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¡¡No va más…!!

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¡¡No va más…!!

CUANDO el croupier de la ruleta del casino Monticello grita ‘¡no va más…!’ significa que la bolita ya está girando y a partir de ese momento no se reciben más apuestas, es decir, los jugadores dejan de poner sus fichas sobre los números que desean —fervientemente— sean bendecidos. Instantes después cae el número y, de igual forma que estuviéramos en Jerusalén, los jugadores parecen judíos frente al Muro de los Lamentos sufriendo por el dinero perdido pensando entre si… a la otra sí.

Lo mismo pasa con el bendito Plan Paso a Paso: me di cuenta que es una ruleta donde en la mesa estamos los chilenos, las autoridades son los jugadores y las medidas tomadas son fichas que se van moviendo de un lado a otro, esperando que esta vez sí la bolita caiga en el número premiado.

Esta semana llegó una nueva ronda de apuestas y los jugadores del Ministerio de Salud movieron las fichas nuevamente hacia las cuarentenas que curiosamente afectaron principalmente a las comunas del #Apruebo y dejaron fuera a las del #Rechazo. ¿Coincidencia? Esto, aunque es agotador y cansador se entiende; sin embargo, las fichas puestas en suspender los permisos de compras del fin de semana y retractarse de la apuesta unas cuantas horas después me hicieron decir, al igual que el croupier, ¡¡esto no va más!!

No va más esto de estar apostando con la salud física y mental de los chilenos. ¿A quién se le ocurrió poner fichas en una medida que a todas luces era una falta de respeto a los ciudadanos y una clara discriminación arbitraria hacia el comercio minorista?

Es una falta de respeto no conocer la realidad de miles de personas donde no llega la luz, el agua potable, el alcantarillado, donde a veces no entran ni carabineros y va llegar un inmigrante en moto a entregar un delivery… absurdo, deben comprar en los negocios que tienen cercanos o en las ferias libres.

Por otro lado, no sé si se han fijado que el Metro, las micros, las calles y las autopistas están repletas porque la gente ya salió a trabajar y como cualquier hijo de vecino te mandas —por lo bajo— una hora en transporte, por lo que no tienes tiempo de llegar a comprar al supermercado o ferias donde se accede muchas veces a precios más convenientes. ¿Han visto alguna reducción en movilidad pese a las cuarentenas ya vigentes? Muy poco, la verdad.

También es discriminatorio porque el pequeño comerciante, el negocio de barrio, el casero de la feria… debían cerrar los dos días de más venta de la semana para privilegiar a las grandes cadenas de supermercados —las mismas que pagan hasta en 180 días a las pymes— a vender esos días por sistema delivery sin olvidar que estas mismas cadenas funcionarán con trabajadores que en su mayoría provienen de comunas que estarán en cuarentena.

No va más, señores, estar haciendo experimentos sociales de los cuales deben retractarse al poco tiempo porque eso es improvisar y no hacer bien la pega.

No va más, señores, apostar con la salud de la población con las cuarentenas dinámicas que han sido un absoluto fracaso como estrategia para contener el virus y que las personas para trabajar se mueven por todas las comunas.

No va más, señores, argumentos tales como: ‘la gente está pidiendo muchos permisos entonces hay que restringirlos…’, pero si las personas están haciendo lo que se les pidió que hicieran.

No va más, esa horrible sensación que nos da este gobierno que pareciera siempre estar buscando el momento para meterle un gol a los ciudadanos y, si los pillan, se retractan sin pedir disculpas siquiera; por ejemplo, esa iniciativa de que si estás contagiado con Covid-19 y eres asintomático —o no te sientes tan mal— puedas renunciar a tu licencia médica para teletrabajar, lo que se puede prestar lamentablemente para abusos.

Cierro esta columna, escrita con bastante rabia, viendo cómo la líder alemana Angela Merkel pidió disculpas públicas a su país antes por implementar medidas equivocadas contra la pandemia y posteriormente las revocó. Qué bien y qué sano sería que nuestras autoridades reconocieran que se equivocan, que son humanos y que escuchan —al menos de vez en cuando— a las personas que gobiernan… eso al menos le gustaría al ciudadano común y corriente.

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