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La corrupción va por dentro

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La corrupción va por dentro

EN UN PAÍS DEL FIN DEL MUNDO donde todos eran probos o al menos se habían comprado ese título muy convencidos que acá no —pero en otras muchas latitudes sí— vale la pena preguntarse: ¿siempre esa sociedad fue corrupta o sólo cuando algunos corruptos, para no verse pillados como únicos en el tablero de ajedrez, trataron de imponer este acto y así generalizarlo? Total, si tú no comes empanadas, qué importa si la gran mayoría come y con eso se afirme que el plato nacional es la empanada.

Bueno, si alguien quiere dar el sermón diciendo que en tal o cual país son más corruptos que en otro, o que esto es parte de la raza humana, le explico que no voy por el empate y mucho menos deseo comparar con nadie lo que sucede en las últimas décadas en el país-sur.

Queda claro que la corrupción está reñida cien por ciento con la ética, palabra que muchos desconocen y otros que la conocen solo se la atribuyen a un tema de filosofía y Aristóteles que, al parecer, como es muy antiguo este pensar y se enredó en el mal llamado progreso, terminó supliendo aquello por la corrupción.

Este país al fin del mundo tuvo una dictadura y los primeros atisbos de corrupción se trataron de ocultar; total, tenían el control de todo y los militares de corruptos jamás —o sea jamás, jamás tampoco para tanto—. En un periodo sin libertad de expresión y sabiendo que solo el compadrazgo o el pituto era parte de un buen currículum para acceder a algún trabajo, se convencieron que la honestidad iba por delante y el robo por debajo del mantel y que, obviamente, no se tenían los problemas de los vecinos de la cuadra, que esos sí son corruptos.

Tres días antes de entregar el poder el dictador de ese país dictó la ley de amarre basada en que ninguno de los exfuncionarios de confianza saliente podía ser despedido por los nuevos gobiernos democráticos; y si estos decidieran renunciar, entonces se les tenía que pagar una indemnización millonaria, muy superior a la que era hasta entonces vigente.

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Así, convencidos de que no se vivía la corrupción, se creó una Comisión Nacional de Ética Pública, la cual terminó convertida en la Ley de Probidad y Transparencia; de modo que ‘hecha la ley, hecha la trampa’ y cómo no, si desde el año 2000 en adelante se comienzan a conocer diferentes situaciones de anomalías; por ejemplo, los sobresueldos a ministros y otros funcionarios de Estado, una forma de contratar personal sin mayor trámite. Luego, se conocieron que un Ministerio, que realizaba Obras Públicas, generó una triangulación de valores, en lo que se llamó el escándalo MOJate, lo cual era un tema acerca de cómo las concesionarias de carreteras supieran mojar para que todo funcionara aceitado. Paralelamente, se conocían platas salidas de quién sabe cómo al Banco Riggs —donde el dictador eligió depositar sus sueldos, que con tanto esfuerzo y sacrificios se los ganó— jodiéndose a este país de fines del mundo. Bueno, no fue lo único daditativo que realizó en su periodo sino también traspasó gran parte de empresas públicas a sus amigos, que obviamente las convertirían en lucrativas fuentes de recursos para empobrecer al país del sur del mundo. Empresas de trenes a privados croatas por el norte, líneas aéreas por los aires para un joven emprendedor, que con los años se le conocerá por su desfalco al banco de una ciudad que suena a trueno y que luego, para desgracia de muchos, nada menos que por dos periodos le conoceremos como presidente de ese país del fin del mundo.

En la medida que avanzaba el país otros escándalos de corrupción se fueron conociendo; por ejemplo, las boletas ideológicamente falsas —qué nombre más elegante para señalar la forma en que se jodieron al fisco— y lo hicieron desde la honorable Cámara de Diputadas y Diputados. Otros recibieron dádivas, y no eran de un solo sector político sino del abanico casi completito; un empresario del Litio, que se la había adjudicado en tiempos de dictadura por ser yerno del dictador, esta minera tan poco apreciada en esos entonces y, hoy, uno de los recueros más apetecidos por toda la industria de la informática. Este hombre, además, fue  en su entonces director de una corporación que fomentaba la producción y, en periodo paralelo, fue uno de los creadores de otra corporación que dictó normativas, para que luego con algunas leyes aprobadas al calce de los intereses de las forestales, se pudiera robar bosques nativos y explotarlos sin límite, sustituyéndolos por pino y eucaliptus, con el fin de hacer crecer la materia prima de la celulosa, sin complicaciones; total para eso se armaba esta corporación donde un castor fue designado Director Nacional.

