo como algunos descubren que al construir su discurso anti política y políticos se transforman en populistas y similar a lo que desechan. Aquel que crea una diatriba en nombre del pueblo —pero sin el pueblo— son los que jamás han conocido el sentir ciudadano en la base: probablemente poco o nunca han usado la locomoción colectiva, menos sabrán cuánto cuesta un kilo de pan; ya vieron a Briones hablar pendejadas con este tema, señalando que había para la élite un kilo de 10 mil pesos. El populista puede tomar un tema y desarrollarlo con gran elocuencia, pero sin bajar a la calle, sin relacionarse con las juntas de vecinos, sin saber qué pasa dentro de la organización de base, es más, sin conocer a sus vecinos; no harán de la política un buen oficio y solo se convencerán de su percepción indicando que aquello es lo correcto. Esos, que hacen política por RRSS, no lograrán nunca saber el verdadero sentir de la gente que camina de a pie.

Atentos en estas elecciones que se avecinan; no olviden que ya han estado saliendo al ruedo varios de ellos, que tienen un discurso en algunos casos progresista, hippies neoliberales, como lo advirtió un amigo hace unos días; otros negacionistas que con una suerte de armar bien las frases —juntando palabras en momentos precisos— logran convencer e ir por tu voto; así van por ti, ojalá estés despierto para que mañana no termines diciéndote: ‘cómo pude votar por este tipo o tipa’.

Nosotros decidimos a quién cedemos nuestro poder; no vibren bajo y elévense por sobre esos que pretenden engañarnos con discursos rimbombantes carentes de contenido y de fondo.

Fuimos testigos de una franja electoral muy paupérrima, casi de estudiantes de primaria: algunos muy panfletarios, sin contenido mayor, otros muy livianos como si lo que estuviese en juego fuese para darse esa licencia y, otros, con una desvinculación de la realidad y, más encima, negando su pasado reciente.

Concurriremos una vez más a las urnas; elegiremos alcaldes, concejales y, como forma única en nuestra historia, elegiremos gobernadores y una composición para la Convención Constitucional. Son 4 votos que tendrás la responsabilidad de marcar en la forma más apropiada, sabiendo que en muchos casos fueron —como siempre— los partidos políticos que del trigo molido trataron de presentar un trigo lo más parecido al entero, aunque en la mayoría de los casos no germinarán; pero bueno, es lo que nos complica en los procesos democráticos, porque muchas veces no están los que deberían estar y solo van al ruedo candidatas y candidatos con una mediocridad que asusta.

Ahora bien, pensemos en positivo y busquemos en medio de todas estas alternativas lo mejor que podría conformar nuestro gobierno comunal próximo, ya sea alcaldes o concejales; no te obligues a marcar por una opción que no te convenza: si hay inseguridad en tu decisión, no olvides que está la opción nulo o dejarlo en blanco; en momentos podría parecer lo más fácil o sacarle el traste a la jeringa, pero no, porque es también un derecho de así demostrar nuestro descontento de no estar de acuerdo con lo que se nos ofrece.

Por otro lado, el proceso de gobernadores tuvo internas en muchos casos, así que no es tan complicado saber quién de los que está en carrera podría representar mejor este nuevo cargo creado para la administración de cada región del país aunque, como lo tenemos claro, hay una pequeña trampa en este proceso: el gobernador no tendrá toda la potestad de su gobernación, siempre tendrá que someterse a una suerte de controlador (delegado) que designe el presidente de turno; o sea, seguimos con democracias tuteladas, hacer las cosas en la medida de lo posible; pero bueno, estamos dentro del juego y como nos ha demorado despertar, ni modo, esto se cocinó cuando andábamos somnolientos o dormidos.

En fin, el cuarto voto —y para mí, el más importante— es lograr elegir a los más capaces de los candidatos a la Convención Constitucional; y ojo, que sean capaces no significa que tengan poderes especiales, solo que sean sinceros y sensatos consigo y su entorno en el cual hicieron campaña, salieron a las calles a conocer las inquietudes de la gente, estuvieron en ferias libres, se empaparon de la demanda social, conociendo las inquietudes de las organizaciones de base; sabiendo que acá, en este proceder, prometer no es sinónimo de estar en un buen pie, porque hacer una Constitución no se puede relacionar con campañas tradicionales de cargos de poder.

En tu distrito te encontrarás con una serie de personajes y personalidades; ojalá te dieras el tiempo de analizar a cada uno de ellos, de lo que sí estamos claros es que en algunos distritos hay muchos candidatos, pero tiempo para conocerlos —si es que tuviste interés en este proceso— existió lo suficiente; no olvides que para todo los gustos y estilos hay uno que se puede acercar a tu forma de pensar, de la misma manera no olvides a los del #Rechazo, que se mezclaron en medio de todos y se disfrazaron de independientes: esos son los más deleznables a la hora de hacer un análisis de todo esto, ya que no debieron estar en esta contienda electoral, sabiendo que no hace mucho se oponían a este acto haciendo lo posible para que no se efectuara, pero el carerrajismo se impuso en nuestro país como el pituto y la corrupción y ahí los tenemos, con caras sonrientes y diciendo desde su lugar: ‘acá estamos atrapando ilusos’.

Hoy tenemos una gran oportunidad de mover a Chile, darle nuevos lineamientos de base, crear una Constitución lo más representativa posible, pero por sobre todo acabar con la Constitución espuria y fraudulenta del tirano; esa, que por 40 años nos mantuvo sometidos a un estado lejano donde el neoliberalismo nos mostró su crueldad y sometimiento a convertirnos en una fuerza de trabajo empobrecida para que un grupo de privilegiados sigan acrecentando sus fortunas, como el presimiente y sus amiguis empresarios, avalados por esa Constitución de muerte.

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