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Libertad de Prensa y Síndrome de Estocolmo: cuando la peor astilla, es la del mismo palo

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Libertad de Prensa y Síndrome de Estocolmo: cuando la peor astilla, es la del mismo palo

EL DE ESTOCOLMO es un síndrome, porque implica el enamoramiento del secuestrado para con su captor. Existen muchas formas de secuestro y captura (de identificarse progresivamente con las ideas, doctrinas o ideologías del captor). Una de las más letales es la de la Democracia, para cuya existencia es indispensable una Prensa Libre.

La razón de lo anterior es simple: la Historia mundial ha demostrado que las Tiranías de facto temen a la Libertad de Prensa, particularmente a los Medios Críticos de los regímenes de turno.

Por ello asombra a muchos Defensores de Derechos Humanos cómo el último tiempo desde distintos Medios (que se autodefinen como una línea Editorial sin complejos para criticar a un Régimen de Turno), se ha llamado a controlar un poco los adjetivos de las publicaciones o expresiones que critican al actual Gobierno, a fin de no pasarse algunos pueblos.

Surge entonces la reflexión, de que limitar los adjetivos respecto de la labor de la autoridad (invocando razones de Prudencia —a la vieja usanza de los Paños Tibios—), por parte de los Medios que tienen la obligación de servir a los Gobernados y no a los Gobernantes, en tiempos de arteros y DIRECTOS ataques y censuras a la Libertad de Prensa (hoy por todos conocidos) es ciertamente y, por decir lo menos, pasarse algunos pueblos.

Así entonces, cabe meditar sobre el ejercicio actual de la labor de los Medios en servicio de los Gobernados: Aquí el punto es que los Medios —especialmente los de la Televisión abierta— no tienen la propiedad del espectro de telecomunicaciones para desarrollar su actividad, sino solo una CONCESIÓN de las microondas, que pertenecen a toda La Nación.

Que sea concesión y no propiedad, indica que no pueden hacer lo que quieran. La Concesión tiene una función social ineludible: La de servir a los Gobernados.

El recordado comentario del histórico Juez Black, sobre la publicación de los documentos secretos del Pentágono sobre la guerra de Vietnam, realizada por el New York Times y el The Washington Post —traducido— reza:

«Los Padres fundadores dieron a la prensa libre la protección que debía tener, para desarrollar su esencial rol en nuestra República: LA DE SERVIR A LOS GOBERNADOS y no a los gobernantes».

Cuando Ben Bradlee cuestionó algunos puntos de uno de los artículos de los periodistas que investigaban WaterGate, uno de ellos le dijo:

«Nosotros obtuvimos el titulo en la Universidad, con nuestro sudor y esfuerzo. Si no está de acuerdo con respetar profesionalmente aquello, entonces despídanos, y llevaremos el artículo a quien sí quiera publicarlo».

Ben Bradlee los mantuvo en sus trabajos y no modificó el artículo.

Lo mismo sucedió cuando ante la posibilidad de que el The Washington Post no publicara los documentos secretos del Pentágono sobre la Guerra de Vietnam: Ben Bagdikian y todo el equipo de periodistas amenazó con renunciar… y los documentos se publicaron.

La Proclamación Basal de la Declaración de EE.UU. en su trasfondo manifiesta que, cuando las cosas andan mal, aquel que tiene la posibilidad de hacer algo, luego tiene la RESPONSABILIDAD de hacerlo.

Cuando Benjamín Franklin terminó el segundo borrador de la Declaración de Independencia de U.S.A., una Cabildera le preguntó: “¿Qué forma de Gobierno nos dará?”, su respuesta fue: “El de una REPÚBLICA, mi Señora, si es que tienen la Fortaleza para CONSERVARLA”.

La Democracia no es clientelismo: se defiende a diario, exigiendo cuentas por cada parte de tránsito mal cursado —o que se dejó de cursar debiendo verificarse—, frente a cada peso mal gastado o que se debió gastar y no se utilizó.

