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¡Todos mienten, menos yo!

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¡Todos mienten, menos yo!

Negación, gaslighting y soberbia se apoderan de la agenda, como si fuera un régimen totalitario cualquiera.

EL PRESTIGIOSO MEDIO The Washington Post publicó el 29 de marzo una columna de opinión de Yasna Mussa que causó revuelo en el país. La nota resuena con los mensajes de la comunidad científica sobre los desaciertos que el gobierno ha cometido y sigue cometiendo en el manejo de la pandemia. Triunfalismo, mala comunicación del riesgo y, en buen chileno, ‘cantar victoria antes de tiempo’.

Un día después, The New York Times publica una nota de Pascale Bonnefoy que, desde Santiago, en conjunto con un colega en Río de Janeiro describen la misma situación con otras palabras, resaltan hechos similares para denunciar el mismo fenómeno: El descontrol de la pandemia en Chile, a pesar de ser uno de los países donde más rápido avanza la vacunación. ¿De qué sirvió?

Ambas columnas apuntan a una autoridad de salud desconectada, incapaz de leer la situación crítica que afecta a la población, incapaz de minimizar las consecuencias, incapaz de comunicar el riesgo responsablemente a la ciudadanía, pero, sobre todo, incapaz de tomar las medidas adecuadas, a pesar de que los expertos ya por poco se las gritan en la cara.

Las cifras son catastróficas, aunque hayamos normalizado una realidad que dista mucho de ser normal. Los contagios ya se acercan a 8000 diarios, las muertes nos tocan de cerca a todos y amenazan con un desastre de proporciones todavía mayores. El sistema de salud está colapsado, no da abasto para recibir a los pacientes que día a día enferman.

Al 2 de abril de este año la página oficial del Minsal informa 23,524 casos totales, como si no existieran las casi 7000 personas fallecidas por enfermedades respiratorias, fallas multi sistémicas donde se sospecha de Covid-19, pero sin PCR. La pandemia ha cobrado la vida a cerca de 30 mil compatriotas y sabemos que los hospitales, las UCI y el personal de salud están, en la práctica, sobrepasados.

Primera línea frente a la pandemia

The Clinic publicó el jueves 1 de abril una entrevista de Claudia Álamo al médico intensivista Glenn Hernández. Es un testimonio desgarrador que nace de estar en la Primera Línea de ataque a esta pandemia. Su relato es comprometido con el sentir no sólo del sufrimiento físico de los afectados por Covid-19, sino también de la soledad que enfrentan a la hora de morir. Hernández no puede ocultar su frustración y la declara con vehemencia:

Todos los equipos de salud tenemos mucha rabia. Esta segunda crisis se pudo haber evitado. Los permisos de vacaciones; los viajes al extranjero, especialmente a Brasil, sabiendo el hervidero de nuevas variantes que hay allá… O sea, hubo muchas cosas que se pudieron hacer de otra manera. Yo soy médico. No soy político, pero aquí se hizo una apuesta que fracasó.

Dr. Glenn Hernández a The Clinic.

Es que este médico especialista en medicina intensiva, con 25 años de ejercicio, más de 60 publicaciones sobre falla multiorgánica, fue nombrado Maestro por la Sociedad Chilena de Medicina Intensiva (Sochimi) en 2019. Su opinión es importante y muy coincidente con los llamados del Colmed, incluyendo el desahogo de la Dra. Izkia Siches hace unos días. Creo que Hernández es una más de las voces expertas que el Gobierno no ha sido capaz de incorporar en su Mesa Social y traducir en medidas oportunas para frenar y evitar este tsunami en que se prevé que se transformará esta —otrora evitable—, segunda ola de Covid-19 en Chile. ¿Será la vacuna otro castillo de naipes que se derrumba?

El ataque es la mejor defensa

El ministro Enrique Paris se ha vuelto como Grumpy, el enanito gruñón de Blancanieves. Se ha hecho costumbre en sus vocerías reclamar, malhumorado, dolido, que la gente se burla de él, que recibe críticas injustas, que no se le permite resaltar lo bueno. Encara a los periodistas e incluso los acusa de mentirosos y de ponerse de acuerdo en atacar a Chile; sí, a The Washington Post y The New York Times. ¡Qué descaro!

La negación, la propaganda al régimen propia del totalitarismo, donde la autoridad central no admite discrepancias y premia a los zalameros, así sea que cometan errores que cuesten vidas. Es un descaro atacar a quienes se debe su labor de servicio ante todo, en vez de asumir la responsabilidad y enmendar rápidamente el rumbo.

Los expertos coinciden, el periodismo serio lo señala, el ciudadano común lo siente y lo vive en carne propia, la verdad se impone y se abre paso en un rotundo calificativo de la autoridad de salud: ¡Incompetente!

Los libros del Compin no están llenos de felicitaciones, la gente no va a socializar a los consultorios y las vacunas NO son una fórmula mágica para detener la pandemia. Este Ministro de Salud no lo hace bien. Sigue siendo necesario cortar la cadena de contagios, hacer TTA, cerrar las fronteras y tomar todos los resguardos necesarios ante la que promete ser la peor crisis de todos los tiempos, a nivel mundial, si no actuamos con firmeza y seriedad.

No hay que escuchar más las rabietas con que pretenden manipular la opinión pública, atacando a sus víctimas para no sufrir las consecuencias, sin siquiera dar explicaciones. No, a los incompetentes hay que removerlos de sus cargos. Hay personas más indicadas, íntegras y con vocación de servicio, como la Dra. Izkia Siches o el Dr. Glenn Hernández que SÍ habrían eliminado los permisos de vacaciones, cuando era oportuno.

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