Inicio Sin categoría Es abril 2021, pero parece agosto 1973

Es abril 2021, pero parece agosto 1973

0
Es abril 2021, pero parece agosto 1973

ES EL AÑO 2021, mes de abril… pero esta mañana me pareció haber despertado en agosto del año 1973. Hay casi cuarenta y ocho años de distancia entre ambas fechas; sin embargo, existen sólo algunos centímetros y gramos de diferencias de fondo en los sucesos que las asemejan.

Cambian los nombres de los actores, tal vez hay también disonancias en los hechos principales; mas, a decir verdad, el quiebre de nuestra sociedad y la absoluta división que mantiene al país partido en dos mitades, obliga a rememorar lo acaecido en nuestro suelo hace medio siglo.

Año 1973

Ese año había comenzado con furia política. Las elecciones parlamentarias de marzo serían utilizadas como botón de muestra para dirimir una lucha encarnizada que llevaba dos años de riña sin tregua. La página http://memoriachilena.cl (perteneciente a la Biblioteca Nacional), resume así ese evento:

“La oposición cifró todas sus esperanzas en las elecciones parlamentarias de marzo de 1973, confiada en que la crisis económica, social y política en que estaba sumido el país le permitiría obtener más de los dos tercios necesarios en el Congreso para acusar constitucionalmente al Presidente Allende. Aunque los candidatos de la Unidad Popular estuvieron lejos de alcanzar la mayoría, lograron obtener el 43,3 por ciento de la votación, muy por encima del 36,3 por ciento obtenido por Salvador Allende en las elecciones presidenciales de 1970. El Partido Comunista, por su parte, obtuvo su más alta votación histórica (16 por ciento, solo comparable a la obtenida en 1947, poco antes de ser proscrito). Interpretados como una significativa victoria por unos y como fraude electoral por otros, lo cierto es que los resultados permitieron consolidar una nueva estrategia en la oposición: el golpe militar”.

Sitio web Memoria Chilena

La oposición al gobierno de la Unidad Popular, conformada por el Partido Nacional (Conservadores y Liberales), el Partido de Izquierda Radical (escindido del viejo Partido Radical), y el Partido Demócrata Cristiano, entre otros de menor volumen, decidió unirse estructurando la CODE (Confederación Democrática), cuya plataforma básica era la siguiente:

  1. Restablecimiento de la libertad y respeto de los derechos gremiales;
  2. Restablecimiento del derecho de información y expresión;
  3. Que el proceso de cambios se encuadre en la Constitución y las leyes;
  4. Término de la violencia; y
  5. Necesidad de normalizar la situación política del país.

Durante los meses de mayo y junio (1973), Allende solicitó al Cardenal Raúl Silva Henríquez que mediara ante la Democracia Cristiana —específicamente ante Eduardo Frei Montalva— a objeto de construir un diálogo para acordar una salida a la grave crisis. Pero los dados estaban echados desde hacía meses, y el intento del Cardenal no fructificó.

Llegó el mes de junio. En la mañana del día 29 de ese mes, el teniente coronel Roberto Souper —sobre quien pesaba orden de arresto por haber participado en una conspiración— se presenta en el Regimiento de Blindados Nº 2, donde los oficiales lo reciben dándole a elegir: ser arrestado de inmediato, o dirigir una acción ya planificada. Souper eligió esto último. Dieciséis blindados abandonaron el regimiento esa mañana y se dirigieron al Palacio de La Moneda y al Ministerio de Defensa. Hubo veintidós personas fallecidas (entre civiles y militares). Finalmente, el general Carlos Prats, junto a tropas leales a la Constitución, frenó el intento de golpe militar, pero los servicios de inteligencia de las fuerzas armadas pudieron calibrar la situación entendiendo que, en caso de golpe de estado, la gente —el pueblo— no enfrentaría a las tropas y se refugiaría en sus hogares ya que carecía de poder de fuego real. En agosto de 1973 comienza a desencadenarse la desgracia. Primero ocurrió en el día 22 de agosto, en una sesión de la Cámara de Diputados, donde la CODE logró finalmente su objetivo: acusar al presidente Allende y a la Unidad Popular de conformar un gobierno inconstitucional.