Se requiere entereza para ser periodista, panelista o rostro de una Estación o de un programa de Televisión o de un Medio de Comunicación Social.

Si no se tiene, no se debe postular al cargo. Y si estando en el puesto se ha perdido dicha virtud, la ética profesional dicta que hay que dar un paso al costado, para dejarle lugar a los que sí quieren servir realmente a los Gobernados, aunque ello implique enfrentar —como periodista, rostro o panelista— a un Editor, Jefe de Prensa o Director Ejecutivo de la Estación o Medio Periodístico o de Comunicación Social.

Ben Bradlee siempre decía, que los Medios y quienes trabajaban en ellos, tenían la obligación de ser la voz de aquellos que realmente eran los dueños del espectro comunicacional (es decir, La Nación). Y Ben Bradlee tenía varios laureles para marcar una pauta para dicha labor: publicó los Documentos Secretos del Pentágono sobre la Guerra de Vietnam, y destapó el mundialmente conocido escándalo de WaterGate, en una época en que las papas quemaban. E incluso tuvo la valentía de publicar que varias Administraciones de la Casa Blanca —durante años— le MINTIERON al Pueblo norteamericano sobre la Guerra de Vietnam. Su herencia fue fructífera, pues Ben Bradlee Jr. dirigió la Publicación del Boston Globe sobre el escándalo del Abuso Sexual Infantil en la Arquidiócesis de Boston.

Los Defensores de Derechos Humanos normalmente son vistos como una piedra en el zapato por distintos profesionales de la Prensa, particularmente cuando de manera preventiva se les avisa sobre peligrosos advenimientos de hegemonía editorial.

Lo paradojal es que en la mayoría de los casos emblemáticos a nivel continental (sobre libertad de expresión y Prensa: Herrera Ulloa Vs. Costa Rica; Ricardo Canese Vs. Paraguay, más todas sus causas formativas, anexas y complementarias), los equipos jurídicos le hicieron ver a sus defendidos que, si hubieran prestado oído a las voces de alerta preventiva, el flagelo autoritario no habría arribado a su puerta.

Y ese es el punto: Cuando el Sistema Hegemónico deviene en autoritario, y acto seguido no solo abandona a los profesionales de los medios de comunicación sino que además los persigue, ha sido la Red de Defensores Interamericanos —a nivel continental— la que ha recurrido en su ayuda (la mayoría de las veces Pro – Bono, Ad-Honorem) recogiendo los despojos y cadáveres al costado del camino dejados por la ola autoritaria, llevando los casos ante organismos internacionales para obtener una justa reparación y, así, salvaguardar la garantía de no repetición.

Lo anterior, por supuesto, no sin los anticipados efectos colaterales, porque los Defensores de Derechos Humanos a nivel continental han sufrido con el Pueblo, ya que en países como Colombia, México, el Salvador, Guatemala, etc. no los han matado, sino que los han masacrado. (En Chile, también hay actualmente activistas de DD.HH. perseguidos).

De nada servirá una Nueva Constitución sin una reforma genética al Poder Judicial, porque el que hoy tenemos sirve actualmente a un Sistema Autoritario (salvo varias loables excepciones de jueces valientes), como se consigna en el fallo interamericano del Caso Urrutia Laubreaux Vs. Chile.

Pero no será posible en lo futuro tener una Judicatura de Vanguardia que se adelante a sus tiempos (con Independencia, Imparcialidad, Probidad y Excelencia Jurídica) sin una Prensa Libre que esté comprometida con servir a los GOBERNADOS y no a los Gobernantes.

El fuego enemigo es previsible, pero la llamarada amiga, la astilla del mismo palo es tanto o más peligrosa, porque puede provocar desaliento. Por Buena Providencia, los Defensores de Derechos Humanos con kilometraje en el cuerpo aprendieron hace décadas una lección esencial para tan noble labor: Que la Desesperanza, es enemiga de la Justicia.

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