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El baile de los porfiados

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El baile de los porfiados

ES VIERNES SANTO y los animadores del matinal del Covid (Canal 19) informan que tenemos nuevo cómputo y esta vez no es solo un número más si no que es un récor: ‘sobre 8.000 nuevos contagios con una positividad del 11% en las últimas 24 horas’; sin duda, un balde de agua fría donde los que venimos del mundo de las empresas vemos —a todas luces— un fracaso de las estrategias implementadas y lo que corresponde en estos casos es poner el cargo en manos del directorio.

Yo creo que, en las mentes del ministro y la subsecretaria, cuando terminan de entregar las cifras, suenan aplausos y vítores, ven caer globos tricolores y confeti con brillantina que inunda el set donde viven un clima de efervescencia y triunfalismo por el trabajo realizado que sólo existe en el universo paralelo donde parecen vivir. En esa realidad paralela parece que están acompañados por una población bastante heterogénea que llamaremos los porfiados.

El último balance de Carabineros indica que sobre 64.000 vehículos salieron de la capital para este fin de semana largo desde Santiago y, seguramente, muchos miles más a lo largo del país, lo que a todas luces indica que existe una tribu urbana de porfiados e inconscientes que habita en un pais distinto donde la pandemia no ha impactado y el coronavirus no es más que un invento de la Prensa que, a través de las vacunas, están insertando un chip para el control mental que permitirá instaurar el Nuevo Orden Mundial de los Iluminati.

A ellos, las cifras diarias de contagiados son como un indicador bursátil, es decir, saben que existe pero no tienen la más mínima idea de qué significan ni qué hacer con esos datos; la cifra diaria de fallecidos no les importa en lo más mínimo ni tampoco el duro trabajo que está realizando el personal de la Salud.

El plan Paso a Paso, para estas personas, en un indicador de tránsito y de servicios, es decir, si es Fase Uno habrá poco tránsito, lo cual es bueno porque circularán en su Citycar o en la SUV (de segunda mano o adquirida en 60 cuotas) mucho más rápido y con menor gasto de combustible; pero el cierre del mall les afecta profundamente.

La cuarentena para ellos significa teletrabajo, es decir, transformar el living-comedor del DFL2 o del departamento de la torre de 15 pisos repleta de vecinos venezolanos en una oficina para desarrollar sus funciones administrativas. Pero ni hablar de restricciones a su movilidad.

La Fase Dos significa total normalidad, vuelta a sus trabajos presenciales donde pasan la semana frente al computador mensajeándose vía wasap con el grupo, planeando la junta del fin de semana, tratando de organizar quién lleva la carne o el copetín para terminar en la clásica cuota y al dueño de casa le toca ir a comprar. La frase ‘cuarentena el fin de semana’ no son siquiera capaces de pronunciarla; no existe, salen no más a sus juntas con cabros chicos incluidos.

Ahora, cuando viene un fin de semana largo, arde el wasap poniéndose de acuerdo en dónde van a ir; salen de la pega más temprano o se toman un día de vacaciones y, pese a que en la Comisaría Virtual no existe ningún permiso que autorice a salir desde una Región Metropolitana en cuarentena, de todas maneras imprimen algo y parten no más, sin ningún temor y sin ningún remordimiento de si es o no prudente o existe un riesgo en hacer ese viaje. De la manera más inexplicable, sin permiso existente que se pueda obtener, pasan los cordones sanitarios (si los hubiere) con total facilidad, como la vara flotando en el río bajo el puente.

Usted, querido lector, conoce a estos porfiados: los escucha en la casa del vecino hasta altas horas de la noche, les da like a sus publicaciones de Instagram, donde falta espacio para que tanto perico abrazado salga en la foto porque el aforo de 5 o 10 personas es algo que desconocen absolutamente que existe.

¿Qué explicación tiene esta conducta desquiciada y egoísta? Creo que parte de la respuesta está en que, como sociedad occidental, tenemos una visión individualista donde lo importante es el individuo y no el colectivo. Por otro lado, nuestro modelo económico —donde tenemos, por ejemplo, la capitalización individual de los fondos de pensiones— nos orienta a que nos rasquemos con nuestras propias uñas y, finalmente, el modelo educativo arcaico que premia al mejor promedio académico antes que el desempeño grupal genera ciudadanos egoístas, desinteresados por el bienestar común y que, a esta hora, los escucho a lo lejos en alguna casa como disfrutan con un buen reggaetón.

Sin conciencia, sin respeto y ajenos a todo lo que está pasando… ese es el baile de los porfiados.

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