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Nunca pensé en coincidir con una momia

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Nunca pensé en coincidir con una momia

NUNCA PENSÉ QUE TENDRÍAMOS algún tipo de coincidencia con Patricia Maldonado; bueno, dicen que hay musas inspiradoras y esta sería como una masa que me inspira a compartir su decir tan claro sobre Sebastián Piñera. Discrepo en algunas partes —obviamente—, pero cuando plantea de que si este tipo se hubiese propuesto crear el debacle de la derecha jamás le habría resultado tan bien, refiriéndose a la línea de desgobierno que lleva este hombre desde La Moneda y —por si fuera poco— lo que no quiere entender Piñera es que será juzgado por la Historia como un cobarde, como un presidente que provoca vergüenza no sólo a los opositores como el que escribe, sino que también a sus partidarios, como la misma Maldonado y otras de esa cepa.

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En estos días vimos un desastre de la derecha como no habíamos tenido la oportunidad de disfrutar: se desmoronó el castillo, no solo por su presentación y deseo de estar en la Convención Constitucional —donde no superaron el 24 % de los escaños— sino que, además, por la cantidad de municipios que perdieron y por las Gobernaciones Regionales, ya que no lograron asegurar ninguna de las 13 regiones y para la segunda vuelta electoral del 13 de junio tan solo podrían asegurar una.

La contienda nunca fue desigual para la derecha: desplegaron camionadas de recursos y terminaron botando todo al tacho del desprecio ya que la ciudadanía —en su amplia mayoría— les desechó; hoy, tal como como la Concertación, son cadáveres políticos; no han muerto, por cierto, pero huelen todos a gladiolos y algunos, definitivamente, serán enterrados en el recuerdo para el olvido.

Aparecieron momias que salen de su sarcófago como la propia Martita Larraechea, que agresivamente sentencia a doña Yasna Provoste a que se vaya al Partido Comunista; bueno, son muestras de la desesperación por perder sus privilegios, como lo dijo hace no mucho Cecilia Morel. Por cierto, imagino que ella también está en un sarcófago, porque ya no se le ve en ninguna parte.

Hemos sido testigos en estos días de un desvestirse de muchos y caer máscaras a otros muchos, véase el papelón de la ex Concertación, de los cuchillos de Álvaro Elizalde y su posterior llanterío, haciéndose la víctima del maltrato sufrido por parte del Frente Amplio y del PC; este mismo señor que días antes —en una conducta matonesca— decía que no debían realizarse primarias presidenciales si la senadora Ximena Rincón iba como precandidata de la Democracia Cristiana. Elizalde, de un partido que nada le queda de socialista pero que sí tienen mucho de socios listos, ha marcado la nota de mala leche. Lo que no entiende el senador y sus socios es que aquí nadie humilla cuando expresa una postura. A la señora Paula Narváez se le invita a una primaria conjunta con el PC y el FA y llega con invitados de palo; con el partido recaudador de Soquimich, la idea era generar una primaria entre partidos afines y no buscar acomodos ni mantener los cuoteos, ya fuesen para la repartija de distritos o circunscripciones. Pero claro, los socialistas esto no lo desean así y llevan a la camarilla, no se les acepta y nace la pataleta de ellos mismos con la Narváez que marca nada en las encuestas, se sienten con un aura imaginario que les permite abalanzarse sobre quienes los invitan y desde la misma vereda sale el trasnochado Álvaro Elizalde —presidente del partido que le salvó el traste a Pinochet—, al parecer creen que uno no tiene clara la historia, cuando el actual senador José Miguel Insulza hacía todo los esfuerzos posibles por traerse al dictador para que —según él y sus secuaces— fuese juzgado en Chile; en ese momento, Insulza también coincidió —en forma y estilo— con la comadre del dictador, la Maldonado.

Hoy, la derecha y la ex Concertación dan pena; son de esos que se sienten dueños del poder, no comprenden que todo el espectro social cambió. Que el Chile de la calle —ese que despertó— en las urnas les demostró que no les quiere en lo absoluto; que se siente una ciudadanía traicionada, follada en muchos momentos, vilipendiada en otros tantos y que los más cercanos de la pseudo izquierda, al final, acomodaron sus trastes al sistema neoliberal y se olvidaron de sus principios, valores y por sobre todo su dignidad.

Como bien lo dice Gonzalo Matner: “el PS de hoy no es más que un sarcasmo irrespetuoso”. […] “¿Qué diría Salvador Allende de una dirección que cuenta en su seno con el jefe de gabinete de un alcalde acusado de delitos de corrupción y connivencia con condenados por narcotráfico? Por mucho menos Allende dividió, léase bien, dividió el Partido Socialista. Lo hizo en 1952, por negarse a apoyar al ex dictador Ibáñez. A una persona de principios inclaudicables y que está inscrito en la historia chilena y universal no se lo trajina así no más. Elizalde debiera, al menos, medir sus palabras y mantener un poco de decoro y de pudor”. Está claro que los militantes esto poco lo tienen asimilado, se sienten herederos de algo que ellos mismos han manoseado y hoy salen como los más llorones del grupito que conforma la ex Nueva Pillería.

Los tiempos han cambiado y claro que se puede hacer pactos de unidad, pero sin seguirse trampeando, sin mostrar mascaras y caretas a las que nos acustumbraron los partidos que conforman la ex Concertación.

Hemos iniciado un nuevo proceso con la conformación de más del 64% de una Convención Constitucional que viene del mundo de los independientes, de esos que se deben al ciudadano a pie, de los que estuvieron en la calle, en las plazas y decían que querían que el pueblo decidiera su destino; y no aquellos que acabamos de analizar, que han cocinado todo para mantener los cimientos de la dictadura neoliberal y que varios aún no la ven así, pero cuando tus libertades y tu democracia son tan tuteladas termina siendo una suerte de dictadura similar a la que vivimos en esa noche oscura, solo que acá nos matizaron todo y nos hicieron creer que éramos libres.

No soy futurólogo: es imposible saber que pasará en el transcurso de los meses y quién llegará a convertirse en presidente de Chile; pero de lo que sí tengo la certeza es que hoy nos libramos de una derecha perversa y de una seudo izquierda que, al final, estuvo más preocupada de cómo cuidar los intereses del empresariado que atender lo que le pedían sus electores y el pueblo que les confió el mandato por más de 20 años. El Chile que sigue lo construimos todos y esperemos que no nos durmamos, eso podría ser lo único que permita otra vez hacernos caer en la trampa…

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