Así, un don Nadie tenía el Litio a destajo y recursos para mojar desde el jugador-de-Rugby-Senador —que se fue a un mundial de la disciplina, dejando tirada su circunscripción en medio de un terremoto— hasta darle algunos pesitos al que pedía un raspado de olla.

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Es importante saber que en este país del fin de mundo muchas veces se escandalizan con este tipo de hechos, pero a la hora de ver cómo esos individuos se presentan a cargos de representación pública y son electos, se tiende a pensar que la corrupción es algo muy internalizado en la población, de lo contrario, esta gente nunca debería estar donde está; como el presidente que tiene ese país del fin de mundo, que utiliza información privilegiada para defraudar, usa contactos para hundir a sus adversarios empresariales o hacerlos crecer según su conveniencia, implementa incluso en tiempos de pandemia un negocio con vacunas, con la salud pública y recintos privados arrendados sin razón de ser por cifras que no le rinde cuentas a nadie.

Entonces, este país del fin del mundo sufre el flagelo de la corrupción en todas sus escalas, y en momentos se observa que si los que están abajo pudieran acceder a un poco de poder, posiblemente estarían generando las mismas malas prácticas de los que están arriba.

Si usted conoce de este país y le cuentan que la corrupción no es tal, le resumo que sí ya está carcomida gran parte de la plataforma donde se sustenta su economía, las instituciones armadas también entraron al juego de la corrupción, los tres poderes del estado no solo tienen corrupción, sino que dictan leyes para evitar que sean investigados algunos miembros de estos poderes; leyes que luego algún vocero —de nombre igual al papa— dice que se debe mejor tapar los ojos y un candidato a senador se hace el loco frente a actos que le comprometen o al menos hizo lo posible para que la entidad fiscalizadora de impuestos del país no pudiera investigar.

Un Caso Cascadas que se evapora en el recuerdo, una sociedad de inversiones que evade brutalmente impuestos y que la pena impuesta por tribunales es mandar a sus máximos ejecutivos a Clases de Ética, entendiendo además que uno de ellos era nada menos que el presidente del directorio de la fundación para las personas con capacidades diferentes del país del sur donde, con obras de caridad, todos los corruptos lavan su imagen.

Así se ven en ese país del fin del mundo casinos instalados con actos truchos y mañosos; trasnacionales que instalaron sin cumplir con las mínimas normas de medioambiente sus contaminantes termoeléctricas de carbón; otras que llegaron a explotar carbón y un juez del tribunal ambiental les detiene su accionar y del mismo modo paraliza al presidente un proyecto de 400 millones de dólares, justamente por no cumplir con los reparos de la ley, este es sancionado por la Ministra de medio ambiente y pide expresamente al Senado que se deje de lado a este juez y se presente una terna nueva de personas que sí les puedan servir libremente en lo que se requiere para armar el tinglado de la corrupción medioambiental, entendiendo que al menos uno de los senadores —de la misma zona del Litio—  votantes de la comisión tienen negocios con la ministra.

Como podemos ver, la corrupción va por dentro y si no le ponen atajo, ahora que es tiempo, el problema se agudizará y será difícil sacarse desde dentro algo que carcome la médula y se convierte en cáncer… por cierto, ya que me referí al cáncer, la salud es un negocio que lucra de una manera asquerosa y la corrupción también, en este ámbito, se expande hasta las farmacias coludidas.

Continuará

1 Comentario

  1. Así fuimos instalando un estilo de vivir…dentro de lo posible….
    Hoy,somos un país de apitutados!
    Algunos y algunas apostamos por ser un Chile democrático,generoso ,solidario y sustentable…yo no pierdo la esperanza!

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