Inicio Sin categoría Las minorías vociferantes: un cáncer que está destruyendo Chile

Las minorías vociferantes: un cáncer que está destruyendo Chile

0
Las minorías vociferantes: un cáncer que está destruyendo Chile

A MEDIDA QUE VAMOS saliendo de la niñez y nos encaminamos a la adolescencia nuestro cerebro va madurando y nos permite ir percibiendo el mundo de manera cada vez más realista; ya las fantasías infantiles se alejan, dejando una estela de nostalgia y nos vamos poniendo cada vez más concretos: preferimos lo tangible por sobre lo etérico y vamos exigiendo cada vez más evidencias para aceptar alguna determinada situación o argumentos para incorporar una nueva idea en nuestra vida… este proceso maravilloso se llama madurar.

Aun cuando este proceso es incontrarrestable —en términos biológicos— parece que hay temas en los cuales el ser humano ha demostrado ser tremendamente resistente a madurar y, más aún, parecen concertarse en agrupaciones formadas por individuos que colaboran y se alientan entre ellos para validar un comportamiento carente de toda lógica, argumentación y raciocinio. ¿Adivina ya, querido lector, en qué tema el ser humano parece no poder —no querer— permitir que los ciudadanos comunes y corrientes maduraremos? ¡Exacto! En los temas políticos que se tratan cada día.

Basta leer las opiniones que las personas vierten en RRSS, periódicos de circulación nacional, medios digitales independientes, programas de televisión… y de manera instantánea el debate de ideas se va al suelo y se hunde en las entrañas de la tierra debido a la existencia de agrupaciones que vomitan cientos de miles de palabras inconexas que sólo tienen por objetivo descalificar, atacar, destruir. ¿Quiénes son ellos? Las minorías vociferantes. (Joyita de fin de semana: las declaraciones de la presidenta del Colegio Médico y la respuesta del ministro de Salud.)

¿Quién las gobierna estas agrupaciones? ¿Qué los motiva? ¿Quiénes son? Tratemos de responder estas interrogantes.

Está claro que tanto en lugares oscuros y malolientes como en oficinas con paredes enchapadas en mármol de Carrara se han reunido mentes iluminadas que —motivadas por ideologías importadas desde el extranjero o desde tiempos inmemoriales— han definido que la mejor forma de imponer su idea o visión del mundo no es a través del proceso mayéutico (guiño para Platón), la argumentación o la escucha activa sino que todo lo contrario, es decir, construir un relato que busca denigrar a quien piensa diferente a través de la difamación, mentiras, burlas y como guinda de la torta… amenazas.

Y claro, como los pensantes en las sombras nunca se quieren ensuciar sus manos (que no le han trabajado un día a nadie) qué mejor que reflotar su espíritu Pyme y encargar el trabajo sucio a gente ignorante y desocupada quienes —por unas pocas chauchas o promesas de pitutos futuros— se dedican a escribir tonteras o decir brutalidades sin fundamento y con menos capacidad de argumentación que una piedra para poder invalidar lo que dijo el de la vereda de enfrente.

Qué frustrante resulta leer o escuchar siempre las mismas imbecilidades desde lado y lado: o sea, o eres facho (y pobre) o eres zurdo (pobre también) y ahí termina el debate; con ese par de palabras comodines se están respondiendo todos los emplazamientos a pensar, meditar o buscar un mejor Chile para todos.

Estas deleznables minorías vociferantes, organizadas y comandadas por poderes en las sombras, están matando la capacidad de análisis de las situaciones que ocurren en el día a día y de la búsqueda efectiva de soluciones, están destruyendo la construcción de grandes acuerdos que nos permitan avanzar hacia un desarrollo más sostenible para todos nosotros.

Cómo es posible que con tanto griterío, insultos y descalificaciones constantes nos lleven a pensar que todos los de la orilla opuesta a la mía son perversos o tienen malas intenciones, cuando la realidad debe ser todo lo contrario: existen en la izquierda y la derecha grandes seres humanos, personas con buenas intenciones y con una verdadera vocación y genuino interés por los demás.

Para colmo de males, como las minorías vociferantes son agresivas y amenazantes, muchos parlamentarios —y políticos en general—, haciendo uso de su sano juicio, dejaron de servir a sus electores o a sus partidos de origen y, por miedo, empezaron a seguir la pauta que estos grupos marcan; es decir, pasaron a ser títeres de personas simplonas que siguen instrucciones de esferas de poder que posiblemente jamás sabremos a ciencia cierta quiénes son.

¿Cuál es el objetivo de haber creado estos grupos? Yo la tengo clara: sin titubear ni un instante le digo al lector que la estrategia es la polarización del país, es decir, meternos en la cabeza que los de la derecha son explotadores y los de la izquierda son explotados, que los de la derecha son ladrones y los de la izquierda son robados, que los de la derecha quieren vivir en paz y que los de la izquierda quieren destruir el país, que los de la derecha son dictadores y los de izquierda también. ¡¡Falacias!!

Dividir para reinar, dice el proverbio y esto es justamente lo que está pasando en Chile, estamos cada vez más y más lejos unos de otros por este constante proceso de condicionamiento mental al cual estamos siendo sometidos por estos grupos vociferantes que no descansan nunca de descalificar y difundir mentiras sobre quien piensa distinto.

¿Qué podemos hacer? No mucho la verdad, esto es un proceso bien armado y suficientemente financiado que ya ha generado un daño lo suficientemente grande que hace irreversible el cisma en nuestra sociedad y sólo queda observar como lo que se construyó durante tantos años de conversación y acuerdos por el bien de todos se va diluyendo. Para muestra un botón —que me hace ser más pesimista aún— es ver candidatos a la Convención Constitucional hablando de Pinochet, dictadura, Allende, Unidad Popular, etc. Si estas joyitas van a escribir la Carta Magna muy pocos acuerdos se construirán y el resultado no será muy diferente a lo que tenemos ahora. En realidad son los mismos de siempre los que se postulan y la gente los elegirá otra vez. ¿Y los independientes? Los independientes, querido lector, se representan a ellos mismos.

Podemos tratar de ralentizar un poco el proceso de polarización causado por las minorías vociferantes a través de cumplir con nuestro deber de ser ciudadanos bien informados, investigar dentro de las miles de denuncias que se levantan aquellas que nos interese confirmar, preocuparnos por difundir informaciones fidedignas, ser medianamente respetuosos al emitir opiniones y —por sobre todo— criticar de manera constructiva con argumentos, con ideas, con opiniones fundadas para que invitemos al debate, a la construcción y generación de nuevos proyectos que tengan un objetivo superior.

Dicho de otra forma: la invitación para lxs lectorxs es a ocupar el regalo de la madurez que nos va proporcionando los años para actuar de manera consecuente, analizar los hechos de manera objetiva y entender que no todos los de derecha son empresarios explotadores ni todos los de izquierda quieren un estado asistencialista ni se niegan a que las personas crezcan por su propio mérito; primero que todo somos personas, compatriotas que compartimos el anhelo de la felicidad y vivir en paz. Esto es lo que deseamos los ciudadanos comunes y corrientes.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here