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Memoria. Identidad. Revolución

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Memoria. Identidad. Revolución

Querida familia, hermanos y amigos:

Acá estamos, a pesar de tantas vueltas de tiranos y falsas democracias encubridoras.

Acá nos juntamos, con la moral inquebrantable después de tantos asedios y luchas libradas por la libertad del pueblo.

Acá nos vemos, unos a otros, a pesar de los velos que intentan lanzar los falsos políticos para encubrir nuestras Revoluciones verdaderas, de la mano de obreros, campesinos, estudiantes y pobladores.

Acá nos sentamos, para recordar las acciones de Miguel, Bautista, Andrés, Sergio, Dagoberto y tantos otros que siguieron el sueño de la amada isla, que permanece erguida aun cuando el Imperio continúa difamándola.

Acá nos reunimos, porque aún tenemos mucho por hacer. Y es que la batalla contra la sumisión y el silencio está en su punto más álgido y hay un Pueblo que salvar del hambre, la miseria y la desigualdad.

Acá nos sentimos, todos, como uno solo. A pesar de tu media bandera negra y mis letras azules, tenemos el fondo rojo como la pasión revolucionaria y contornos blancos como las ideas de justicia social que tanto anhelamos.

Acá nos vinculamos en la idea de la Revolución y el pensamiento de los pueblos. Esos mismos pueblos que sienten el dolor de una represión feroz y tiránica, entregada por gobernantes bastardos que les declararon la guerra sin cuartel.

Acá nos pensamos, con la memoria de Fuenteovejuna y Corpus Christi. Con el anhelo de Neltume y Los Queñes. Con la razón de Miguel y Raúl. Y la verdad de Fidel.

Hace 56 años, un grupo de incansables revolucionarios hicieron ver que la política chilena de entonces no implicaba la alternativa a la justicia social que el Pueblo necesita. Para eso, era necesario derrocar el movimiento capitalista que ya se iba integrando en el país. Y lo lograron, al cabo de poco tiempo. Es que las esperanzas de los más necesitados se esfumaban una y otra vez cada vez que se depositaban en la izquierda equivocada.

Igual que en estos días. Nada ha cambiado.

Hoy, el Pueblo ha dado un claro mensaje: “No estamos en guerra”. La voluntad soberana se respeta, y eso nos pone consecuentemente en el lado de aquellxs que han perdido sus ojos, su libertad… o su vida. Lamentablemente, quienes van todos los viernes a la Plaza de la Dignidad desde octubre de 2019 confían solo en su rebeldía como instrumento para derrotar al sistema, ese mismo que se reconstruye infinitamente para mostrarnos que todo cambia, pero nada cambia.

Leí a cierta persona una vez, que dijo: “lo contrario al amor es el miedo, no el odio”. Por eso, no es de extrañar que acá estemos todos después de 56 años, amantes de la vida, la libertad y la justicia. Y que idealicemos el sueño de la Revolución para hacerlo realidad, aunque se nos vaya la vida en el intento. Amor y acción a raudales. Jamás miedo.

El MIR logró su cometido: durante 1000 días el Pueblo fue feliz. La Revolución estuvo al alcance de la mano de obreras y obreros, dueñas de casa, estudiantes, pensionadas y pensionados. Solo una mano, la más siniestra y que aún se siente en estos días, pudo aniquilar ese momento. Lo que no podrán acallar ni modificar es la consecuencia de este gran movimiento. Y en los rincones de todo el Chile proletario se espera La Bandera del movimiento.

No se confundan: no es mi bastón sino mi fusil. El mismo con el que defiendo mi vida y mi dignidad, así como lo hice antes por todo el Pueblo cuando juré en mi organización. Aun en las encrucijadas de mi vida, acá estoy. Acá estamos. Acá estaremos.

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