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Lo que no sirve, se bota

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Lo que no sirve, se bota

‘ESTUDIE, HIJO, que no quiero que cuando grande seas carabinero y terminan asesinando gente con la justificación que recibían órdenes’. Este letrero lo leí en más de una manifestación y me hizo no solo ruido, sino bastante sentido al ver una institución que dudo si alguna vez desde su creación fue honorable, ya que siempre cumplió mandatos jerárquicos y quienes conformaron sus filas muchas veces abusaron y abusan de la cuotita de poder que se les cuelga con las estrellas que lucen en la solapa.

Desde que nací esta institución está muy lejos de la estrofa que pretende hacer creer que ellos son fieles veladores de nuestros sueños, cuando se han transformado por décadas en verdaderas pesadillas.

Hace años atrás escribí una columna que hablaba de esta institución, la cual titulé ‘Carabineros, ¿miedo o respeto?’ y claramente con los años sé que Carabineros no es un organismo de respeto, sino una entidad que ejerce el miedo a los ciudadanos: nos ven como delincuentes y nos tratan como tal; pero, al final uno sabe que el ladrón y el policía se conjugan en un mismo nivel de ronda, entendiendo que hay tantos casos que no son aislados y hacen ver como se degeneró este cuerpo policial. Es solo pensar el desfalco a Carabineros con el mentado Pacogate y esos más de $28 mil millones en fraude; eso sumado al dolo en el Caso Huracán: $21,5 millones de sus gastos reservados para adquirir el programa que permitió manipular información de un teléfono sin dejar rastro. En 2018 la Contraloría se pronunció en contra de que los oficiales en servicio reciban sobresueldos por sus labores como directores de la Mutualidad de Carabineros (Mutucar), el caso llevó a demostrar cómo esta entidad de derecho privado se convirtió en un retiro dorado para todo ex General Director y otros funcionarios del alto mando. Pero si hurgueteamos más encontramos pagos abultados en arriendos para los Generales Directores. Y muchos casos de sangre que les hacen ver como una institución muy poco profesional, no solo lo ocurrido en estos días, sino en una línea de tiempo, casos como las muertes en 1993 en pleno sector de Manquehue con Apoquindo (conocido como la Masacre de Apoquindo) donde civiles resultaron ultimados; la rebelde salida de Rodolfo Stange de la institución después que en forma definitiva se supiera que Carabineros estuvo involucrada plenamente en el Caso Degollados. Así recuerdo cómo en 1998 fue asesinada en medio de una manifestación Claudia López, estudiante de danza de 25 años, alcanzada por una bala de Carabineros o en noviembre del 2002 fue asesinado Alex Lemun Saavedra, de 17 años: murió producto de una bala disparada por el Mayor de Carabineros Marco Aurelio Treuer; cómo no recordar otros crímenes como el de Collihuin Catril de 71 años, muerto por una bala del Sargento Juan Marimán en 2006; Matías Catrileo, baleado por el Cabo 2do. de Carabineros Walter Ramírez en 2008; Johnny Cariqueo Yáñez, el cual murió de un infarto luego de una golpiza de Carabineros en la 26° Comisaría de Pudahuel en 2008; y Jaime Mendoza Collío, muerto por un balazo en la espalda propinado por el cabo Miguel Jara Muñoz. En 2016, Brandon Hernández Huentecol, de 17 años, recibió un disparo por la espalda del que salieron 180 perdigones mientras estaba en el suelo. La agresión fue cometida por el Sargento de Carabineros Cristián Rivera en Curaco. Estuvo 45 días hospitalizado, ha tenido 17 operaciones y vive con plomo en su sangre. El uniformado solo recibió como castigo una condena de libertad vigilada, y muchas irregularidades que nadie le pone coto y freno a esta especie de cartel pagado por todos los que tributamos.

La institución se pudre al estilo iglesia caótica, pero siempre —serviles feligreses— están dispuestos a darles justificación al curita ‘borracho y putero’, así como al paco que asesina a un malabarista y terminan hablando que le disparan en defensa propia.

Esta institución creó —bajo el paraguas del Estado— una Operación Jungla y fueron a la zona Mapuche a pacificar —una vez más— los territorios, allanamientos masivos, violación de moradas en madrugada, amedrentamiento a los comuneros, el asesinato de Camilo Catrillanca… sin freno aparecieron los justificadores de siempre, diciendo que ‘este individuo poco antes había asaltado a unas profesoras’, con el tiempo las profesoras desaparecieron y salió a la luz el maldito asesinato en donde se ensañaron con 14 balas en el cuerpo del comunero, resultados: un General Director renunciado, un alto mando descabezado y el autor intelectual salvado por su Primo Presidente. Luego, la mentada operación fue disuelta o —al menos— se le submarineó, porque es muy probable que en el Estallido Social más de un enajenado actuará contra los manifestantes, no por casualidad hay tantos mutilados oculares y dos personas ciegas y, del mismo modo, un chico lanzado al lecho del río Mapocho o los varios asesinados en Plaza Dignidad frente a la multitud con sus mentadas bombas lacrimógenas, que hasta la fecha nunca nadie respondió de quién era el negocio privado de la venta de este tipo de material, entendiendo que los pacos los arrojaban estilo escupo, por la cantidad usada, con las que terminaron incendiando el Centro Cultural Alameda, árboles del área o el Propio museo Violeta Parra, entre otras varias y, claro, su iglesia a la que días antes habían sacado el mobiliario ellos mismos. Carabineros se ha prestado para montajes, espionajes y una serie de fechorías más que se suman a un prontuario de un organismo que, si no fuesen respaldados por gente como Mario Desbordes que justifica cada brutalidad de esta institución, se podría perfectamente identificar como un cartel o Policía Política represora del Estado.

Por lo mismo, no podemos dejar de lado las responsabilidades civiles a la hora de ver quién es más culpable: el que aplica la fuerza con amplia impunidad y avalado por organismos de Estado pidiendo mayores atribuciones a los monos con navaja o este organismo que usa esas atribuciones y se justifica en plenitud, ya que se ajusta a derecho según la legislación vigente. No olvidemos que no hace mucho se pedían mayores atribuciones para que Carabineros actuara con mayor severidad y con más impunidad a la hora de disuadir. Cuando vemos el descriterio —muy común— en la aplicación de controles de identidad siento que están monopolizando la fuerza. El control de identidad no puede ser usado como medida de hostigamiento ni mucho menos da derecho a matar.

Por los muchos acontecimientos similares y sucesivos, que no son aislados —como más de alguien pretende argumentar y justificar, porque la vida de un humano no es para empatarla por mil edificios incendiados— es que debemos no sólo reformar esta institución, sino que definitivamente disolverla para crear una Policía que de Seguridad y Tranquilidad a la ciudadanía, que ponga el foco en los reales delincuentes —varios de ellos usando escaños públicos— y muchos otros en poblaciones, traficando con la venia de algunas policías. Necesitamos una policía moderna con estándares de protocolo internacional, donde incluso el uniforme se cambie, no puede ser aceptable que el uniforme de la SS alemana sea parte del traje de gala, con colores distintos, al de este organismo aniquilador de la Alemania nazi.

Es el instante de saber salir de este círculo vicioso: creadores de delitos como acción rutinaria, donde el gobierno ordena, la policía mata, la prensa miente y los tribunales no aplican justicia; este círculo vicioso y corrupto es donde nace el desprecio por la vida, se burla la justicia y terminan riéndose del soberano pueblo. Por eso, es tiempo de acabar con todo esto y, claramente, con esa policía verde que se desvirtuó en un organismo represor sin norte claro.

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