Al día siguiente, 23 de ese mismo mes, el general Carlos Prats presenta su renuncia al cargo de Comandante en Jefe del Ejército, presionado por los altos mandos y por una prensa bestialmente dura. Los caminos para el golpe de estado se encontraban ya abiertos y asfaltados.

Años 2020-2021

Las masivas manifestaciones populares desarrolladas a lo largo del país, y el resultado de las encuestas de opinión pública que dejaban en el suelo al gobierno, al Congreso y a los partidos políticos, forjaron el pánico en los defensores del inmovilismo y en casi todo el mundillo político-partidista, así como también en la alta oficialidad de las fuerzas armadas y de las dos policías (la uniformada y la civil). Se avizoraba una época de cambios profundos, una situación algo caótica que podría desembocar en la construcción de una nueva estructura para un nuevo Chile.

Ello asustó profundamente a quienes detentan la férula, es decir, al empresariado y la banca. Muchos de los mencionados llamaron entonces ‘a la unidad de las fuerzas políticas en beneficio de la paz y la patria’.

La madrugada del viernes 15 de noviembre de 2019, con la exclusiva autoexclusión del Partido Comunista, el PRO y el FRSV, esas fuerzas —las mismas que estaban y siguen estando seriamente cuestionadas por la ciudadanía— firmaron con mucha pompa el Acuerdo por la Paz, una especie de renovada CODE (esta vez en contra de la sociedad civil) que nace y existe preferentemente para resguardar la existencia de los dos tercios (2/3) , con los cuales se le ponen enormes trabas a cualquier intento de redactar en serio una nueva, democrática y moderna Constitución Política.

Oficialmente no existe una DINACOS (División Nacional de Comunicación Social) como era la que actuaba en dictadura regulando, autorizando y/o prohibiendo la publicación de noticias y medios de prensa que no fuesen defensores y simpatizantes del régimen totalitario, pero hoy esa labor la realizan directamente desde La Moneda, y muy particularmente desde la oficina presidencial. Ya hubo llamados telefónicos ‘presidenciales’ al dueño del canal Chilevisión y al Director General del canal La Red, protestando por el contenido de programas donde —según La Moneda— se denostaba la imagen presidencial.

El Ejército de Chile colaboró en esta caza de brujas contra la libertad de prensa con una carta pública —protesta airada por un programa humorístico— que originó una masiva respuesta de la gente a través de las RRSS. La imagen del Ejército (y de las fuerzas armadas y policiales en su totalidad) cuenta con escaso apoyo de la población en estos momentos.

Exalmirantes, exgenerales, excoroneles, exuniformados de diversos grados, no han tenido consideración con la esencia de la democracia —la libertad de opinión y pensamiento—, insultando y amenazando con desatar un nuevo once de septiembre contra quienes piensan distinto a ellos, contra quienes desean humanizar debidamente el sistema económico, contra quienes no aceptan la existencia de empresas dedicadas a ‘administrar’ el dinero previsional de los chilenos y pretenden, democráticamente, volver a un sistema solidario de reparto.

Las amenazas van y vienen, de lado a lado, y cada día más violentas, más duras. A su vez, la policía uniformada demuestra, en cada una de sus acciones en la calle, que no obedece al poder civil, que ama la bestialidad y castiga solamente a quienes no pertenecen a los estratos económicamente acomodados. Es posible incluso palpar la presencia de clasismo en el gobierno actual y en muchas de sus instituciones, incluyendo, por cierto, a los cuerpos policiales según se observa en el actuar que estos tienen en tierras mapuche.

Lo concreto es que el gobierno —y el establishment propiamente tal— no han dado satisfacción a ninguna de las demandas principales explicitadas por millones de chilenas y chilenos durante las manifestaciones populares que culminaron con un histórico y gigantesco estallido social en octubre de 2019. La decepción y el desencanto de la gente respecto de las tiendas partidistas de la llamada ‘centroizquierda’, se han ido transformando en rabia, en ira… y la caldera amenaza explotar.

Ya nadie ayuda al pueblo… sólo el pueblo se ayuda a sí mismo. El futuro es incierto, qué duda cabe, pero este pueblo 2021 no es el pueblo 1973, de ello tampoco cabe duda alguna.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here