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Medianoche. Corpus Christi

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Medianoche. Corpus Christi

HAY MOMENTOS DE NUESTRA VIDA en que nos aferramos a nuestras convicciones con el mismo fervor de un niño abrazado a su juguete regalón. O el de un guerrillero abrazando su fusil.

No teníamos dudas de que la rebeldía ante la tiranía imperante iba a tener buen destino y que, al fin, el Pueblo iba a tener su merecida libertad. Siempre lo creímos, y así lo expresó en innumerables ocasiones nuestro comandante. Corría el año 1986 y la razón por la que estábamos preparados estaba a tiro de piedra. O de M-16.

No se confundan: el rodriguismo no se basa en acciones que pongan en riesgo la vida de seres inocentes. Muy por el contrario, siempre respetamos el mandato popular y, por cierto, la vida. Y cuando me refiero a ‘popular’, evoco a aquellos pobladores, trabajadores y dueñas de casa que no veían cómo hacer durar el mendrugo que daba la burguesía por sueldo en aquellos tiempos duros, donde la pobreza se veía no sólo en los campamentos sino también en los barrios obreros. ¿Quieren saber, acaso, lo que es violencia? Hoy —sí, hoy, ahora, en estos tiempos— tenemos una gran parte de la población sumida en la miseria, en el hambre, en la angustia y la incertidumbre. Desafío al más modesto de los candidatos que aspiran a ser elegidos por el pueblo a que vivan así, como ellos. No teman: es en esos lugares donde se cultiva el verdadero compañerismo e, incluso, hermandad.

Hermandad… tal como nos enseñaron a nosotros.

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Ya les he mencionado lo que nos han enseñado a ser, y cómo cultivábamos ese aprendizaje. No lo niego: hoy es prácticamente imposible que los más jóvenes lo entiendan a cabalidad, porque hemos sido lo suficientemente egoístas para no explicarles. Y cómo no, si estamos inmersos en este sistema donde una persona es un número y no un ser humano. No culpo a nadie, pero no soy ciega: cada vez que veo el hospital donde me atiendo por mis dolencias y enfermedades, siento que voy a estallar por ser tratada como un simple número.

Pero, en esta oportunidad, no he venido a hablar de mí. Simplemente he querido recordar que hace 34 años, tanto mis hermanxs como yo misma fuimos avisados de una de las masacres más cruentas que haya registrado la tiranía en toda su extensión. Me refiero a la ‘Matanza de Corpus Christi’.

No quiero extenderme en detalles acerca de los hechos, ni las razones acerca de aquella masacre. Solo quiero que sepan que nuestros mártires, deformados sus rostros por la metralla asesina y abandonados como si fuesen animales en un matadero, expuestos al montaje y la mentira del tirano y sus secuaces; ellos, nuestros 12, murieron con la tranquilidad de haber servido a su pueblo, ajenos ya al miedo a ser descubiertos. Aquellas 12 vidas humanas partieron desde diversos lugares de Santiago con la certeza de que la muerte no es en vano.

Esto último, en parte lo hemos cumplido los que quedamos a este lado de la vida. Este Estado Indolente nos ha quitado la posibilidad de hacer juicio y castigo cabal a los responsables y victimarios, dada la situación de los esbirros que, sedientos de poder y dinero, permitieron que los asesinos fueran condenados a reclusiones menores a sus crímenes. No obstante, la memoria ha sido nuestra venganza y no he visto un solo rincón o vestigio de la rebeldía popular donde no se recuerde a nuestros doce hermanxs.

Mal les fue a aquellos que pensaron en ‘reventar’ al FPMR. No supieron avizorar las consecuencias ni el tirano ni sus secuaces ni sus esbirros. Porque en el mismo momento en que decidieron someter con la metralla de su indolencia a nuestra gente, esas mismas doce vidas lograron lo que nunca alcanzarán los que hoy aspiran a ser las voces de los sin voz, de los desesperados, de los que tienen hambre y sed de justicia. Esas doce almas… lograron su libertad.

Ni Perdón Ni Olvido por nuestrxs doce hermanos, asesinados en la ‘Matanza de Corpus Cristi’.

Nosotrxs, lxs hijxs de la rebeldía —los que sobrevivimos— tenemos el deber moral de contar quiénes eran estxs jóvenes combatientes; hermosos, valientes, insurgentes, subversivos. Ellxs lucharon con toda la convicción y consecuencia, levantaron la metralleta por un Chile Libre de la tiranía.

Los que sobrevivimos para dar testimonio por aquellos que no lo hicieron que murieran en un centro de tortura, en la soledad de un sitio de ejecución.

Aquí estamos. ¡Nadie Está Olvidado Si La Rabia sigue intacta!

En la lucha que suma y sigue…
HVOM⚘

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